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miércoles, 24 de junio de 2015

No hay marcha atrás.

Vía: https://www.pinterest.com
Le reté a que me disparara las verdades       
y lo hizo. Y yo lo hice con él.
Nos desangramos de pena.
Desde entonces nada volvió a ser
lo que hasta ese momento había sido.
Sabíamos que más temprano que tarde
nos rajaríamos las heridas, y de aquel allí
que era cualquier sitio 
dónde estuviéramos los dos, juntos.
Ya no nos mirábamos igual.
Los besos sabían tan distintos.
Ni si quiera nos respetábamos 
con la inocencia de aquel primer día.
Todo lo que antes eran posibilidades,
ahora parecían complicaciones.
Habíamos matado el amor que nos unía.
Y lloró. Y lloré. Y lloramos juntos su duelo,
por culpa del nuestro.
Sabíamos que todo aquello suponía el fin,
no por lo duramente sinceros que fuimos
sino por habernos dado cuenta 
de que todo lo que nos quedaba
eran tristes comparaciones.


lunes, 25 de mayo de 2015

Toda vía.


Suena Winning a battle, losing the war. 
Me hace volver a ese punto de cada día en el que te recuerdo. 
La verdad es que aunque intente no pensarlo, todavía.

Todavía estoy tratando de olvidarte.
Todavía intento hacerme a la idea de que lo poco que conservo de ti, 
será lo único que tenga hasta el día que muera.
Todavía trato de perdonarme que me odies.
Sí, todavía.

Hace tanto que perdí el tren, que cerró la estación. 
Y aún sigo allí intentando pensar que aún queda alguna vía 
que me lleve hasta ti.
Pero la realidad es que toda vía quedó destruida.
Y sin embargo, todavía te escribo como si algún día me fueras a leer.


jueves, 15 de enero de 2015

Algo así.


Uno no sabe lo que es el amor hasta que se da cuenta de que no puede huir de él, como ha podido huir de otros tantos. Que no puede desviar la cabeza para quitarle los ojos de encima. Ni encontrar firmeza en ningún hecho que le de por hecho que debe alejarse de él. Como imanes opuestos. Rebuscando ideas dulces que decir, que de haber sido dichas para otras miradas le hubieran resultado empalagosas. Caminando por las calles de la mano del desenfado que produce estar enamorado. Siendo quizás un poco ignorantes con todo lo que pasa alrededor, por estar ocupados en una voz. Y en escuchar música en ella. Dedicarle los domingos de manta y película, los mejores abrazos, los besos más tiernos. Y ya no es otra cosa que encontrar el paraíso en la tierra, en unos labios. Y querer tan sólo besar a la persona que se tiene delante, y no a otra.

martes, 18 de noviembre de 2014

Demasiado olvido almacenado en mi pecho.

Era noviembre y era el fin. Incontables días antes de aquel, había percibido que era cierto aquello de que las historias con finales felices eran historias sin acabar. Y que la nuestra también acabaría. 
Después de haber vivido momentos que nos habían impregnado de una felicidad que parecía eterna, nos llegó la parte del cuento que nunca se cuenta.
Rompieron las olas y nuestros reproches. Los gritos inundaron todo lo que alguna vez nos habíamos esforzado en construir. La rabia deshizo nuestros castillos de arena. 
Me gustaría llegar a comprender como el ser humano es capaz de sentir tanto odio y tanto amor a la vez. A veces pienso que era fruto de saber que nuestras diferencias nunca nos permitirían amarnos como en aquel entonces nos hubiera gustado hacerlo. 
Tras sentir como todo se desmoronaba, lo hice yo. Silencio. Miradas de desconsuelo y una vez más ese mismo pensamiento recorriéndonos; "no se como puedo seguir queriéndote, pero lo hago".  
Le miré con la ternura del que observa unos ojos lo mejor que puede porque es consciente de que tarde o temprano dejará de hacerlo. Intentaba que las lágrimas no impidieran que mi mente escaneara aquel momento. Sabía que el dichoso final se acercaba, pero aún así sentía que no estaba preparada para asimilarlo.
Me besó, le besé, nos besamos. Lo hicimos con toda la energía y pasión con la que no lo habíamos hecho nunca antes.
Volví a llover mares cuando se separaron nuestros labios. Aquel beso había sido sincero, pero también aquel beso me había sabido a finales.

lunes, 18 de agosto de 2014

Hay que saber en quien invertir lo poco que se tiene.

