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jueves, 2 de marzo de 2017

Decisiones en las que se está, y a las que ya luego no se vuelve.

Egon Schiele

Ha vuelto a pasar. Ya sabes, eso que no me termino de creer pero que el universo se empeña en recordarme, probablemente porque en el fondo lo ansíe con todas mis ganas. Aunque no sea capaz de exteriorizarlo, chillarlo, y admitirlo -ni lo que es peor aún: de admitírmelo a mí misma- sin que el miedo me frene a medio camino.

Lo sé, lo sé, no debería estar preocupada, sino pletórica, pero no sale así de las entrañas de lo profundo que hay ahí dentro de lo que soy.


¿Por qué? ¿Por qué?¿Por qué? Quiero pensar que -ahora- piensas y te cuestionas.


Pasa que soy consciente de lo que podría suponer esa bendición /o creo serlo/, que también es maldición según desde la actitud que se la mire. Y ahí radica el quid de todo esto que te digo. Sé que es ahora o nunca, y que voy por el camino del ahora, pero es largo, se aproxima tormenta e iré descalza y no se sabe hasta dónde me llevaré, ni como llegaré, si llego.

Eso me encanta. Ya te habrás dado cuenta, las situaciones que no son medias llenas o medio vacías, sino que rebosan de lo cotidiano, me apasionan. Aunque ello implique vivir experiencias que lo tiñan absolutamente todo de negro por un tiempo, pero de ahí también surge la oportunidad de reinventarse en algo mejor, aprendiendo de los fallos. Pero es inevitable /o al menos, comprensible/, ¿no crees? El sentir el miedo de todo lo que pueda suponer algo así. Son decisiones, decisiones que pueden cambiar el rumbo por completo. Decisiones en las que se está, y a las que ya luego no se vuelve.

¿Empiezas a ver el maravilloso acantilado que yo veo? Me pregunto  si lograré sacar el coraje necesario para saltarlo y seguir, y volver a saltarlo y volver a seguir, y seguir, seguir, seguir...

¿Te lo preguntas tú también?

lunes, 21 de septiembre de 2015

Volar lejos.



He dejado de buscar.
Parece que aquello que ansiaba encontrar, ya estaba,
pero dentro.
Ahora, en su lugar, trato de sacarlo fuera.
Cuál pájaro enjaulado que ha olvidado
que su naturaleza está en volar.
Cerrando las alas,
aferrándose a los barrotes,
pero ya no más.
Aquello era esto, y no otra cosa.
Es hora de liberarlo,
de liberarme.

sábado, 8 de agosto de 2015

Somos recuerdos.

Fotografía vía: https://www.pinterest.com/
Somos las canciones que escuchamos, y las que no.
Su melodía, su letra, su significado.
El libro que leemos y el que despreciamos.
El mismo que con los años retomamos apasionados.
Somos variables. Somos circunstancias.

Somos lo que nos transmite cada persona,
animal, objeto, calle o vivencia.
Lo que nos provoca por dentro
y lo que nos remueve por fuera.

Somos euforia, furia, desenfado.
Ganas, ilusión, miedo.

Somos miradas
agonizantes o brillantes.
Deslumbrantes que enlatan inquietud.
Curiosidad que se muere por saber,
conocer, vivir.

Somos las personas que elegimos ser,
las personas de las que nos rodeamos
y la gente de la que huimos.

Somos lo que decidimos hacer,
lo que jamás haríamos;
el "de esta agua nunca beberé"
que beberá.

Somos los que seremos, los que fuimos,
los que ya nunca volveremos a ser.
Somos con lo que nos quedamos de la vida.
Somos recuerdos.

lunes, 25 de mayo de 2015

La solución nunca debió ser aquella.

When I'm lying in his arms, I'll be thinking about you.
Even when he smiles, I'll be thinking about you.

Vía: https://es.pinterest.com/pin/436567757597985639/
No sé como, pero cuando quise darme cuenta ya estaba a mí lado, en mi cama. Acariciándome las curvas sin frenos, intentando descarrilarse por ellas, como anhelando creer que sus manos aquella noche eran mis dueñas. 

Ocurrió unas cuantas veces más, en otras tantas manos distintas a esas. Pero todas muy iguales, todas muy frías. 
No fue ahí cuando empecé a odiar las citas, fue poco antes de que se sucedieran todas esas incómodas escenas de camas llenas y vacíos emocionales.

