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viernes, 22 de noviembre de 2024

VIVIR en mayúsculas. — sobre volver a partir —

 

Orcus, Garden of Bomarzo, Italy, 1950.
Photo by Milton Gendel.

Estoy feliz porque escogiste el camino difícil

el más amargo, el menos transitado
el más imprevisible

pero también; el que más te enseña

el que más capas te quita
aunque te aleje en la oscuridad

el que más te acerca a ti misma

Hoy, siendo en esencia tú, eres además otra
igual de intrépida, igual de atrevida

igual de miedosa

Partir: lo que al coger la maleta
te divide el corazón en dos

Partir, foneticamente suena duro

y lo es, pero te ensancha el aprecio
por la tierra, por los que se quedan

¡Ay! En unos meses volverás a ser otra

pero la misma
que pese al pavor sigue

adentrandose en la maleza

buscando mariposas o un prado verde
dónde reposar y dar las gracias

por tanta travesía y tantas caras


que tanto nos enseñan
un valor incalculable.


VIVIR en mayúsculas.





jueves, 10 de octubre de 2019

Road to nowhere. -Cartas a Matilda.-

http://www.ericdrigny.com/

Eres tan tú ante mí que lo siento como un insulto. El problema será mío, por juzgar en ti lo que también hago cuando nadie mira. ¿O es acaso una muestra de respeto no mostrarlo ante el otro? O una muestra de hipocresía. En cualquier caso, tu naturalidad, tu espontaneidad infantil sin normas, tu despreocupación de la imagen que los otros se forjen de ti, me aterroriza terriblemente. Tanto es así que huyo. Sí, me voy. Esta es la carta de despedida que leerás cuando despiertes y no haya nadie. He dejado café preparado, quizá lo estés tomando ahora. ¡Qué paradoja! Yo que pensaba que no era el atuendo ni las manos lo que miraba en alguien, quién fuere. No soporto el hedor, y me duele escribir esto. A ti, que mente tan racional y cultivada muestras. Puede que esté siendo injusto y superficial. Entiendo tu sorpresa y créeme que comparto tu decepción y tristeza. También a mí me duele ser así. Aspirando a imposibles, persiguiendo lo que no llega, despreciando lo que sí. No soy capaz de valorar lo bueno que hay en ti, aunque esto sea inmenso. Creo, con honestidad, que da igual como seas. En el hígado y en la epidermis, a mí no me valdría. No me valgo ni yo. Aspiro a la muerte, y lo demás me parece accesorio. El amor me fascina cuando no me toca. Como Pessoa, sueño que amo y es este amor el que siento como verdadero. Te acercaste demasiado y se desvaneció. Lo siento. ¿Qué siento, Matilda? El dolor de un alma que ama la vida pero no puede corresponderla. Aunque sea duro y asqueroso por escribirte esto, es para mí un hecho que seguiré amándote en la distancia. Incluso, es probable que así te ame más. Cuánto menos te palpe y menos te sienta. Podré soñar que te veo como se imagina uno paseando por París o visitando Barcelona. Ya sabes a lo que me refiero; la magia se rompe cuando aterrizas; el bullicio, la muchedumbre, la prisa, el ruido... el ruido. Me generas ruido, Matilda. Sé que no lo haces a mal, que es tu manera de amar. Puede que sea humano y sano amar así. El corazón se me enreda en la garganta cuando un otro entra con la intención de quedarse. Necesito aire. No. no estoy del todo seguro de lo que necesito. Pero me asfixian tus brazos.
Ya sé que vas a odiarme. Al menos estos meses hasta que asimiles que soy un capullo bohemio que ni te merece. No voy a dejar de escribirte. Me odiarás más. No lo hago por hacerte rabiar. De verdad. No hace falta que leas mi correspondencia. Puedes apilar las cartas en alguno de los estantes del estudio y reírte de mí cuando estés preparada. Es extraño, pero cuando te escribo me libero de la sensación de sentir el peso de mi cuerpo. Quizá ni si quiera te deje esta carta. Quizá me vaya sin avisar. Pero seguiré escribiéndote aunque no sepas de mí. Soy honesto cuando te escribo y las palabras vuelan,

Cuídate, niñita. 

lunes, 22 de agosto de 2016

—Dear darling.—


Fotografía por Stanley Kubrick, 1946


Darling, hay que acabar con este sentimiento
de culpa y desazón que no me deja ser.

En las tardes en las que se manifiesta y en las madrugadas
que se hacen medias mañanas
en las que aún trato de deshacerme de él.
Luego no se va, aunque lo aparente
y ya pueda levantarme y actuar como si nada.
Pero nada se convierte en todo cuando es vacío.

Necesito desprenderme de él, como de ti.
Del pasado que no te perdonas y de las personas
que no han dejado de doler.
No se puede querer a todo el mundo por igual.
Y yo te quiero,
pero a mí lado, otra vez, jamás.

Dear, ambas sabemos, nunca ha sido fácil
decirse adiós a uno mismo,
cuando se trata de reinventarse.

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