Ese imbécil me había vuelto a dejar tirada una vez más y sólo se le ocurría llorar y pedir disculpas arrodillándose ante mí, como si eso fuera a cambiar algo.
A decir verdad podría haberlo logrado con un sencillo: "no te vayas y yo tampoco lo haré." Pero no me quería lo suficiente como para que se le ocurriera sugerirlo.
Ya estaba tan acostumbrada a las decepciones que no me sorprendía una más. Imagínate si fue tan poca la sorpresa, que le di mis mejores palabras y un: "no te preocupes, no pasa nada." Quizá sólo quería que se callara hasta que llegara el autobús porque escuchar el silencio me parecía más agradable que escucharlo a él. Pero no paraba. Le sequé las lágrimas y le consolé. Me había roto las ilusiones una vez más y estaba acariciándole la cabeza como si no lo hubiera hecho. O como si de verdad le doliera ser tan gilipollas. Que tonta fui.
Diría que si estaba llorando no era por esa decepción, sino por todas. Porque se estaba empezando a dar cuenta de que me estaba perdiendo. Nunca dejó de hacerlo, pero supongo que hasta entonces no se había percatado. Siempre hacía algo para ganarse el perderme. Creo que es la única cosa en toda su vida que no le habrá gustado ganar.
Igual te lo niega y te dice que le dejé por irme con un negro con la polla más grande que la suya, no sé, muchas cosas de las que sólo algunas pocas no serán invención de su imaginación. No sabe que por mucho que diga, la realidad siempre será la misma. Y eso no puede cambiarlo aunque intente ocultarlo.
Dile que no se olvide de todas las veces que la fastidió y le dije que le dejaría, pero no lo hice. Dile que aunque le cueste asumirlo, si le dejé no fue porque el problema fuera que hubiera otro. Algo peor, que el único problema siempre fue él.
O mejor, no le digas nada, ya se dará cuenta cuando nadie le aguante tanto los berrinches como yo lo hice.














sábado, 17 de mayo de 2014

Eran otros tiempos.

Siempre estábamos entre el ser y el no ser. Entre el sí y el no. Siempre a medias rotas al anochecer por dos cuerpos friccionados. Y a los medios días de evadirnos del mundo y ser sólo dos fingiendo ser uno. 
Que nos quisimos, es cierto. Pero lo hicimos de la forma en la que es mejor no hacerlo. 
Nos quisimos como dos que simulaban saberse querer, pero en los simulacros nunca salíamos de nuestras diferencias y ardíamos Troya.
Después de eso venía hacernos los ciegos en medios del caos, porque a veces no hace falta amor para no querer ver, y pasábamos a ser nosotros el fuego ardiendo su polla en medio de las ruinas de Turquía. 
Ya no recuerdo cuantas Troyas tratamos de hacer sin quemarnos.  Perdí la cuenta de todos los muros que se nos vinieron abajo.
Y era después de follar que nos acordábamos de que nos estábamos fallando.




Un capítulo más de aquella historia.

Ya le habían advertido que los hombres también lloraban, pero nunca imaginó que le tocaría secarle las lágrimas a ninguno.

Lo había hecho. Le había deshumedecido la cara y le había disuelto sus miedos a la soledad con un "pues yo siempre estaré ahí para ti".

Es cierto que cuando lo dijo, lo hizo como quien lo dice queriendo de veras hacerlo. Sino tampoco se habría parado a intentar ponerle diques a los ríos de nadie. Pero también es cierto que no iba a ser la tonta que se quedase aguantando como un muro de contención todo lo que se le pudiera venir abajo a alguien, sin siquiera recibir lo mismo a cambio.

No vamos a juzgarla. No lo vamos a hacer porque sabemos que cuando se jura algo así, se hace pensando que la persona a la que le dedicamos nuestras promesas también estaría dispuesta a hacer lo mismo por nosotros si se diera la situación. E imaginate su sorpresa cuando vio que no.

Claro que le duele no haber sido fiel a sus palabras, claro que le quema haber quedado como quedan todos esos que dicen palabras ilusorias y se largan. Pero claro que también hay que quererse lo suficiente como para no serle fiel a la nada.