Estamos en el centro de la cama. Acarician mis caderas. Sonrío. Sonríen conmigo, y en todos ellos veo tu sonrisa. En lo que buscan la cumbre de mis senos, siento el calor ajeno aproximarse a mis labios inertes. Me besan y percibo que no saben como sabías tú. Ya no estoy en el centro, sino en el filo, apunto de caer y cortarme. Amargamente lo admito. Amargamente me doy cuenta de que la ansiedad vuelve. Amargamente digo: basta.

Tantas inocentes formas de intentar cabalgar por el camino al séptimo cielo. Tantas risas que me producía aquel falso candor.
Es cierto que por unos instantes sentía que aquellas manos extrañas calmaban mi ansiedad. O que podrían llegar a hacerme sentir algo más que la ternura con la que les besaba la frente. Pero luego les miraba a todos ellos y me daba cuenta de que jamás podría. No me conocían, no les conocía y tampoco quería conocerles ni que lo hicieran. Ya lo sabía. Lo había sabido desde el momento exacto en el que también supe que debía echarles de mi cama. Ninguno de ellos eras tú, y sin embargo, en todos ellos te buscaba. 




lunes, 12 de enero de 2015

Algo sin sentido.

Picture by Chrissie White
¿Así qué prefieres ser hedonista antes que apasionada?

Quizá. Creo que soy demasiado joven para saber lo que prefiero. Sólo sé acerca de las cosas que no quiero.
Ser apasionada es una de ellas. Puede que sea demasiado tarde, que ya me haya atragantado con los riesgos que conlleva y que esa sea la razón por la que lo rechazo. Ya sabes, eso. O tal vez no. Tal vez basta que algo real aparezca en mi vida para darme de nuevo toda la ilusión que me falta para volver a serlo. 
Quizá no creo que eso pueda suceder, porque la idea de que toda las personas son egoístas es más realista. Puede que esté preocupada por ese tipo de gente, porque sé exactamente que prefiero estar sola que con alguien que no me hace feliz o con quien aprecio pero realmente no quiero. 
Tal vez tan sólo soy una chica estúpida tratando de explicar algo sin sentido.















viernes, 2 de enero de 2015

Se lió, se le cruzaron los cables y tropezó.

Intentaba no pensar en nada mientras se creaba el duro silencio de la espera. -Pob-. 
El miedo se apoderó de ella en el instante previo a mirar la pantalla. -Pob-. 

No pudo evitar que se le pasara por la cabeza aquella sonrisa arrugada de su infancia. La que enfocaba su mirada desgastada en la de su tierna niña y se aclaraba la voz rasgada para decirle que la vida era como un ovillo de lana. Que la viviera y disfrutara todo lo que pudiera pero siempre con la precaución del que ya sabe que hay que tenerla. 

Durante la mayor parte de su vida pensó que seguía el hilo de todo aquello que le había dicho de la forma en la que hubiera querido que lo hiciera. 
Fue poco antes del momento en el que se encontraba cuando se dio cuenta de que en realidad el camino que había seguido la había llevado hasta no sabe qué lugar del Laberinto de Dédalo. 
Había unido lazos rápidamente con hombres con los que sabía que en tres segundos ya los estaría cortando. Jugó en la oscuridad más de lo recomendado creyendo que así alcanzaría la sabiduría del que sabe más por viejo que por diablo.
Se lió, se le cruzaron los cables y tropezó.
"Tierna niña, ¿donde te has metido?." -Pob-.

El agua del grifo seguía cayendo y sus nervios aumentando. -Pob-.

Volvió su mirada a la triste realidad. -Pob-.

Ya habían pasado 5 semanas.


jueves, 6 de noviembre de 2014

"The movement you need is on your shoulder."

Hubo un tiempo en el que me palpaban y se me paraba el mundo. Me envolvían en un hechizo que aún sigo sin haber llegado a comprender del todo. Que me hacía no poder escaparle. Después vino otro, sin saber como, en el que todo eso se desvaneció, se marchó. Hey Jude, don't be afraid. Quizás sea como el aire que está ahí aunque no lo veamos. Quizás sea como cuando sin esperarlo nos sorprende con su ráfaga de viento. Quizás sea sin querer algún día, o queriendo. De momento es como si ese sentimiento se me hubiera ido a por tabaco para no volver. For well you know that it's a fool who plays it cool by making his world a little colder.
Ya no interesa anhelar que vuelva. Ya no busco un alma que encaje con la mía. Si soy una persona dura es porque ya me han roto antes y no al revés. Si hubieras estado estos años en mis zapatillas lo comprenderías. Entenderías eso de preferir ser sólo uno y la soledad. Porque cuando se trata de encontrar el amor menos suele ser más. Y que si te caes debes ser tú mismo el que se levante aunque ya no tengas piernas sobre las que hacerlo, porque nadie vendrá a ayudar sin querer algo a cambio, o queriéndolo.  The movement you need is on your shoulder.
Será que me hice a la idea de que no tengo porqué buscar ahí afuera alguien que cuaje con todo eso que tengo dentro. 

