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jueves, 14 de agosto de 2014

Y salté.

A veces estamos pero no somos.
Estamos en un lugar pero no nos permitimos ser parte de él porque nuestra cabeza está en otro. Como si tuviéramos los ojos abiertos pero la mente cerrada a todo.

Hubo un día en el que logré detener los pensamientos que otras veces no muy lejanas habían hecho ríos donde era fácil ahogarme, y observé.
Veía mar, veía vida. Veía todo lo que tenía delante y me sentía parte de aquello.
Desde siempre me han dicho que vivir en el presente debería ser la única opción, pero no fue hasta ese instante que la elegí. Supe en uno de los 3.000 parpadeos de ese día que no sólo había entrado luz en mi mirada, sino también en mi mente.

Pasó allí, dónde sólo estaba yo, el agua y los acantilados de olvido que hasta entonces no me había atrevido a saltar.

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