Y sigue siendo la chica que se corta el llanto sola, pero al menos ya no se queda esperando a que venga nadie a hacerle eso que ella estaría dispuesta a hacer, porque al menos ahora sabe que su felicidad solo depende de sí misma.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Lo supe mientras caía.

Me mirabas mientras hablabas
y me diste alas doradas diciendo 
que solo yo te hacía volar
y que podíamos ir en invierno y volver en la cálida primavera
y seguir nuestro rumbo al compás.
Lo dijiste, lo recuerdo, fue así, lo hiciste.

Y querías rozar el sol conmigo al hacerlo
porque decías que la tierra es para los que no sueñan
que la luna y todas las cosas de allá arriba eran nuestras.

Me dijiste que voláramos, y lo hice,
y pobre de mí que me diste alas doradas
y luego supe que eran de mantequilla.





domingo, 4 de mayo de 2014

De cuentos con sabor a 'no vuelvas más'.

Es cierto, dijo de hablarlo, de solucionarlo, de dejarle un mejor final sacando fuera toda esa rabia que quedó bajo los escombros de lo que fuimos y que solo podríamos liberar entre los dos, pero le dije que no.

Huí, como siempre, pero esta vez dejándole la sensación de ser la bella durmiente y de haber despertado de la irrealidad de un largo sueño de dos años.

Todos escuchan mi silencio pero saben que debajo de la indiferencia, está el resentimiento. Trato de disimularlo, pero por mucho que lo hago, creo que saben que pasa el tiempo y me sigue doliendo.
Y sienten la envidia de ver como las toco, como las palpo de arriba a abajo, pero dejarían de sentirla si supieran que mientras lo hago la recuerdo y me doy cuenta de que ninguna sabría rozarme como sabía hacerlo ella.

Esos besos rojos llenos de cariño, esa ternura, ese 'tú placer por encima del mío' ya nadie lo da. Nadie lo hace con esa delicadeza. Me preocupa la soledad y no hago más que buscar y no encontrar de esos abrazos que me llenen como los suyos, que me hagan sentirme tan protegido del mundo.

Y sí, a pesar de eso no acepté su propuesta. ¿Orgullo? quizá.
Quiero pensar que a pesar de eso ya sabe que soy yo quien la llama 3 o 4 veces cada mes, porque a veces aunque el número este oculto,  sabemos quien está llamando. Y deseo que así sea, que piense que soy yo cuando responde con un "¿hola?" y no recibe más respuesta que mi respiración hasta que se cansa y cuelga, y que me recuerde.
No sé si sentirme culpable de tanta hipocresía, de marearle la cabeza, de decirle que no la quiero ver más y bloquearla de mi vida, para luego terminar metiéndome en sus asuntos si me entero que hay algún otro tío merodeandola.
Y nunca me consideré un príncipe ni me gustó el color azul, pero si encuentra uno al que sí y este le pone el zapato que yo nunca le intenté poner por pereza y le encaja, no me alegraré por ella.

¿La razón? qué sé que si está con uno le dará esa manzana prohibida que me solía corresponder a mí. Eso me mata y ya no hay beso de ninguna otra que me devuelva la vida.

Le habrán dicho también de mis momentos de cólera, de llamarla lo que nunca he pensado que fuera, pero llamarla así de igual forma.
Es así de mal como sigo mostrándole mi amor.

Y ya sabe que a pesar de ser ella la bella y yo la bestia, de ser como soy y de hacer las cosas que hago, siempre voy a quererla, como a ninguna otra.

jueves, 10 de abril de 2014

3'' y 15'

 Asomaba la noche sobre aquel tupido cuarto, dónde un viejo reloj de segunda mano marcaba las ocho y cuarto.
Se escuchaba el "tic-tac" a cada cierto rato, aunque desde que la vio marchar, todo le sonaba al tango de Roxanne. Y miraba a la nada en la que se convertía todo lo que tenía delante, porque lo hacía como quien mira y siente que no ve porque todo lo que hay es oscuridad.

Tenía la cura a su locura en su propia mano, en forma de un par de pastillas que se dibujaban del color en el que ahora no veía la vida.

