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viernes, 19 de septiembre de 2014

Habitar sólo en hogares.


Tienes que marcharte lejos de tu hogar para entender lo que significa tener uno.
No, hogar no es sinónimo de casa. Casas hay muchas, miles. Llenas, vacías. Rosas, verdes, amarillas. ¿Mis favoritas? las blancas con vanos azules.  
Sin embargo el hogar no se encuentra en todas partes. En casi ninguna. El hogar es calor, es comodidad. Son risas e intimidad. El hogar es confianza, recuerdos y silencios agradables.  Es el poder ser tú mismo sin temor a que nadie te diga nada por serlo. El hogar son las personas. Las que quieres, las que te han hecho o te hacen ser quien eres. Ohana. La casa es dónde se hábita y el hogar dónde se vive.
Y cuando te despides de esos seres y te vas, quizá, en busca de otros hogares, no sólo lo haces sabiendo lo difícil que será encontrarlos, sino sabiendo también que si vuelves a los que dejas, ya no serán los mismos. Una casa también cambia, pero no tanto ni tan rápido. Y dirás que raramente notas que las cosas de tu vida cambien, y te diré que todo cambia y sigue igual cuando no te marchas de un lugar. Pero si lo haces y vuelves, lo notas. Notas los cambios, notas la desigualdad. Las personas cambian, todo cambia. Porque el cambio es la esencia de la vida. Lo bueno es que aunque todos esos hogares cambien, nunca olvidan. 

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