miércoles, 3 de septiembre de 2014

—Te quiero. +Yo más. —¿Y mejor?

 La última vez que escuché su voz, ya no era él. Lo hice tan mal porque de haberlo hecho como de verdad quería, no habría sido capaz de marcharme de su lado. No con su mirada intercalándose en mi alma. 
Sé muy bien que si me hubiera ido a buscar pidiendo una milésima oportunidad, yo sin dudarlo se la habría vuelto a dar. Pero no lo hizo. 
A mis manos les costó marcar aquel número que sin saber como ni cuando, he logrado olvidar. 
Él ya sabía porque le llamaba y yo ya sabía que de aquella llamada no podría sacar nada que me diera el equilibrio suficiente como para continuar en aquella relación fonambulista.


Es difícil explicarle a alguien las razones por las que sientes que no funciona sin mencionar al intentarlo nada que pueda resultar hiriente. Creo que de alguna forma le destrocé;
—Estás cosas deben surgir solas, deben resultar sencillas. Si cuestan tanto es que no...
—Ya lo sé... pero te quiero, nos queremos, ¿no basta con eso?
—No...

No es que los te quiero estén vacíos, sino el vacío que sientes cuando te los dicen, el que te hace saber que algo está fallando.

No tardé en sentir el eco ni en darme cuenta de que daba igual las veces que dijera que me quería, había demostrado no saber hacerlo.

sábado, 30 de agosto de 2014

Todos los principios siempre cuentan la misma historia.


 ¿Cómo lo hacemos? cómo lo hacemos para ser tan ingenuos como para prometernos no volver a serlo y casi sin darnos cuenta, volverlo a ser. Intentar huir del peligro que supone darle una parte de nosotros a alguien por lo frágil que eso nos hace. Y que al empezar a correr lejos nos tropecemos con que sin saber como, ya lo hemos hecho. Ya le hemos dado algo que no le damos a todo el mundo, ya nos sentimos débiles. No nos ha hecho caer pero ya vemos de cerca el asfalto. Inmóviles, sin poder alejarnos de todo lo que dice. Persiguiendo sus palabras y buscando descifrarlas. Dulce tortura. ¿Por qué somos así? ¿por qué nos gusta tanto sufrir en una mirada? Ver en ella sinceridad a sabiendas de que son pocas las personas que la dan. Porque lo realmente valioso es la verdad y que ni si quiera podríamos estar seguros de que vamos a tener la suerte de que esa será la persona que nos la dará. Odioso se vuelve sentir algo parecido al amor sin saber por qué. No lo buscas, no te buscan, pero ahí está. Dicen que si escuece sin más, es que está empezando a importar. Ya no somos capaces de marcharnos de la idea de quedarnos y que se quede siempre. No lo sabe, no sabe que así lo sentimos, no sabemos si así lo sentirá también. Hemos vuelto a caer en la ilusión. Y qué estúpido vivir pensando que hay cosas que duran lo que dura una vida. Y que bien se siente el aire rozándonos al caer. Y que duro es pensar que no nos recogerán en mitad de la caída, y que nos romperemos contra el suelo, una vez más. No ha pasado, pero desde el segundo en el que intentamos huir y no podemos, tememos que pase. Porque estamos hechos de dudas y de sentimientos que sin quererlo, nos acorralan y desvalijan ese duro caparazón que los daños nos han hecho construir ahí, dónde guardamos el corazón. Maldita mirada que todavía no ha dado. Maldito buen gusto musical. Maldita estúpida chica ilusa.




jueves, 14 de agosto de 2014

Y salté.

A veces estamos pero no somos.
Estamos en un lugar pero no nos permitimos ser parte de él porque nuestra cabeza está en otro. Como si tuviéramos los ojos abiertos pero la mente cerrada a todo.

