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martes, 18 de noviembre de 2014

Demasiado olvido almacenado en mi pecho.

Era noviembre y era el fin. Incontables días antes de aquel, había percibido que era cierto aquello de que las historias con finales felices eran historias sin acabar. Y que la nuestra también acabaría. 
Después de haber vivido momentos que nos habían impregnado de una felicidad que parecía eterna, nos llegó la parte del cuento que nunca se cuenta.
Rompieron las olas y nuestros reproches. Los gritos inundaron todo lo que alguna vez nos habíamos esforzado en construir. La rabia deshizo nuestros castillos de arena. 
Me gustaría llegar a comprender como el ser humano es capaz de sentir tanto odio y tanto amor a la vez. A veces pienso que era fruto de saber que nuestras diferencias nunca nos permitirían amarnos como en aquel entonces nos hubiera gustado hacerlo. 
Tras sentir como todo se desmoronaba, lo hice yo. Silencio. Miradas de desconsuelo y una vez más ese mismo pensamiento recorriéndonos; "no se como puedo seguir queriéndote, pero lo hago".  
Le miré con la ternura del que observa unos ojos lo mejor que puede porque es consciente de que tarde o temprano dejará de hacerlo. Intentaba que las lágrimas no impidieran que mi mente escaneara aquel momento. Sabía que el dichoso final se acercaba, pero aún así sentía que no estaba preparada para asimilarlo.
Me besó, le besé, nos besamos. Lo hicimos con toda la energía y pasión con la que no lo habíamos hecho nunca antes.
Volví a llover mares cuando se separaron nuestros labios. Aquel beso había sido sincero, pero también aquel beso me había sabido a finales.

jueves, 5 de diciembre de 2013

«Demasiado tarde para decir: "estamos a tiempo"».



Esperé todo el día una respuesta que lo aclarase. Una respuesta que hiciera del problema solución, pero por mucho que esperé, nunca llegó. 
Cada hora restante para finalizar el día me quitaba un poco más de la absurda fe que había intentado mantener durante tantos años a base de "cambiará, verás que sí, lo hará".  Sentí cómo a cada segundo que pasaba iba asumiendo lo que no me había atrevido a asumir en esos años. En alguna parte de mi y a pesar de eso, mantuve la tonta ilusión de que aunque fuera tarde, se dignara a alejar la confusión y acercar la tranquilidad. Incluso, en mi mente cabía la opción de que respondiera sin responder a mi pregunta, solo preocupándose por un estado de ánimo del que en esos momentos carecía por situaciones que no vienen a cuento, pero que son de esas por las que debe mostrar afecto hacia ti quien dice que te quiere tanto. Pero ni si quiera eso hizo. 
Le dí la oportunidad de cambiar nuestro destino, pero la ignoró, y lo hizo  cómo quien la ignora porque cree que alguien no será capaz de irse de su lado, solo por el querer, pero este a veces no es suficiente,  olvidando así que dar por hecho que posees a alguien, hace que lo pierdas. Asi que eligió el fin, el pasar página, las noches de almohadas empapadas en recuerdos que habiendo sido alguna vez dulces, se tornan esta vez amargos. 
Sí, ese tipo de recuerdos que ahora desearías no haber creado nunca porque duelen más que cualquier herida.



Y quizás después de todo, lo más doloroso no sea el "te lo dije" de los que me lo dijeron, sino el "te lo dije" que me dije a mí misma y que ignoré de la misma forma que él ignoró años de a**r. 

miércoles, 20 de noviembre de 2013

El Juguete del Viento - Un post melancólico

Al ver la imagen volé a otro lugar. Uno que había olvidado transitar y al que dicen que uno no puede regresar. Pero no es cierto. Uno puede,...