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jueves, 2 de marzo de 2017

Decisiones en las que se está, y a las que ya luego no se vuelve.

Egon Schiele

Ha vuelto a pasar. Ya sabes, eso que no me termino de creer pero que el universo se empeña en recordarme, probablemente porque en el fondo lo ansíe con todas mis ganas. Aunque no sea capaz de exteriorizarlo, chillarlo, y admitirlo -ni lo que es peor aún: de admitírmelo a mí misma- sin que el miedo me frene a medio camino.

Lo sé, lo sé, no debería estar preocupada, sino pletórica, pero no sale así de las entrañas de lo profundo que hay ahí dentro de lo que soy.


¿Por qué? ¿Por qué?¿Por qué? Quiero pensar que -ahora- piensas y te cuestionas.


Pasa que soy consciente de lo que podría suponer esa bendición /o creo serlo/, que también es maldición según desde la actitud que se la mire. Y ahí radica el quid de todo esto que te digo. Sé que es ahora o nunca, y que voy por el camino del ahora, pero es largo, se aproxima tormenta e iré descalza y no se sabe hasta dónde me llevaré, ni como llegaré, si llego.

Eso me encanta. Ya te habrás dado cuenta, las situaciones que no son medias llenas o medio vacías, sino que rebosan de lo cotidiano, me apasionan. Aunque ello implique vivir experiencias que lo tiñan absolutamente todo de negro por un tiempo, pero de ahí también surge la oportunidad de reinventarse en algo mejor, aprendiendo de los fallos. Pero es inevitable /o al menos, comprensible/, ¿no crees? El sentir el miedo de todo lo que pueda suponer algo así. Son decisiones, decisiones que pueden cambiar el rumbo por completo. Decisiones en las que se está, y a las que ya luego no se vuelve.

¿Empiezas a ver el maravilloso acantilado que yo veo? Me pregunto  si lograré sacar el coraje necesario para saltarlo y seguir, y volver a saltarlo y volver a seguir, y seguir, seguir, seguir...

¿Te lo preguntas tú también?

domingo, 8 de noviembre de 2015

Sálvalo, sálvate.

Fotografía por Stephen shames.
Habita en el fondo de tus pupilas, lo veo.
Eres un niño que se esconde tras una máscara
de miedos.
Tan arrogante por fuera, tan sensible por dentro.
Huyes de las mentes que lo puedan descubrir
bajo todas esas apariencias que te has puesto.
Tienes miedo de que hallen a ese, tu niño interior, 
y lo apaleen por ser y sentir diferente.
Lo observo en lo más profundo de tu mirada, te delata,
pide auxilio.
No te das cuenta de que el miedo 
no es el mejor lugar para un chiquillo. 
Ni de que eres tú mismo
quien al dejarlo ahí, encerrado,
lo está matando. Y no ellos.
Sálvalo, sálvate.

El Juguete del Viento - Un post melancólico

Al ver la imagen volé a otro lugar. Uno que había olvidado transitar y al que dicen que uno no puede regresar. Pero no es cierto. Uno puede,...