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martes, 19 de agosto de 2025

Aura aún dormida - {abril o mayor, 2025}

 Still lives — une nuit ensoleillée by Myriam Wares

Aura le miró 

con el Atlántico apunto de rebosar

de sus mundos manchados de pena 

con la voz aún entre cortada
y sus labios rotos por el frío de dentro, 
lo miró fijo por segundos
sintiendo eternidades de vidas pasadas
olvidadas en los vaivenes del destino.

Tímida, chiquitita
pero llena de un coraje
que rompe desvaríos
apenas perceptible el susurro, dijo:

🍃
Amor mío, solo te pido
que no te mientas
que no sigas por seguir
que si quieres de otro sitio
no vengas
vete
déjame libre
libre para quién sí quiera venir.

{En un sepulcro hubo más ruido
más movimiento
más vida
que en los instantes siguientes}.

No dijo nada más. 
Más tarde, en su diario de niña que 
ha dejado de serlo
escribe:

¿Cuando aprenderé a que me duela 
lo importante
más que eso a lo que llamamos "amor"?

Mi futuro, que es una nube gris 
tras la que no alcanzo a ver

o el hambre de cariño 
de las vecinas que viven solas
y llevan carritos de la compra 
de la casa a la plaza
para no caer en el camino.

¿Cuándo, Aura? ¿Cuándo aprenderás
que lo importante eres tú, dar amor a la vida
y no cegarte por nadie más?

Siempre me digo que voy a centrarme en mí, 

pero cuando apenas empiezo a confiar en eso y 
dar los pasos...
aparece alguien, 
alguien 

otra vez. 
Y me distraigo, 
me dejo en un lugar que no recuerdo
y así pasa 

que no me encuentro.

¿Dónde estoy? 
Me digo cada vez que salgo de alguna de esas historias.
Llegan de pronto, suceden y cesan 
sin aún entenderlas del todo. 
Al poco viene otra y vuelve a repetirse el ciclo. 
🍃

Suena Norah Jones mientras le llora al universo infinito que imagina en el techo de su habitación.

Aura 
ahora 
duerme.

jueves, 10 de octubre de 2019

Road to nowhere. -Cartas a Matilda.-

http://www.ericdrigny.com/

Eres tan tú ante mí que lo siento como un insulto. El problema será mío, por juzgar en ti lo que también hago cuando nadie mira. ¿O es acaso una muestra de respeto no mostrarlo ante el otro? O una muestra de hipocresía. En cualquier caso, tu naturalidad, tu espontaneidad infantil sin normas, tu despreocupación de la imagen que los otros se forjen de ti, me aterroriza terriblemente. Tanto es así que huyo. Sí, me voy. Esta es la carta de despedida que leerás cuando despiertes y no haya nadie. He dejado café preparado, quizá lo estés tomando ahora. ¡Qué paradoja! Yo que pensaba que no era el atuendo ni las manos lo que miraba en alguien, quién fuere. No soporto el hedor, y me duele escribir esto. A ti, que mente tan racional y cultivada muestras. Puede que esté siendo injusto y superficial. Entiendo tu sorpresa y créeme que comparto tu decepción y tristeza. También a mí me duele ser así. Aspirando a imposibles, persiguiendo lo que no llega, despreciando lo que sí. No soy capaz de valorar lo bueno que hay en ti, aunque esto sea inmenso. Creo, con honestidad, que da igual como seas. En el hígado y en la epidermis, a mí no me valdría. No me valgo ni yo. Aspiro a la muerte, y lo demás me parece accesorio. El amor me fascina cuando no me toca. Como Pessoa, sueño que amo y es este amor el que siento como verdadero. Te acercaste demasiado y se desvaneció. Lo siento. ¿Qué siento, Matilda? El dolor de un alma que ama la vida pero no puede corresponderla. Aunque sea duro y asqueroso por escribirte esto, es para mí un hecho que seguiré amándote en la distancia. Incluso, es probable que así te ame más. Cuánto menos te palpe y menos te sienta. Podré soñar que te veo como se imagina uno paseando por París o visitando Barcelona. Ya sabes a lo que me refiero; la magia se rompe cuando aterrizas; el bullicio, la muchedumbre, la prisa, el ruido... el ruido. Me generas ruido, Matilda. Sé que no lo haces a mal, que es tu manera de amar. Puede que sea humano y sano amar así. El corazón se me enreda en la garganta cuando un otro entra con la intención de quedarse. Necesito aire. No. no estoy del todo seguro de lo que necesito. Pero me asfixian tus brazos.
Ya sé que vas a odiarme. Al menos estos meses hasta que asimiles que soy un capullo bohemio que ni te merece. No voy a dejar de escribirte. Me odiarás más. No lo hago por hacerte rabiar. De verdad. No hace falta que leas mi correspondencia. Puedes apilar las cartas en alguno de los estantes del estudio y reírte de mí cuando estés preparada. Es extraño, pero cuando te escribo me libero de la sensación de sentir el peso de mi cuerpo. Quizá ni si quiera te deje esta carta. Quizá me vaya sin avisar. Pero seguiré escribiéndote aunque no sepas de mí. Soy honesto cuando te escribo y las palabras vuelan,

