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domingo, 1 de junio de 2014

Ni juntos, ni revueltos.


Otra vez tú golpeándome la puerta.

Dicen que volver y volver, es revolver
y yo he estado revuelta en tu vida demasiado tiempo.

Quizás tanto que olvidé lo que realmente significaba amar,
y no digo querer, que suena a todo lo que egoísta que has sido
sino amar, que retumba en cualquier oído como un suspiro de algo más.

De tanto en tanto rebuscando lo que diera validez 
a unos te quiero que no salían de mi boca.
Hasta llegué a rebuscar en la basura de todo lo que hacías
pero allí nunca encontraba nada por lo que valiera mancharme los intentos,
solo habían restos putrefactos de lo que alguna vez pudo haber sido
de haber sido otros.

No te rías más de los demonios que hemos engendrado,
a fin de cuentas, son fruto de todo lo que juntos pasamos.
Tampoco pidas que te deje echarte en mi hombro
ni me digas entre ruinas que todo saldrá bien. 
Demasiado tarde para arrepentirte de nuestros males.
Muchas ausencias que ya resultan irremediables,
demasiados viernes y sábados a solas, con la soledad.

No, gracias, puedes quedarte con los bombones caducados y el vino de tu abuelo
que no se entere que se lo has robado, aunque ya no esté.
Ni se te ocurra pedirme que haga de ti esperanzas una vez más 
porque quizá no sepas pero la confianza es algo más que un "confía en mi"
cuando todos los hechos están desordenados
y todas las palabras tan huecas que me hacen eco.

Ya asimilé que no volveríamos a estar juntos, 
ni tan si quiera a estar revueltos entre sábanas en horas que fluyen con rapidez.
Todas las cosas que nos atreviamos a hacernos y que nunca les contamos,
ya son parte del pasado.

Puedes irte por dónde has venido
pero esta vez, para no volver.

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