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sábado, 29 de octubre de 2016

Querer por querer desaparecer.



"El amor es el anhelo de salir de uno mismo" 
 balbucean páginas absurdas con fotos sobre el amor y la felicidad. 
Ellos no saben, los que le dan "like" menos aún.
¿Sabrán, al menos, quien fue Baudelaire? ¿Lo sabré realmente yo? -no lo creo.-


Empty people por Lesley Oldaker.


Nosotras habíamos intentando salirnos tantas veces de ese sentimiento y responsabilidad que es ser uno mismo, que algunas veces ni volvimos. Y eso que en realidad seguíamos siendo, pero sin ser conscientes de ello. Nos omitimos de nuestro propio cuerpo, de nuestras propias decisiones. ¿Quien manda aquí? No sé, yo no, ¿Qué quiere él? ¡Ah! entonces eso es lo que queremos nosotras. 

Vestíamos para otros, nos arreglábamos para otros, y hasta sin darnos cuenta, eramos presas del miedo y la inseguridad que nos inculcaban otros. "Eso nos acercará" pensábamos "a su amor."
Pero en realidad, más que acercarnos, nos alejaba del mundo. Eso es lo que pasa cuando uno se reprime de sí mismo, y vive sintiendo lo que otros quieren que sienta, haciendo expresamente lo que le manden, lo que necesiten, lo que le distrae y le hace olvidarse de sí. 

Y según iba pasando el tiempo, la vida y el romance, el yo se iba haciendo más chiquito, casi casi hasta desaparecer de ahí dentro. Eso fue lo que nos pasó. Hicimos las maletas de a poco y nos fuimos desviviendo por otros, sin saber, literalmente, que por esa manera tan injusta y egoísta de dar amor, acabaríamos moribundas. 

¿Injusta? ¿Egoista? ¿Para quien? ¿Para el yo? 
No. Injusta y egoísta para el otro, que nunca es quien uno es, y sin embargo recibe la enorme responsabilidad de ser el centro de todo un mundo, su sostén. Y pierde, el pobre -o la pobre- desgraciado/a que sea "el otro" la bonita oportunidad -para nosotras, la única que merece la pena- de conocer a alguien en su veracidad, por ser nada más y nada menos que todo lo que es. 

Eso se está perdiendo en lo efímero, eso se está perdiendo en el querer por querer desaparecer. 



It takes a lot to give, to ask for help

To be yourself, to know and love what you live with

It takes a lot to breathe, to touch, to feel

The slow reveal of what another body needs.


sábado, 10 de septiembre de 2016

Lo —normal.— REUNIÓN CON JEAN-PAUL SARTRE.

During a trip


Lo que me gusta de las palabras, es la eternidad que desprenden.
El vídeo, la grabación de voz y las fotografías nos enmarcan en un instante finito, no nos permiten ir más allá de él. Como un recuerdo. Siempre el mismo recuerdo. Nada más que un recuerdo.

Pero las palabras no son momentos, -aunque nazcan de la fusión del ser y su situación- las palabras simplemente son. Y por ser, se hacen infinitas. Por supuesto, al parirlas uno se hace eterno junto a ellas. Uno puede morir, que sus palabras escritas siempre evocaran vida.

Medité esto mientras terminaba de preparar las maletas que me llevaría al bosque. Mas tarde, en el tren, me di cuenta.

Observaba los campos primaverales y los cipreses pasar ante mis ojos. Ingenua. Y de pronto entró en mi una revelación, comprendí entonces el tremendo acto de hipocresía que había estado cometiendo.

A mis más cercanos les había dicho -incluso, a mí misma me había dicho- que me aislaría durante un tiempo en alguna cabaña dónde cerca habrían árboles, pájaros cantando y aire puro.

-De verdad irás sola.
Me decían asustados, a lo que yo asentía con fervor.
-Sí, claro, por supuesto, necesito un tiempo ermitaño.

No me daba cuenta, no me había dado cuenta antes. No me iba sola, no era tan valiente.
Pese a que nadie me acompañara físicamente, me llevaba una caja llena de libros, y miles de conversaciones esperando retumbarme los pensamientos.


Todos habían preguntado por qué me iba. No hubo nadie que lo entendiera del todo. Ni si quiera yo misma. Pero me alegra que pese a ello lo respetasen.

Me hubiera gustado admitirles que aquel era un completo acto cobarde.
¿De qué huyes? hubiese preguntado alguno si alguien -entre los que me incluyo- hubiera querido provocar tal situación.

Me hubiese gustado, porque es precisamente a ellos a quienes no les confieso nunca de esa ansiedad que me causa la vida en la ciudad. Las redes sociales, las máscaras, rolles, estereotipos y todo este circo carente de sentido.