Cuídate, niñita. 

miércoles, 26 de junio de 2019

No lo mencionaremos. (2018)

Nos encontraremos a las 11:00 en el pub del piano y el tabaco. Nos veremos dentro, en la mesa de la esquina dónde todo lo que se observa pasa tan desapercibido como quienes allí se sientan. Si te preguntan -si me preguntan- diremos que vamos, que estamos, que estuvimos soñando toda la noche, en la cama dónde siempre no pasa nada. Después de tomar dos copas de vino cada uno, de haberte fumado tu puro y saborear la alegría de la huerta. Después. Después de estarnos perdiendo la vergüenza, de hablarnos con franqueza y de  destaparnos las enaguas de las apariencias. Cuando tú seas tú y yo sea yo, nos iremos a bailar las penas. Te acercarás a mis caderas, bromearás con ellas. Una cosa nos llevará a la otra y luego estaremos en la habitación x de un hostal cualquiera. Escuchándonos los silencios, ahondando en ellos, besándolos. Sin necesidad de darnos esperanza, sin necesidad de engañarnos, sin ropa. No te pediré que me beses las heridas, ni lameré las tuyas, porque para entonces ya olvidaremos tenerlas. Cómo si toda una vida acabara de nacer en ese momento y no existiera nada más que la esencia de ese instante. Cómo si no fuéramos tú, ni yo, ni nosotros, cómo si  el universo concentrado en esas cuatro paredes, en esos 5 segundos, en el clímax.
Luego lloraremos de alegría. De vivir en lo surrealista y de permitirnos sentir la vida un ratito. Luego. Luego tus manos sujetando las mías en la bañera. Luego recogeremos el desorden del frenesí. Acordaremos acompañarnos hasta la puerta y una vez allí tomaremos andares diferentes por sentidos opuestos. Tú te irás a la izquierda y yo torceré a la derecha.







Amantes
Sueño
Realidad
¿Qué será?
Si la vida es sueño 
y los sueños
sueños son
Lo que pasó
Lo que no pasó
Amor
Mentira
Romance
Indiferencia
Pasión
Sueño
¿Qué fue? 
¿Fue?

miércoles, 11 de abril de 2018

Sí, soy yo, cualquiera. /About Lady Bird/






Empezaré comentando el final.

La pantalla en negro. Una sensación; la de que la película debería continuar. Dura unos segundos en los que el espectador promedio -entre los que me incluyo- se queda absorto en la negrura del rectángulo. Uno aguarda con difusa esperanza hasta que se hace irremediable que aparezcan los créditos y se confirme la desolación.

Surge una vieja cuestión:

¿Por qué?

A la respuesta acuden, en primer lugar, algunas de las imágenes que han transitado por nuestra retina durante los 95 minutos de película.

Aquellos, los que han salido del hogar siendo niños y han vuelto como adultos. Aquellos, nosotros, los que por elección propia nos hemos distanciado de lo que hemos sido y de los que nos han conformado. Nosotros. Sí, nosotros, los que hemos elegido ser huérfanos a miles de kilómetros de distancia de casa. Sí, hemos vuelto, tarde o temprano, momentánamente, para, en el acto, continuar comprobando que la vida es cambio -aunque lo camufle el día a día.-


Y sabemos valorar de dónde venimos porque una vez lo olvidamos. Y al recordar, y al regresar, juramos no volver a fallarnos.

Todo aquel de fibra melancólica que se halla ante el resplandor de la pantalla y que se encuentre en tal situación tendrá tendencia a llorar. Comenzará,  de modo inevitable y genuino, a hacerlo.

Los créditos aún no han acabado.  Y hasta se desea que no lo hagan. Que no se enciendan las luces,
que nadie se vaya. Que ese momento de consciencia plena a solas en la oscuridad acompañado de desconocidos siga sucediéndose junto al transitar de los nombres y las lágrimas.

¡Ah! ¡Habrá pobre alma desconsolada identificada con lo que aquí se describe! En esto, esta se sentirá como si la película le transitara el cuerpo; y su llanto y sus memorias y,  hasta ese instante tan íntimo fueran parte del film, como si una cámara lo estuviese grabando y reproduciendo en otra sala de cine. Este ser que en estado nostálgico se halle, se levantará al prenderse las luces. Saldrá veloz de la sala, apenas disimulando los ojos a rebosar, mezclándose entre el resto de espectadores que ahora dejan de serlo para volver a su papel de transeúntes. Él también lo será, y volverá, y está volviendo andando a casa sin poder quitarse de encima la sensación de sí mismo. El llanto profundo como el de un niño durante los 45 minutos de trayecto. La madrugada, el frío, el frío. Más desconocidos. Las noches solitarias repletas de cólicos en el hospital, el frío, el frío, la ausencia de.

De nuevo el día a día, el despiste, el olvido, la evasión en lo cotidiano que ciega.
Pero en lo hondo del alma, la verdad que se acalla y oculta en los quehaceres.