Hubo un día en el que logré detener los pensamientos que otras veces no muy lejanas habían hecho ríos donde era fácil ahogarme, y observé.
Veía mar, veía vida. Veía todo lo que tenía delante y me sentía parte de aquello.
Desde siempre me han dicho que vivir en el presente debería ser la única opción, pero no fue hasta ese instante que la elegí. Supe en uno de los 3.000 parpadeos de ese día que no sólo había entrado luz en mi mirada, sino también en mi mente.

Pasó allí, dónde sólo estaba yo, el agua y los acantilados de olvido que hasta entonces no me había atrevido a saltar.

martes, 29 de julio de 2014

Falsas ilusiones.

Obra de Carmen Calvo.
Coge tu cartera y saca de ella el primer billete que palpen tus dedos. Se tratará probablemente de un papel arrugado del que dará igual si tiene poca equivalencia porque la mínima ya será suficiente para que muchos se manchen la avaricia por tenerlo, aunque este estuviera lleno de estiércol.

Obsérvalo durante unos segundos.

¿Puedes imaginar por cuántas manos habrá pasado? ¿Cuántas huellas dactilares tendrá grabado? ¿Cuántos lugares habrá recorrido? ¿De cuántas otras carteras habrá entrado y salido? ¿A cuántos bolsillos de pantalones mojados por lavadoras de personas olvidadizas habrá sobrevivido? ¿De cuántas sustancias ilegales se habrá empolvado? ¿A cuántas personas habrá comprado? más que regalos, reyes, san valentines y chocolates juntos, te lo aseguro.

Así era él, como un billete que a saber cuantas mujeres habrían rozado. Sin destino ni lugar fijo. Siempre cayendo en las adversidades. En manos sucias que lo han arrugado tanto hasta convertirlo en lo que ves. Perderse hasta quedarse perdido le ha hecho aprender mucho más de la vida, de los límites que hay hasta caer en el abismo. Lo triste es que eso sea lo mismo que por muchas monedas que le den, le haga no poder cambiar lo que ahora es.

Huye, huye de su mirada. Huye de sus brazos como de la falsa idea que nos han vendido sobre el dinero. Huye, porque es ilusionante, e ilusión.




viernes, 20 de junio de 2014

Piensa, luego cae.


Cargaba sobre sus espaldas unos cuantos daños cuando sintió que la juventud que le acababa de comenzar no evitaba que se sintiera vieja. 
Recordaba las palabras descuidadas pero sinceras que alguna vez le había soltado algún amigo. No dejaba de pensarlas, darle vueltas, y marearse. 

Ya se había dado cuenta de que a veces parece que te apagan el brillo y te rompen las ilusiones, y es como si esos años jóvenes perdieran su esencia de ser. Como si les quitaran la banda sonora a la vida, la arrugaran hasta hacerla una bola y la tiraran a esa papelera que ya se había encargado ella de llenar de desesperaciones y cosas que siempre se quedaron a medio hacer. Entre el si y el no, y el "no tiene lo que hay que tener". Y es lo que no le deseamos a nadie lo mismo que la rodea. No sólo el desorden de su cuarto sino también, el de sus ideas. 

Cuánto mal a hecho el querer y que sobrevalorado está a día de hoy. Porque lo ofrecen como si siempre viniera a ser buena música, pero nadie habla de cuando se va y te das cuenta de que lo que te han vendido es pura música comercial. Porque al igual que ella, todos vamos a dónde el amor y nos apostamos por él cualquier cosa que tengamos encima en ese momento sin conocer bien las probabilidades reales que tenemos de quedarnos sin ello. Y luego pasa lo que pasa, eso que le pasó.
Es como cuando lloras sin saber por qué, pero aún así no puedes parar. Es como cuando te ahogas pero sin agua ni nadie que te pueda salvar. Es un dolor únicamente conocido y sobrellevado por quien lo padece. Era eso, lo que la afligía cada día desde hacía ya 196. 
Sintiendo la presión que se tiene cuando se cree llegar tarde a algún sitio, cuando creemos que todo lo hacemos rápido y mal, y eso mismo nos lleva a dejarnos olvidado el sueño atrás.

