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jueves, 15 de septiembre de 2016

— Aspirar, exhalar - observar, expresar.

Obra por Fernando Vicente.
A quien voy a mentirle, a mí lo que me gusta -de verdad, con todas mis ganas, a rabiar- es escribir. Soltar, modelar, jugar, expresar los sentimientos, las situaciones, la vida. 
Hacerlo, sin embargo, es como saltar desde el edén de la comodidad hacía el abismo que es uno mismo. 
Ya lo he dicho, ya lo volveré a decir -pero la próxima vez en alto-: es cuando escribo que siento, para bien, para mal, quien soy. No cuando hablo con otros y todo terminan siendo palabras por decir y sensaciones que no se dijeron, no cuando bailo, ni cuando me encierro en mi mundo por horas para crear obra plástica. Esto, este ratito de poder desahogar todo lo que callo, así, sin miedos, sin interrupciones ni personas ni situaciones que lo deriven de un extremo al opuesto, esto es para mi la verdadera libertad. Esto y no otra cosa. Esta es mi verdadera razón de ser, y quizá por eso mismo es también una de las cosas que más me cueste hacer. Porque, ¿para qué engañarnos? decirse a sí mismo, al prójimo, y a todo aquel que quiera poner la oreja y escuchar, lo que uno es y siente auténticamente, nunca fue fácil.

domingo, 27 de marzo de 2016

Lo que la resiliencia dejó.

Obra de arte de Fernando Vicente.
 Hay una sensación
que se apodera de mí

qué sin ser aire
me mueve
a hacer lo que no imaginé
hasta entonces.

No importa si son las 3 de la tarde
o las 4 de la mañana.
Si estoy en casa
o embuchada en el metro.

Parecida a la inspiración,
pero distinta.
Una bomba que explota,
una bonita necesidad

un río que se lleva
la pena, la ira 
y su desenfado,

algo cargado de razones
que ni yo sé.

jueves, 14 de enero de 2016

A los que vinieron para irse y volvieron para no quedarse.

Obra de arte por Fernando Vicente.

Lo notas. 
Me clavas la mirada y la rehuyo.
Quisiera hacerlo de otra manera. Poder mirarte con la normalidad con la que tú lo haces.
Preguntarte: ¿qué tal?
No bajar el tono de la voz cuando respondo al preguntarlo tú.
Ni buscar la salida de cada habitación en la que entras.
Ojalá pudiera quedarme, como me quede ayer entre tus brazos.
Parecíamos complicidad. Pero eramos mentira. 
No te conozco. No me conoces.
No te pido que me entiendas. Ni si quiera quiero que lo hagas. Solo quiero que sepas que nunca has sido tú, ni la situación.
Lo que en realidad fue, fui yo. Mi miedo a volver a mirarnos después de esa noche, y saber que ya no sería igual. Que al observar mis pupilas también recordarías la persona que fui y que fuiste. Quien los tabús no nos dejan ser.
He sido tuya. Has sido mío. No somos nada.
Quizá tú sí estés preparado para encontrarte con esa misma mirada y no sentirte vestidamente desnudo. Quizá tú sí puedas vivir con ello. No soy como ellas,  no esperes que yo haga lo mismo. No pretendas que actúe como si no hubiera pasado nada.
No, no pretendas que actúe.

El Juguete del Viento - Un post melancólico

Al ver la imagen volé a otro lugar. Uno que había olvidado transitar y al que dicen que uno no puede regresar. Pero no es cierto. Uno puede,...