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domingo, 25 de diciembre de 2016

Cuento del equívoco.

Vía: https://es.pinterest.com/pin/554435404109316705/

Un hombre se despierta en su cama tras una pesadilla en su subconsciente.

Pavorizado, aún siente como reales las fantasmatrocidades que le acechaban en el sueño.

Cinco minutos después de haber experimentado la catarsis producida por su realidad onírica, sigue cautivado por ella. Toma el café de la mañana y unta las tostadas, mientras, trata de recomponerla como volviendo a adentrarse en sus escenas, por entender así por qué, o por qué no.

En el telediario se anuncia una noticia de la cuál no atiende a escuchar más que "siglo XXI." Muerde una de esas jugosas bañadas en mantequilla, y observa atentamente a la laja tonta· -que viene a ser lo mismo que la caja tonta, pero menos gorda e igual --o más-- de idiota.-

En esto que se acaba una noticia sobre avance tecnológico y aparecen otras de muertes, hambruna y guerra, a las que le siguen los deportes. Ve pasar una sombra sinuosa.

Escupe las tostadas y sin quererlo -y sin importarle- derrama lo que queda del café. Empieza a correr por toda la casa; sube, refunfuña, baja, chilla, entra, sale, llora.

El temor y la congoja lo anulan por horas. Permanece tumbado en el sofá en posición fetal. Olvida ir al trabajo. Olvida comer. Ruega despertar.

La sombra parece observarle pero al alzar la vista, no está.

Decide, en un arrebato de repentina valentía, atravesar el salón e ir a la cocina.
Nada parece atacarle en la travesía.

Más sereno, toma el teléfono y marca el 112.

La señorita que le atiende al otro lado de la línea no entiende nada, él tampoco.

-Le digo que se han equivocado, que ha habido un error y que estamos pagando a conciencia.

La señorita, patidifusa, aguarda en silencio una explicación canalizadora del sinsentido que venía contándole el señor. Pero empieza a perder los nervios como las madres de los críos que al romper algo lloran, patalean... y en fin, tratan de convencerla tanto que terminan creyéndose sus propias historias fantásticas.

-No cuelgue, no cuelgue. ¡Escuche! 


Verá, este no es, para nada el siglo que dicen que es... Estamos viviendo en otra época, seguimos atrás, muy atrás. ¿No se ha dado cuenta...? En el telediario, en las gentes y sus actitudes; la comida que se desperdicia, las toneladas de residuos que se acumulan por capricho, el hambre que mata, la indiferencia, y lo caro que es comprar productos biodegradables -qué a saber si lo son realmente- ¿No se ha percatado en todo eso a lo que aún no se le ha puesto remedio?



Dígame, si no es usted, ¿con quien podría hablar para que este asunto se corrigiese? 



No cuelgue, NO CUELGUE. PIÉNSELO. No es justo que nos hagan vivir en la comodidad de un tiempo ajeno al nuestro, cuando está todo tan por hacer. 



La señorita se despierta en su cama tras una pesadilla en su subconsciente.

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