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lunes, 11 de julio de 2016

El superhombre está podrido por dentro.



Hay quienes lo perciben al identificar mi muerte en la mirada.
No creo en nadie, no creo en nada.
Se me llenaron de vacío las ilusiones. Me abandonaron, o quizá,
yo las abandoné a ellas.
Sobre el cuándo, sólo sé, que percibí la angustia y el desasosiego al ser ya demasiado tarde para frenarlas. Habitaban en cada uno de mis respiros.
Respiros que ya no son respiros sino suspiros por cargar sobre el alma los kilos de mi cuerpo.
Los días pasan, se suceden uno tras otro, todos lo mismo, todos igual. Tirada en la cama, día y noche. Sin querer salir, sin querer hablar.
Ha caído en coma mi curiosidad, las ganas por luchar, la esperanza.
Mientras tanto siguen cayendo bombas en algún lugar.

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