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lunes, 8 de diciembre de 2014

Las ciudades son frías.

Últimamente parece que se vive más para trabajar que para vivir. 
El propio hombre olvida que necesita naturaleza, paz y tiempo para coger aire fresco. Espirar estrés, inspirar vida.
¿Lo habéis notado? Somos una sociedad llena de personas que mayormente no aman lo que hacen. Que hacen lo que creen que deben hacer pero no lo que realmente les gustaría. Así normal que el mundo esté lleno de miradas vacías. Porque es un mundo dónde el trabajo es sólo una herramienta para tener algo con lo que poder llenarse la boca o para tener unas buenas vacaciones una semana al año. Y el resto de los 358 días, ¿qué?
Cada uno es libre de hacer lo que quiera con su vida. Conformarse o revelarse.
No, no me malinterpreten. Estudiar, conocer, saber, hay que hacerlo. Es más, la curiosidad lo sabe.
El trabajo es un gran invento, no digo que no. Hay que dedicarse a ello pero sin permitir que la mayor parte de nuestros días de vida estén cotizados en cosas que no nos hacen felices o que no nos dejan tiempo para serlo.
Debería preocuparnos que a estas alturas no sea extraño que alguien viva para trabajar. Y que el futuro pueda llegar a ser todo lo frío, vacío y pobre que el presente alerta.
Necesitamos verde, necesitamos espacio, necesitamos vivir por vivir, conocer por conocer, hacer por querer, trabajar más por vocación y menos por dinero.
Necesitamos cambiar nuestra forma de pensar.

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