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miércoles, 12 de abril de 2017

Razones para viajar. -A pocas horas de partir.-



Artwork by Tibor Nagy.



Hay un tipo de suceso nimio en apariencia pero maravilloso en esencia que se da de cuando en cuando -lo más probable es que este ocurriendo en este mismo instante en miles de lugares-. Acontece, sobre todo, en estaciones de tren, de autobuses, aeropuertos, o ciudades que no se han pisado antes. Para que se de, hacen falta dos viajeros solitarios. Estos no tienen porque ser de la misma edad, ni del mismo sexo, ni ser camaradas. Basta con que estén en el mismo espacio-tiempo. Tampoco importa la razón que los haya llevado hasta allí. Lo crucial es su repentino encuentro. Suele darse cuando uno y uno suman dos para ayudarse en el camino. De repente, en busca de la puerta de salida correcta, en el cargar las pesadas maletas, en el mirar el mapa, poner caras extrañas y desconocer las rutas. Ahí, aparece uno, u el otro, y se forma el equipo.

Recuerdo dos de esas veces. Una en una estación de tren y otra en un aeropuerto. De la primera, recuerdo, sobre todo, el momento en el que tras haber conseguido encontrar la salida correspondiente y echarse a andar, de pronto, a medio camino, se gira, me busca, y alzando amigablemente su palma se despide para siempre.

Artwork by Alexey Kondakov (Napoli-Project)
En la otra ocasión, andaba falta de manos para tanto equipaje. Sudaba en exceso por el peso de las maletas. Algunos aparecieron de la nada y me ayudaron a bajar las cosas y luego a subirlas para posteriormente desaparecer entre la fugacidad de las callejuelas del metro.
Una vez en el aeropuerto, apareció /o aparecí/, /o aparecimos/. Le guié hasta el control y una vez allí me ofreció su ayuda con todos los trastos. Luego, cuando acabó ese caos frenético de quitarse cosas, colocar otras y descalzarse -y volver a calzarse-, acordamos continuar como equipo el resto del trayecto. Hicimos tiempo hablando, tanto que al final el tiempo nos hizo a nosotros y casi perdimos su noción. Al llegar a nuestro destino se despidió con un abrazo. 

Y por esos pequeños detalles, por esas personas que están en esos lugares y que aparecen de la nada para aportar granitos de arena. Por eso, por eso dan ganas.









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