Que tendrán los hombres con la mirada perdida, que tanto la pierden. Escuchando la música de una vieja radio y sintiéndose reina de la oscuridad en unos brazos que la sujetan con cigarrillo en una mano, y vaso de whisky barato en la otra.
Sabía que aquello no le convenía, pero sus piernas le fallaban a la hora de huir de aquellos ojos que cuando querían, podían desnudarla con la mirada.
Claro que quisiera no ser así y no conformarse con el falso abrazo que le fingen después de haberse dejado visitar las intimidades, pero ya era demasiado tarde como para no creer que aquella era la única forma de sentir ese algo de lo que le faltaba. Simulaba entonces no saber que un descuido puede hacer del roce, cariño. Y que el cariño cuando es roce, puede llegar a escocer. Pero bien que lo sabía. Tanto, que se le notaba en los "te quiero" que nunca dejaba que le dijeran.
Todo tiene un por qué, y el suyo fue una historia de la que ya solo quedan cenizas esparcidas por no se sabe dónde mientras suena Ride allí, dónde faltan ventanas que le iluminen la esperanza.
No estaban juntos, eran algo, pero ninguno de los dos se
atrevería a ponerle nombre ni a definir qué exactamente. Más que
nada, porque por mucho que buscaran, no encontrarían palabras para
hacerlo.
Es verdad que se veían, que se escribían hasta las
tantas de la madrugada regalándose horas de sueño mutuamente. Incluso,
alguna que otra vez se les ha visto escondidos por los callejones buscándose
los labios y besándose en todas las partes del cuerpo habidas y por haber,
siempre ocultos en la oscuridad dónde los puedan ignorar la mayoría de los
transeúntes que cerca de allí pudieran pasar. Hasta era sabido a
pesar de sus insistentes intentos por mantenerlo en secreto, que se hacían
otras cosas de esas que es mejor no contar. (+18)
Por todo esto, era normal que a veces se cuestionaran
seriamente sobre ellos, porque si bien no eran más que amigos, claro quedaba
que tampoco eran menos.
Y allí estaban, acomodados en un silencio de apariencia
infinita tras haber pasado un fin de semana de esos de sustancias ilegales y
otras cosas "+18".
Él conducía con la vista al frente. Ella miraba por la
ventanilla del sillón de acompañante como se iba desvaneciendo lo que quedaba
de tarde.
Al fin uno de los dos se dispuso a romper esa ausencia de palabras que les
había acompañado durante todo lo que llevaban de trayecto.
Fue ella, y un simple "te
quiero".
El chico, al escucharlo, dejó de mirar al frente para
clavarle su mirada penetrante (esa que la derretía y le hacía
olvidar todo lo que la rodeaba, casi por completo).
Tras unos segundos de observarla sin decir nada (como
quien piensa lo que va a decir antes de hacerlo), se dispuso al fin a
decir algo;
"¿Por qué dices que me quieres, chica? ¿es qué aún no sabes
que soy el tipo de chico que detestas?"
Ella sólo le miraba, como esperando una explicación.
Él prosiguió.
"Si de verdad me quieres, estaré en tu vida porque tú lo
deseas y no porque vaya a luchar por quedarme en ella. Pura comodidad la de no
irme. Ya sabes, seré ese que ni regala flores, ni dice 'te quiero', y lo que
es peor aún, ese que ni tan si quiera lo demostrará con hechos.
No, no te iría a ver
si me necesitases.
Tú no serías mi última
opción, pero sí algo parecido. porque yo soy mi principal preocupación y sé que
en el fondo sabes que no es nada nuevo lo que te digo.
Ves el fuego en el que te podrías quemar en mis ojos, y yo veo en los tuyos las
ganas de arder, y puedo jurarte que hay un deseo constante de que lo hagas,
pero no quiero tener que sentirme culpable de una situación futura a la que
sabías que ibas a arriesgarte desde antes de este momento. Porque
cuando me viste lo supiste, lo sé.
Yo no tengo porque
aguantar futuras discusiones, ni recriminaciones, nada.
Sé que con eso te lo
digo todo.
Así que, por tu bien,
no puedes querer a alguien como yo, porque querer a alguien como yo, es querer
al dolor y a la propia destrucción.
No lo hagas, no me
tientes a hacértelo y a hacerte pasar por eso"
Se volvió a hacer el silencio mientras seguían sin dejar de mirarse.
Cuando se quisieron dar cuenta; otro coche, todo al revés, sangre en sus
caras, fuego.
Al final los que terminaron ardiendo fueron ellos y no sus
pasiones futuras, esas que junto a sus preocupaciones pasaron a difuminarse en
cuestión de segundos, justo en el momento en el que cayó la noche y se apagaron
sus miradas (eternamente).
Entiende ahora, cariño, qué perder mi tiempo presente preocupándome
por uno inexistente, no esté en mis planes.