-

-
Mostrando entradas con la etiqueta conciencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta conciencia. Mostrar todas las entradas

domingo, 27 de agosto de 2023

Ex-presar, pero no de cualquier forma. - Un ejercicio de vida -


 · Ex-presar ·
Sacar fuera

A priori el ejercicio parece sencillo
Pero las palabras también pueden
Tejer una maraña de confusion
Sin apenas uno darse cuenta
Es parte de la función
Fusión
Qué tragedia,
Qué tragicomedia
Qué maravilla
La magia que las habita
A las palabras, a nosotros, a la vida
Son conjuros
Hechizos que se lanzan
Como avisa la tradición tolteca 
cuida lo que sale de tu boca
no manifiestes cualquier cosa
ni de cualquier forma: cuida el tono
no supongas
ni te creas todo lo que piensas
ponte en duda a ti mismo
pero sin creer a cualquiera
No te tomes nada personal
haz siempre lo máximo que puedas.


Libro recomendado: Los cuatro acuerdos 
de Miguel Ruiz

lunes, 19 de junio de 2017

Escrito en la deriva. -abril-

Imagen de Duane Michals

Esta tormenta fúnebre que se identifica hasta con el trueno de mis pesares,
y su mar que no cesa como mi pena cayendo por el desagüe de lo que ni la merece.
Pues ya ni son, ni serán, más que pesadillas en mi cabeza.

No hay rincón externo ni interno por el que el frío no me absorba.
La única luz que alcanzo a ver, es la que me parte.

Noches en las que retumban mis pensamientos, y me chillan acorralándome:
¿acabará pronto? ¿acabará ya? ¿acabará?

Y no deja de llover, y muero congelada. Y los días siguen pasando,
y no para.

viernes, 19 de febrero de 2016

Pálpitos desesperados.

Uno de mis bocetos desesperados.
El ruido de los coches trompeteando junto al sonido suplicador de los teléfonos. Los sustentan mientras pasan en todas las direcciones, chocándose una y otra vez con mis desarmados hombros.
Las luces de los semáforos y tiendas. O la mujer que está tirada a las puertas de una de esas, acompañada por un cartón que enuncia.
Suenan miles de músicas, procedentes desde no sé dónde, convertidas en bulla. Pálpitos desesperados.
Siguen tropezándome personas. El ambiente me ciega y se me apaga la razón.
Inconsciente de mí, empiezo a caminar hacía cualquier lugar. Buscando vacío, olvido guiarme hacía el destino al que desearía llegar. Doy la vuelta. Este coche podría haberme atropellado hace un segundo, pero ni si quiera el retumbo de su estrepitoso claxon intentando alarmarme ha conseguido despertarme. Sumergida en alguna parte de mí que no está presente dónde debiera, sigo andando.
El camino que a la ida supuso 30 minutos de recorrido, lo he hecho ahora en 10. Al parecer, ya he empezado a atravesar los suburbios. A pesar de estar alejándome del caos, este sigue retumbando en mi cabeza. Saco llaves, abro puertas. Me precipito a encender la calma. John Lee Hocker inunda mis oídos. Empiezo a sentirme retornar. Parece, al menos por unos bellos instantes, que el frenético mundo se ha dignado a callar.


El Juguete del Viento - Un post melancólico

Al ver la imagen volé a otro lugar. Uno que había olvidado transitar y al que dicen que uno no puede regresar. Pero no es cierto. Uno puede,...