No era capaz de quitarse ese sin vivir de encima, aunque jura y perjura a voces interiores que lo ha intentado de todas las formas habidas y por haber. Siendo consciente de que no hay nada peor que fracasar para uno mismo, y apagandose aún más por ello. A pesar de estarlo más que las luces de su cuarto, nunca nadie se lo notaba. Era como si sonriera más y le riera el doble las gracias a la vida, pero al quedarse a solas con la soledad dejara de tensar la cuerda, se le escapara de las manos y el desequilibrio interior se encargara de hacerla caer hacía un vacío lleno de miedos. Uno dónde teme no volver a sentir nada de lo que en alguna historia pasada creyó sentir. Uno dónde huir de los demonios propios fuera cosa imposible. Vacío dónde no existe música.

"La ausencia de sonido es la depresión querida, es la depresión".




miércoles, 11 de junio de 2014

Sin más.


Hay días de sólo querer salir a solas contigo misma. De pasearte a observar el mundo. Días de dedicarte caprichos porque sí, porque (te) quieres. 

Aquel día era de ese tipo. Se me apetecía dedicarme algo caliente y un dulce de esos cremosos que suelen tener en aquel café. 
Me encanta ese sitio. No sé si es por las fotos de artistas y la buena música que lo acompañan, si son esos asientos rojos encajados a la pared que rodean las mesas y que tanto me han gustado desde siempre o si es el hecho de que suele estar vacío de ese tipo de gente que resulta algo incomodante. O todo. No lo sé, pero desde que lo descubrí ha sido mi locus amoenus para cuando quiero meditar y relajarme sin más compañía que la mía. 

Hice sonar la campana de la puerta, me dirigí a la derecha de esta y me senté en el segundo sillón de la primera mesa que encontré. 
Me atendió el simpático camarero que ya lo había hecho las otras veces que me había pasado por allí. Creo que para entonces ya se había familiarizado conmigo porque me preguntó si querría lo de las otras veces, a lo que asentí tímidamente. 

En menos de 5 minutos ya estaba baňando mis labios en una espumosa taza de chocolate con el periódico de la semana pasada delante, pero no me importaba, ese tampoco lo había leído.

Me dio por mirar el horóscopo, y admito que no creo mucho en esas cosas pero ese día sentí curiosidad. Ponía algo sobre que uno de esos siete días tendría lugar algún suceso inesperado que podría cambiar el rumbo de los acuarios, y me reí. En seis días no había pasado nada así y el último día de esa semana no parecía que fuera a ser distinto.

De pronto sonó la campana de la puerta y aparté casi inevitablemente la mirada del papel.
No esperaba a nadie, pero alguien llegó. 

Sonaba The way you look tonight cuando esa chica de cabello castaño y piel perlosa se sentó en el primer sillón de la mesa que me había dado por elegir. 
Me quedé perpleja. Juraría que ni me vio al hacerlo. 
Parecía asustada, no dejaba de mirar hacia el extremo del local que se situaba tras su espalda. 
Estaba tan desconcertada que no me atreví a decirle nada. 
En una de esas se dio cuenta de que la estaba analizando, o igual le empezó a doler el cuello, quien sabe. Pero me miró. 

Las personas que tienen colores de ojos llamativos suelen dejarme embobada tan sólo observándolos. Ella los tenia  azules y no pude evitarlo. 
Desconozco cuantos segundos me pasé mirándole el iris hasta que habló, pero tampoco es importante saberlo. 
El caso es que abrió sus labios rosados y carnosos para disculparse. Luego, sin que yo dijera nada, me contó lo que la había llevado hasta allí, como quien se ha retenido calladamente tanto algo, que ya no puede aguantárselo más y se lo libera a cualquiera.

Hubo un momento de la conversación en el cual nos desviamos del tema y sin querer empezamos  a hablar de cosas que ni recuerdo, pero es curioso porque creo que hasta le hice olvidar lo que la había hecho adentrarse en aquel local. 
Perdimos la cuenta de las risas y las horas que se nos habían pasado.
Me vi obligada a pedir alguna otra cosa más al camarero para así disimular lo que realmente me hacía no querer irme.

Hablábamos y la distancia de esa tabla que nos alejaba se iba haciendo a cada palabra más y más corta.

Me rozó la mano y casi me para el mundo. Aunque de alguna forma ya lo había hecho al hacerme perder la noción de la vida por tanto tiempo seguido. 

Todo perdió su encanto cuando miró su reloj y me dijo que tenía que irse. Mi cabeza no pudo evitar pensar un "quédate un poco más", pero no me atreví a decirlo, aunque si pude notar en su mirada que ella tampoco quería hacer sonar la campana de aquella puerta para no volver a ese instante ya nunca más.
Lo confirmé cuando se abalanzó sobre la poca distancia que ya nos separaba hasta llegarme a los labios.