Ya no hay quien pueda hacer del problema solución, ya no hay ganas, ya no hay. 

Desde noviembre había renunciado a las cosas bonitas que se le presentaban, porque ya había aprendido que todo lo bello tiene un lado desagradable, y que si algo no es de su agrado, siempre termina pasando lo que termina pasando, y llega el fin.

Ojalá hubiera sujetado sus pasiones con fuerza cuando aún las conservaba, ojalá él ahora sin estar suspirando en cada palpito, ojalá lo quisiera así alá, ojalá.

Vuelve a coger aire una vez más, pero esta vez para atragantarse con lo que lleva en su mano, de la misma forma en la que se le atragantaron todas esas palabras que quedaron por decir.

Y se paró el reloj a las 8:18. 
Al menos, para él.



martes, 11 de marzo de 2014

Lo bueno de estar sola es no tener que esperar nunca nada. De nadie.


Eran unos ojos de tigre que arañaban todo intento de no acercarte a él, y una sonrisa que a cualquiera podría despistar con facilidad. Y que esperar del resto de su cuerpo, todo un James Dean del siglo XXI, con cigarrillo en mano y mirada perdida. La misma mirada perdida que hacia que te encontraras con una parte de ti con la que nunca pensaste que te encontrarías. Era aquel paquete que nunca te cansabas de abrir, a pesar de saber de antemano que en su interior no habría nada. 
Inevitable era que pasara, pero más inevitable que tarde o temprano dejara de pasar, pues con el tiempo aprendes que de poco vale que te regalen una caja bonita, si por dentro está vacía.

Y que la perfección se reduce a nada, en aquellos que no saben querer como si todo.

viernes, 7 de marzo de 2014

(voz en off)


A veces estás en un sitio, pero tu cabeza, tus recuerdos tus emociones, esas, esas están en otro. Otro lugar, otro momento, otras personas que jamás volverán. Un instante que no regresará, que vivirá en tu cabeza hasta que creas haberlo olvidado y que morirá cuando caigas tú y todo aquel que lo haya vivido contigo.

Y es en esos momentos en los que sientes que tu mente no está dónde tiene que estar, cuando más desearías no estarlo realmente, que si de ser posible pudieras adentrarte en ella y revivir una escena ya vivida como si volviera a ser verdadera.
Unos lo llamarían perder el tiempo y desaprovechar la vida, otros lo llamaríamos perfección.

Si algo es cierto, es que tampoco podemos vivir en el pasado, anclados a la nada, esa que ahora solo es visible para quien la haya vivido. La misma que podría cegarnos hasta no dejarnos ver las nuevas oportunidades que se nos presenten en el aquí y ahora. De esas de salir ahí afuera y crear otras buenas escenas sin planear si quiera el hacerlo, solo dejándote llevar.

Y aún siendo conscientes de todo esto, a veces preferimos vivir haciéndolo en los recuerdos. Atrapados en ellos. Buscándolos por las calles. Visitando los lugares dónde alguna vez estuvimos creándolos cuando nuestra situación y hasta nuestra propia persona, eran otra.  Tanto, que resultaría cualquier desconocido si se nos presentara ahora.

Y es así, solo se apetece pararte allí, recreando en ello lo que nadie más puede, todos esos momentos que no hace tanto fueron algo más que un simple recuerdo y sabiéndo así una de las muchas historias que los demás ignoran y que allí se dieron. Porque todo lugar que se precie (o no), guarda muchas de esas, la mayoría triste y unicamente conocidas por sus protagonistas.

Sabemos que tarde o temprano se dejará de hacerlo y se volverá al carpe diem que ya nos acompañaba en aquellos tiempos, pero para estos días fríos, muchos elegimos pasearnos por esos espacios, dónde se detiene nuestra mente pensando que alguna vez pudimos sentir justo dónde nos encontramos, que el mundo se nos había parado.

Y te darás cuenta, si como yo te paras a reflexionarlo, que no merece la pena crear ese tipo de sonrisas con personas que un día no estarán a tu lado (por propia ignorancia) para rememorarlas.


El Juguete del Viento - Un post melancólico

Al ver la imagen volé a otro lugar. Uno que había olvidado transitar y al que dicen que uno no puede regresar. Pero no es cierto. Uno puede,...