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sábado, 31 de mayo de 2014

De ríos incontrolables.

A veces sencillamente pasa. Se te mete una tristeza afilada en los ojos y pincha las balsas de todo lo que en ellos retenías. 
Algunos te llamarán débil en voz baja, otros te abrazarán fuerte sin entender que te pasa.
Los tontos te preguntarán sobre lo que te ha hecho perder el equilibrio, como si no supieran que cuestionartelo hace que te tambalees aún más. 
Los inteligentes son esos que tan solo abrazan. Pero sin abrasarte a preguntas. Sí, es probable que se limiten ante la duda del no saber que decir, o el miedo a como pueda sonar cualquier cosa que salga de sus bocas, pero de cualquier forma, aciertan. 
Pasa que en esos segundos o minutos tan sólo deberían existir abrazos. Porque no hay nada como que te hagan sentir que hay un hombro dónde poder sostenerte cuando ni tu mismo puedes. O algo así.
Y vale, llorar puede que sea de gente frágil pero, ¿y que hay de cuando estás haciéndote un río delante de todos, casi sin poder evitarlo, y te da por reírte de ti mismo? 
Así, con las penas al aire y las heridas abiertas al público, como diciendo "yo también soy humano, lloro y me rio de mí por hacerlo", ¿es que no saben que es así como uno entiende para sí que es más fuerte de lo que pensaba?
Al final hasta parecerá que agradeces los golpes y los palos de la vida, por hacerte ser como eres.

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