No quiero hablar de como reaccioné porque todo aquello estaba siendo demasiado extraño, o quizá impredecible, pero también increíblemente mágico.

Pedí la única cuenta que me tenían al contado mientras la veía deslizarse para salir de aquel asiento que al igual que yo, también la vería darse la vuelta para dejar de hacer de ese día, recuerdos. Aunque también le dio la vuelta a todo. No sé si me explico.

Antes de que se perdiera entre la multitud me atreví a preguntarle cuándo la volvería a ver, a lo que sonriendo me respondió: 
"algún otro día inesperado, en cualquier otro lugar al azar".

Se marchó de aquel café dejándome un sabor agridulce en los labios y mil preguntas para las que aún no he encontrado respuesta. Se marchó, pero permaneció en mi cabeza de camino a casa toda esa noche, y unas cuantas más.


sábado, 7 de junio de 2014

'Lo eligen, te lo juro, los he visto'.

Julio Cortázar explica eso que ya decía Luis Cernuda, "no intentemos el amor nunca". Y cuanta razón tenían los dos. 

Si alguna vez te lo cuestionas y llegas a la conclusión de hacerlo porque no pierdes nada. De intentarlo "a ver que sale", hazte y hazle un favor, y no lo hagas. Porque no es algo que se elija, y si se elije, no sé de que sé tratará, pero no será de eso.

El amor o se hace bien, o no se hace. Porque al querer hacerlo por la mera motivación que la del querer, sabe hacerse sólo. Y sentirás que las cosas grandes también surgen por sí mismas. Y lo mejor, sin sentir que hacerlas le supone a nadie gotas de sudor.

Pero es un mundo racional, y claro que te lo tienes que plantear. Sobretodo consultar con la almohada antes de dejarte llevar. Pero cuando sea algo real se tratará de algo tan puro, que los pensamientos no te taladrarán la cabeza. Tan sólo te dirán que tengas cuidado y des los pasos adecuados para que hagas el camino que te lleve al lugar correcto, sin más desviaciones que valgan que la que se te ha presentado ya, y la que te ha sido casi inevitable tomar.
Porque los verdaderos cuando inician el camino y van de la mano, lo hacen para quedarse en donde lleguen, aún sin saber hasta dónde les llevarán sus pies. Y no está bien dar por hecho cosas que no sabemos a dónde irán a parar o a continuar, pero entonces, entonces ni te lo plantearás.





lunes, 2 de junio de 2014

Buenos días, insomnio.

Que incómodo cuando se te mete un "quiero" entre ceja y ceja y ya no hay quien te lo saque, más que tu mismo. Que incómodo porque te ves obligado a darte de palos contra la realidad, a abandonar la ilusión y la esperanza, y a dejarlas botadas en  alguna estación por la que al parecer, no va a pasar ningún tren. 
Esperabas por algo que nunca iba a suceder. "Estúpido" te dices. 
El poco alisio de honor que te queda viene dado por el saber que no has sido el único que se ha visto aguardando por alguien que no pensaba sucederle. Por lo visto, cada día somos más los que nos quedamos a dos velas en un banco dónde todo es oscuridad, menos el que sujeta todo el cariño que quiere dar. 
Ya veis, eso de lo que os hablo, es la única droga tan fuerte capaz de hacerte ver todas esas ruinas, como si estuvieran encendidas, como si no fueran lo que realmente son. Porque el amor tiene esa manía de distorsionarnos la realidad, las ideas y la propia razón. De hacerte creer que un corazón herido, puede volver a palpitar sin el miedo a otra derrota y al no salir ileso, como haciéndote olvidar que en un mundo donde existen miles de millones de dos que se dan de eso, también existe el fracaso. Y te darás cuenta, una vez más, mientras te golpeas contra la realidad y te mojas la cara en sudorosas noches de insomnio. 
Pero no te preocupes, es bien sabido que el palpito que se ha mantenido latente tras mil derrotas, podrá seguir latiendo durante otras mil más. 
Es nuestra naturaleza, la de amar.


domingo, 1 de junio de 2014

Ni juntos, ni revueltos.


Otra vez tú golpeándome la puerta.

Dicen que volver y volver, es revolver
y yo he estado revuelta en tu vida demasiado tiempo.