No hubiera ganado nada por hacerlo. Ellos, de haberse parado a meditar con seriedad sobre esto, podrían haber salido perdiendo. O lo que es peor, indiferentes.
Prefería y prefiero no arriesgar a que lo piensen con seriedad y que entonces tampoco haya marcha atrás para ellos. No soy nadie para arrebatarles su felicidad.

Esa era mi verdad. Estaba cansada del mundo que me había sido dado.

Hay personas que piensan en otros planetas distintos a este, en si habrá vida en ellos o si se podrían habitar. Yo pienso que en este mundo hay muchos mundos, que no hace falta irse a otro para descubrir otras realidades y que esos nuestros mundos están unidos, aunque lo obviemos, por la causalidad.

La desgracia es que nadie quiere ser consciente de esto mientras compra compulsivamente o presume de tomar café en una terraza. Maldigo a las redes sociales por ayudar a promover que esos actos vanidosos son "el bien", "lo que hay que hacer", "lo normal."






sábado, 30 de abril de 2016

De expandir la mirada. -La Danza de la Realidad.-

La Entrada de Cristo a Bruselas, James Ensor.

Si se trata de ver una película, en los tiempos que corren dónde Internet está a la orden del día, lo primerísimo a lo que recurrimos es a buscar la ficha en la que se precise la sinopsis del film y la puntuación dada por los usuarios.

La pregunta ahora sería; ¿en qué se basan estos para calificar una película de 4 o de 8?

Está claro que el mercado cinematográfico nos bombardea con películas americanas o basadas en este estilo. Películas en las que se persigue el amor romántico, el superhéroe que todo lo puede, las "bobadas" de la vida. 
Cómo diría Jodorowsky; "está bien entretenerse. 
Pero no es lo único."


Hay otro tipo de arte en fotogramas que nos muestra realidades. Qué nos resultan, de primeras, completamente incómodas de ver porque se alejan de la idea de película que nos han vendido. Pero que, sin embargo, guardan bajo su trama una carga de significado y emoción como pocas.

Filmografías que de alguna manera se asemejan más a las escenas cotidianas de la vida, que esas que a la par que nos divierten, atentan con que equivocamente sean interpretadas como modelos de realidad a seguir.

Cómo algunos ya habréis visto venir, voy a comentar una obra de Alejandro Jodorowsky. En este caso, se trata de La Danza de la Realidad

Debo confesaros que los primeros 15 minutos de la película fueron de replantearme qué me hacía no poder quitarla. ¿Qué por qué no lo hice? Porque sabía a lo que me enfrentaba al ver una película de Jodorowsky. Quería comprobar con mis propios sentidos, si era cierto lo que este hombre promulga sobre sus películas; impacto visual, un no sé qué, que qué sé yo, y reflexión. 

Y no miento si os digo que así ha sido. Me ha sobrecogido, me ha emocionado, me ha roto los esquemas en un no poder despegar la mirada.
(Si no la habéis visto, antes de continuar leyendo, deberíais hacerlo).

De las cosas que me han llamado la atención, os revelaré dos.

Una de ellas es la magnifica forma en la que Jodorowsky relata su autobiografía. Sus apariciones encarnado en su -yo actual- que acunan o ániman a su -yo pasado.- Y cómo lo alenta a seguir y ser fuerte en situaciones duras, puesto que son, precisamente esos momentos de fragilidad los que le llevarán a ser la persona fuerte que será, con el tiempo.

Por supuesto, la escena del muelle en la que se despide de los personajes que deja atrás y como no, de esa parte de sí mismo que también se quedará para siempre en  Tocopilla (Chile), es majestuosa. 

La estampa posterior a esta, muestra a su -yo actual-, a su -yo pasado- y a su -yo futuro- que pese a ser distintos, viajan en el mismo bote. Bote en el que al final tan sólo queda la representación de su -yo futuro-, un esqueleto en la eternidad y en el viento. De nuevo, me hallo maravillada ante la carga emocional y conceptual que guarda este film.

Y por otro lado, el papel de las máscaras, que bien podrían recordarnos a las representadas en las obras de James Ensor. No sólo por el hecho de recurrir a ellas, -elementos de expresión fija- para reflejar seres indiferentes, sino también por los gestos/movimientos que se han sabido atribuir a estos.
Así pues, logra mediante ellas reflejar una actitud muy presente en nuestra sociedad actual. 

Resulta un representación tan surreal de la vida como real en sí misma. Una paradoja de lo inefable del ser humano. Y cómo no, de lo sublime que habita también en él. 

Sin duda. deberíamos expandir nuestros horizontes hacía este tipo de cine, en lugar de aferrarnos únicamente hacía ese al que nos orientan. Films que, dándonos cuenta o sin ser conscientes, nos guían hacía unos estilos de vida consumistas y poco austeros.

-La danza de la realidad-


El Juguete del Viento - Un post melancólico

Al ver la imagen volé a otro lugar. Uno que había olvidado transitar y al que dicen que uno no puede regresar. Pero no es cierto. Uno puede,...