Y los teléfonos, y los mensajes, y las palabras que apenas se pronunciaron,
a los que hemos sido, a los que siempre volvemos
brotan.


Sí, soy yo,
cualquiera.









sábado, 30 de abril de 2016

El caprichoso miedo.

David, Miguel Ángel Buonarroti.
Hay un viejo proverbio chino que dice que si no pruebas a besarla, 
nunca sabrás si te hubiera hecho la cobra 
o si por el contrario os hubierais fundido hasta la nuca.

Bueno, vale, quizá no haya ningún proverbio chino, 
pero si no lo hay es porque es tan obvio que, ¡joder! 
¿cómo carajo vas a quedarte con las ganas? ¡Bésala!

No me mires así. 

De nada valen todas esas ganas si las reprimes. 
Si están ahí, en algún parte de ti, haciéndote bulla, será por algo. 
Será por ejemplo porque quieren ser libres. 

Déjalas fluir sin torturarte pensando si sí o si no, o sobre el qué pasara. 
Eso tan sólo es basura que te hace no vivir la vida que quisieras. 
No ser, por tanto, quien realmente eres. 

No esperes sentado a que las cosas sucedan por sí solas, 
porque no sucederán. 
Hazlo, haz magia. 
Y si sale mal, di que aprendiste. 
Porque aprenderás. Así que venga, levántate, ve tras ella. 

Y cuando lo hayas hecho, 
vuelve para contarme como venciste el caprichoso miedo.



lunes, 25 de mayo de 2015

La solución nunca debió ser aquella.

When I'm lying in his arms, I'll be thinking about you.
Even when he smiles, I'll be thinking about you.

Vía: https://es.pinterest.com/pin/436567757597985639/
No sé como, pero cuando quise darme cuenta ya estaba a mí lado, en mi cama. Acariciándome las curvas sin frenos, intentando descarrilarse por ellas, como anhelando creer que sus manos aquella noche eran mis dueñas. 

Ocurrió unas cuantas veces más, en otras tantas manos distintas a esas. Pero todas muy iguales, todas muy frías. 
No fue ahí cuando empecé a odiar las citas, fue poco antes de que se sucedieran todas esas incómodas escenas de camas llenas y vacíos emocionales.

Estamos en el centro de la cama. Acarician mis caderas. Sonrío. Sonríen conmigo, y en todos ellos veo tu sonrisa. En lo que buscan la cumbre de mis senos, siento el calor ajeno aproximarse a mis labios inertes. Me besan y percibo que no saben como sabías tú. Ya no estoy en el centro, sino en el filo, apunto de caer y cortarme. Amargamente lo admito. Amargamente me doy cuenta de que la ansiedad vuelve. Amargamente digo: basta.

Tantas inocentes formas de intentar cabalgar por el camino al séptimo cielo. Tantas risas que me producía aquel falso candor.
Es cierto que por unos instantes sentía que aquellas manos extrañas calmaban mi ansiedad. O que podrían llegar a hacerme sentir algo más que la ternura con la que les besaba la frente. Pero luego les miraba a todos ellos y me daba cuenta de que jamás podría. No me conocían, no les conocía y tampoco quería conocerles ni que lo hicieran. Ya lo sabía. Lo había sabido desde el momento exacto en el que también supe que debía echarles de mi cama. Ninguno de ellos eras tú, y sin embargo, en todos ellos te buscaba. 




viernes, 2 de enero de 2015

Se lió, se le cruzaron los cables y tropezó.

Intentaba no pensar en nada mientras se creaba el duro silencio de la espera. -Pob-. 
El miedo se apoderó de ella en el instante previo a mirar la pantalla. -Pob-. 

No pudo evitar que se le pasara por la cabeza aquella sonrisa arrugada de su infancia. La que enfocaba su mirada desgastada en la de su tierna niña y se aclaraba la voz rasgada para decirle que la vida era como un ovillo de lana. Que la viviera y disfrutara todo lo que pudiera pero siempre con la precaución del que ya sabe que hay que tenerla. 

Durante la mayor parte de su vida pensó que seguía el hilo de todo aquello que le había dicho de la forma en la que hubiera querido que lo hiciera. 
Fue poco antes del momento en el que se encontraba cuando se dio cuenta de que en realidad el camino que había seguido la había llevado hasta no sabe qué lugar del Laberinto de Dédalo. 
Había unido lazos rápidamente con hombres con los que sabía que en tres segundos ya los estaría cortando. Jugó en la oscuridad más de lo recomendado creyendo que así alcanzaría la sabiduría del que sabe más por viejo que por diablo.
Se lió, se le cruzaron los cables y tropezó.
"Tierna niña, ¿donde te has metido?." -Pob-.

El agua del grifo seguía cayendo y sus nervios aumentando. -Pob-.

Volvió su mirada a la triste realidad. -Pob-.

Ya habían pasado 5 semanas.


El Juguete del Viento - Un post melancólico

Al ver la imagen volé a otro lugar. Uno que había olvidado transitar y al que dicen que uno no puede regresar. Pero no es cierto. Uno puede,...