Quizás tanto que olvidé lo que realmente significaba amar,
y no digo querer, que suena a todo lo que egoísta que has sido
sino amar, que retumba en cualquier oído como un suspiro de algo más.

De tanto en tanto rebuscando lo que diera validez 
a unos te quiero que no salían de mi boca.
Hasta llegué a rebuscar en la basura de todo lo que hacías
pero allí nunca encontraba nada por lo que valiera mancharme los intentos,
solo habían restos putrefactos de lo que alguna vez pudo haber sido
de haber sido otros.

No te rías más de los demonios que hemos engendrado,
a fin de cuentas, son fruto de todo lo que juntos pasamos.
Tampoco pidas que te deje echarte en mi hombro
ni me digas entre ruinas que todo saldrá bien. 
Demasiado tarde para arrepentirte de nuestros males.
Muchas ausencias que ya resultan irremediables,
demasiados viernes y sábados a solas, con la soledad.

No, gracias, puedes quedarte con los bombones caducados y el vino de tu abuelo
que no se entere que se lo has robado, aunque ya no esté.
Ni se te ocurra pedirme que haga de ti esperanzas una vez más 
porque quizá no sepas pero la confianza es algo más que un "confía en mi"
cuando todos los hechos están desordenados
y todas las palabras tan huecas que me hacen eco.

Ya asimilé que no volveríamos a estar juntos, 
ni tan si quiera a estar revueltos entre sábanas en horas que fluyen con rapidez.
Todas las cosas que nos atreviamos a hacernos y que nunca les contamos,
ya son parte del pasado.

Puedes irte por dónde has venido
pero esta vez, para no volver.

viernes, 30 de mayo de 2014

Como un barco de papel que se pregunta porqué no puede volar.

Tendré que estar a las 07:00 en el muelle, dónde un barco me esperará para zarpar sueños y dejar revuelto todo lo que quería dejar ordenado en este mar. O no dejar. 

Haré las maletas mezclando la ilusión de irme, con el anhelo de querer quedarme por saber que la próxima vez que despierte, tendré tu abrazo un poco más distante.

Por la mañana me habré ido, pero lo habré hecho como quien quisiera fingir un descuido y llegar a las 07:30, y que sea demasiado tarde como decidir no quedarse. 

Porque de irme, no quisiera que esto se quedara aquí como lo que pudo haber sido y no fue. Sí, esto. Nosotros.

Tenían razón, todo nos estaba saliendo demasiado soleado, como para que algo no nos quemase.
Pero sabes que estaría dispuesta a hacer lo que hiciera falta por lucharle a las imposibilidades. Y si no lo sabes es por desconocer quien soy cuando me dan una razón de ser. 
Porque por hacer, no me costaría hacer cualquier locura, si esa sonrisa y el tiempo acompañasen.

Me voy, pero volveré cuando quieras que lo haga. Aunque no me lo pidas, aunque no te atrevas a hacerlo, lo haré. 

Espero que no pongas esa mirada con la que sé que me mirarías de tenerme delante. No te extrañes. 
Sabes que no me gusta quedarme con las ganas de nada que realmente valga la esperanza. No ibas a ser menos.

Ya sabemos que es una despedida demasiado amarga, para algo tan dulce. Pero ya estábamos advertidos de que los mejores antojos no pueden ser saciados siempre que queramos, ni de cualquier forma. Las cosas verdaderamente buenas  tienen la manía de hacerse esperar. No ibamos a ser menos.

No, no podía ser perfecto, y por no serlo, hasta es poesía que no lo sea. 
Créeme cuando te digo que le veo su lado tierno.

Solo te pido que me esperes si quieres hacerlo. Que afrontemos el reto.
Que tus brazos y tus labios no me olviden cuando esté lejos. 
Tampoco olvides nuestros besos más sinceros.
Y descuida, que estoy segura de que a mí no me hará falta procurar no hacerlo.

Me voy, pero te llevo en mi equipaje de mano. 
Aquí, a la izquierda, dónde el pecho.

Volveré. Sonríe.
Lo haré.





sábado, 17 de mayo de 2014

Lo inevitable.

