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sábado, 2 de julio de 2016

De la vida en la ciudad.



Estar, pero estar, para estar realmente en el sitio.
Porque muchas veces estamos,
pero es como si no estuviéramos.

Pasamos atolondrados por las calles de la prisa,
agonizados, sin detenernos si quiera a observar
y ser conscientes de dónde, cómo y quienes,
o quienes no.

Las manos adheridas a las pantallas,
los oídos aislados en otras realidades.

Los ojos invertidos en la rutina, los quehaceres
y la necesidad imperante
de aligerar el paso hacía ninguna parte.

Olvidamos que, estar por estar, detenernos,
y sentir nuestra absurda existencia
es una parte vital de la vida.

martes, 10 de mayo de 2016

Caminante, no hay camino.

Artwork by Jeremy Mann

Estas calles ya no les resultan desconocidas a mis ojos.
Pese a ello, sigue sorprendiéndome el alzar la vista,
ver tanto y tan aparentemente infinito.

Vidas y más vidas enjauladas en un misero cuadrado
en el que se superponen decenas de lascas,
como abejas en colmena, pero sin comunión alguna.

Ignoran su cautiverio.

Desde hace tiempo, no lo puedo obviar,
como lo obvian ellos.
¡Ojalá pudiera hacerlo!

Bastó el haber vuelto a ser consciente
del incesante bullicio de los coches que van y vienen,

pues no hay peor sordera
que hacer silencio
dónde no lo hay.

Necesito huir,
huir lejos, huir a la montaña,
dónde nadie ni nada, más que lo real, me rodeé.

Aquí solo hay vistas a ninguna parte,
ríos vacíos, mares infestados, tierra muerta.

Caminante, no hay camino.

martes, 24 de noviembre de 2015

Al son de la evasión.

Fotografía vía pinterest.

Ha vuelto a pasar.
Estaba ahí, bañada por la brisa del atlántico.
Podía mojar los labios en su sal,
sentir el calor del sol arropándome.
Estaba con ellos. Sonreía.
La ciudad despertó.
Me quebró la felicidad.
Eran las 8:15 de un día cualquiera.
Nada había pasado,
ni yo estaba allí,
ni ellos estaban conmigo.
Cuatro lúgubres paredes,
una panorámica de la urbe desde
la ventana de aquella séptima planta,
nadie más que yo.
Intenté volver a ellos.
Luché contra la verdad que
desmitificaba el ruido
de la frenética monotonía.
Me aferré a las sábanas.
Cerré la realidad.
La fingí.

El Juguete del Viento - Un post melancólico

Al ver la imagen volé a otro lugar. Uno que había olvidado transitar y al que dicen que uno no puede regresar. Pero no es cierto. Uno puede,...