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lunes, 22 de agosto de 2016

—Dear darling.—


Fotografía por Stanley Kubrick, 1946


Darling, hay que acabar con este sentimiento
de culpa y desazón que no me deja ser.

En las tardes en las que se manifiesta y en las madrugadas
que se hacen medias mañanas
en las que aún trato de deshacerme de él.
Luego no se va, aunque lo aparente
y ya pueda levantarme y actuar como si nada.
Pero nada se convierte en todo cuando es vacío.

Necesito desprenderme de él, como de ti.
Del pasado que no te perdonas y de las personas
que no han dejado de doler.
No se puede querer a todo el mundo por igual.
Y yo te quiero,
pero a mí lado, otra vez, jamás.

Dear, ambas sabemos, nunca ha sido fácil
decirse adiós a uno mismo,
cuando se trata de reinventarse.

martes, 3 de noviembre de 2015

Ya no te es---.


No lo habrás notado, pero durante todo este tiempo, te he estado buscando. En las calles de otras ciudades. Arropada en el gélido abrazo de otro olor. En el invierno en el que te fuiste y en los que vinieron después. En las palabras que no dijiste y en las historias que abandonamos. Esas que aún  no se han cansado de acorrarlarme. A veces, en bares dónde suenan conversaciones y canciones que me ahogan en un botellín con sabor a ti. Otras, en noches de sudoroso insomnio.
He llegado a besar el placer en pieles distintas a la tuya, y en todas ellas, he creído verte a ti. Pero en ninguna estabas tú. Nunca estás. Nunca estuviste. Nunca recuerdo acordarme de lo mal que nos quisimos. Nunca querré hacerlo.
Te escribo para mí. Para decirte que todo este tiempo te he estado buscando, pero ya no. Te escribo para creérmelo, para profetizar que sucederá, que dejaré de hacerlo. Qué he dejado de hacerlo. Qué ya no estás en todas las miradas que acaricio. Ya no hay peros que valgan, ya no te es----, ya no.



domingo, 14 de junio de 2015

Tan sólo queremos ser escuchados.


Vía www.pinterest.com
¿No lo entiendes?
Si toda persona siente alguna vez la necesidad de escribir después de una ruptura, no es casualidad.

No, no te equivoques. No duele porque aún le quiera, sino porque aún no he querido a nadie más.

En realidad, no lo amaba a él. Amaba el tener a alguien que quisiera escuchar las bobadas que me pasaban cada día como si fueran lo más interesante que podía haber ocurrido en el universo.


Una persona que me miraba a los ojos como si en ese instante tan sólo importara lo que yo dijera.

Capaces de preguntarnos curiosidades absurdas que nos pasaran por la cabeza sin ese miedo común a ser juzgados por ellas.

Era distinto. Estar juntos se igualaba a ser quienes realmente eramos cuando tan sólo estábamos a solas con nuestra propia alma. Era real.

Él paraba su mundo por mí y yo estaba dispuesta a parar el mío por el suyo, si no me lo paraban antes sus besos.
Y eran esas sensaciones estúpidas la que me llenaban de ilusión y las que me hacían quererlo tanto como le quise. La sensación de que en un planeta como este que nunca se detiene, había alguien dispuesto a bajarse por mí.

No sé porque necesitamos tantísimo eso.  Quizá sea por el daño que ha causado el elevar la voz para decir algo y notar como mueren las palabras en la indiferencia de a quien se las mandas.

Indiferencia, por eso es lo contrario al amor. Por eso pocas cosas llenan tanto como esa, porque la mayoría de las veces todo se siente como frases muertas. Y el amor, al menos durante un rato, te hace creer que no. Que verdaderamente hay alguien que está escuchando nuestras ideas cuando alzamos la voz; para darles sentido, para darnos vida.

Al fin y al cabo, lo único que buscamos es ser escuchados.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Salir del mapa, darle la vuelta, romperlo.

 -Las cosas fáciles, con el tiempo, terminan aburriendo.

Quizá por eso, de entre todos, le volvería a elegir a él. 
Y el dolor, ¿dónde queda? Si es amor tiene que doler, aunque sea únicamente ante la duda del no saber qué será al principio, o hasta el final.
Los hay que vienen con fecha de caducidad. Otros me hacen "ver pasar" toda la que sería nuestra vida cuando me mantengo en silencio mientras me hablan; la casa, los dos hijos, el coche, el trabajo y toby.
Supongo que por eso todos esos me aburren, son cosas que ya sé que serán, que ya sé hasta donde me llevaran y hasta dónde no. 
A veces salir del mapa, darle la vuelta, o romperlo es precisamente lo que nos hace ir por el camino que queremos.
Por ello, si volviera atrás, si volviera al día en el que le conocí, si tuviera en mis manos el poder de elegir si haberle conocido como le he conocido, o no. Si me dieran la opción de elegir tenerlo cerca hoy aunque fuera de otra forma que no hubiera sido jamás la de compartir besos, sé que volvería a elegirle de la misma manera que ya lo hice.
Puede que fuera incoherencia, ansiedad y desesperación. Que aquello pareciera llevarme a un agujero negro sin luz ni salida. Puede también que siempre diera la sensación de estar apunto de terminar conmigo misma, pero sé que en lo difícil de toda aquella situación, había una parte de mi sintiéndose más viva que nunca.






El Juguete del Viento - Un post melancólico

Al ver la imagen volé a otro lugar. Uno que había olvidado transitar y al que dicen que uno no puede regresar. Pero no es cierto. Uno puede,...