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viernes, 2 de enero de 2015

Se lió, se le cruzaron los cables y tropezó.

Intentaba no pensar en nada mientras se creaba el duro silencio de la espera. -Pob-. 
El miedo se apoderó de ella en el instante previo a mirar la pantalla. -Pob-. 

No pudo evitar que se le pasara por la cabeza aquella sonrisa arrugada de su infancia. La que enfocaba su mirada desgastada en la de su tierna niña y se aclaraba la voz rasgada para decirle que la vida era como un ovillo de lana. Que la viviera y disfrutara todo lo que pudiera pero siempre con la precaución del que ya sabe que hay que tenerla. 

Durante la mayor parte de su vida pensó que seguía el hilo de todo aquello que le había dicho de la forma en la que hubiera querido que lo hiciera. 
Fue poco antes del momento en el que se encontraba cuando se dio cuenta de que en realidad el camino que había seguido la había llevado hasta no sabe qué lugar del Laberinto de Dédalo. 
Había unido lazos rápidamente con hombres con los que sabía que en tres segundos ya los estaría cortando. Jugó en la oscuridad más de lo recomendado creyendo que así alcanzaría la sabiduría del que sabe más por viejo que por diablo.
Se lió, se le cruzaron los cables y tropezó.
"Tierna niña, ¿donde te has metido?." -Pob-.

El agua del grifo seguía cayendo y sus nervios aumentando. -Pob-.

Volvió su mirada a la triste realidad. -Pob-.

Ya habían pasado 5 semanas.


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