Le temo a ese cuarto de segundo en el que la vida deja de hacerse camino y desvía su rumbo hacia lo desconocido. 
No por mí. No por mi miedo a la penumbra o la claridad que pudiera venir tras ella. No por la posibilidad de que mi esencia desaparezca, sino por la posibilidad de que lo hagan las suyas. 
No me importaría que mis días dejaran de ser, con tal de no vivir encharcándome en recuerdos. Sé que hasta leído suena egoísta, pero también sé que sabes de lo que hablo. 
Qué nos puede faltar todo, hasta nosotros mismos, con tal de que no lo hagan ellos. Y que no sé tú, pero yo a esas ausencias si que las miro desde el miedo.

Un capítulo más de aquella historia.

Ya le habían advertido que los hombres también lloraban, pero nunca imaginó que le tocaría secarle las lágrimas a ninguno.

Lo había hecho. Le había deshumedecido la cara y le había disuelto sus miedos a la soledad con un "pues yo siempre estaré ahí para ti".

Es cierto que cuando lo dijo, lo hizo como quien lo dice queriendo de veras hacerlo. Sino tampoco se habría parado a intentar ponerle diques a los ríos de nadie. Pero también es cierto que no iba a ser la tonta que se quedase aguantando como un muro de contención todo lo que se le pudiera venir abajo a alguien, sin siquiera recibir lo mismo a cambio.

No vamos a juzgarla. No lo vamos a hacer porque sabemos que cuando se jura algo así, se hace pensando que la persona a la que le dedicamos nuestras promesas también estaría dispuesta a hacer lo mismo por nosotros si se diera la situación. E imaginate su sorpresa cuando vio que no.

Claro que le duele no haber sido fiel a sus palabras, claro que le quema haber quedado como quedan todos esos que dicen palabras ilusorias y se largan. Pero claro que también hay que quererse lo suficiente como para no serle fiel a la nada.

Y sigue siendo la chica que se corta el llanto sola, pero al menos ya no se queda esperando a que venga nadie a hacerle eso que ella estaría dispuesta a hacer, porque al menos ahora sabe que su felicidad solo depende de sí misma.

viernes, 9 de mayo de 2014

LLámalo 'despedida'.

A veces me viene el recuerdo de aquella noche en la playa. De aquel aire frío y de tu mirada helada.
De como rompimos el sonido del mar con nuestros chillidos y reproches.
Sabía que eso pasaría. Lo sabía. Me lo dije cuando noté que estaba dejando de ser yo, por mantener la idea que me había hecho de ti.

La voz de ahí adentro no dejó en ningún momento de serme sincera, pero decidí durante mucho tiempo ignorarla de la misma forma en la que tú ignorabas cada motivo que tenías para dejar de ser como eras, en honor a cada cosa que yo trataba de hacer por verte feliz (pero olvidé no olvidar que la gente no cambia, por mucho que así lo quiera).
Lo que no sabes ni tú ni nadie, es de cuando se iba el día y me tocaba quedarme a solas con ella. Y aún estando lejos de la marea, me hacía saborear la realidad, que en ese momento se tornaba como la peor agua salada que nunca antes había llegado a probar.
Ni yo misma me atrevía a admitir que cuando acababan mis días, sabían tan mal.

Recuerdo que no recuerdo nada más de aquella escena que el preciso instante en el que te escuché gritárme y dejé de callar. Fue ese el momento exacto en el que comencé a decir todas esas cosas que nunca quise. Quizá me había atragantado con todas esas palabras más veces que con tu polla. Sé que mis labios no las querían pronunciar por miedo a que tergiversaras la verdad y me pusieras en el aprieto de no saber que decir cuando te hacen olvidar de lo que querías hablar.

No te bastó con llegar y desordenar mi vida. Quedarte, y seguir haciéndolo hasta invitarte a echarte de ella cuando ya me habías dejado todo patas arriba, hasta mis piernas. No, no te fue suficiente.

Y a pesar de todo el daño que causaron esos años y de que después de ti el ron a palo seco ya no me sepa tan mal porque me acostumbraste a sobrellevar los tragos amargos. Aunque haya sido así y me haya quedado tanto por decir, aún sigo callando y mirando hacía otro lado cuando me hablan de ti.

No pienses (si alguna vez lees esto) que mi intención es la de de reclamarte algo, que yo de ti ya no quiero ni lo que alguna vez quise. Es sólo que esta es la única forma que encuentro de liberarme de cada trago que aún sigue quemándome por dentro.
Y antes de darte la gran despedida, agradecerte que no me complicaras tanto echarte. Sigo pensando que ponerlo fácil y no insistir en quedarte fue la cosa más grande que jamás hiciste por mí.
Gracias.

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