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miércoles, 17 de febrero de 2016

Buscarse en el abismo.


1Precipicio o lugar de gran profundidad en el que no puede verse el fondo."Antes de caer en manos del enemigo se arrojó al abismo del despeñadero."
2Parte profunda del pensamiento o del alma que resulta insondable o incomprensible:"Es un espectáculo para tristes donde éstos pueden profundizar en el abismo fecundo de su propio ser".
6Según algunas religiones, lugar al que van las almas de las personas que mueren en pecado, sin haberse arrepentido de sus faltas, para sufrir toda clase de penalidades:según algunos estudiosos, Abbadón es el ángel del abismo o el mismo diablo.Sinónimo: infierno.
"After the Orgy" Cagnaccio di San Pietro  
 Es cierto, lo hice.
Me enredé entre sábanas con un hombre,
y luego con miles.
Revolví mis ideales, hasta volver a encontrarlos.
Y me encontré en la cama, con una mujer.
Bebí el doble las veces que no tenía sed
y me tragué hasta el trago más amargo.
Bailé hasta creer que se me romperían los pies.
Dejé de dormir por las noches,
empecé a observar a la fauna por el día.
Decidí nunca decirle que no a nada.
Avalanzarme así a cada piscina vacía
y a cada acantilado que me propusieran.
Me enamoré hasta sentir que dejaba de ser,
y fui feliz.
Dije adiós cuando me quería quedar "5 minutitos más"
y no me moví los momentos en lo que tan sólo quería huir.
Y aprendí. Aprendí tanto,
que sé que jamás me arrepentiré de nada.
Ni de lo bueno ni de lo malo.
Pues a pesar de la caída,
cada salto al vacío
me hizo sentir, en su estrepitoso instante,
extremadamente viva.

viernes, 1 de mayo de 2015

El truco de la vida.

Fotografía: Alejandra Vega Martín.

Aún quedaban dos horas, el puerto estaba a 15 minutos y yo como siempre ya andaba con prisas.
No sé en qué, pero me lo notó.
Se rió de mí desde el primer momento que me vio, y yo con él. Quizá por eso nos hicimos amigos tan rápido.
Colocó la maleta en el maletero mucho antes de que se lo pidiera y tan pronto como pude sentarme en el asiento de acompañante le dije el destino. No dejaba de reírse.
Debo admitir que los primeros segundos me confundía tanta carisma de una persona que parecía estar alegre sin un motivo aparente.
Era un día festivo, él trabajaba, y sin embargo, tan feliz.
A 12 minutos de llegar, me comentó que muchas veces cuando nos sentimos apurados, hacemos que sin querer los demás también se sientan así.
Me reí, le di la razón y traté de calmarme y disfrutar del trayecto, más por él que por mí.
Mi curiosidad por saber por qué trabaja un día como ese le llevó más tarde a preguntarme sobre lo que estudiaba.
A 10 minutos, se sorprendió, casi palideció al escuchar mi respuesta.
No entendía por qué entre tantas cosas avariciosas, yo había elegido lo que había elegido.
En otra época no tan lejana seguramente yo tampoco hubiera sabido muy bien el por qué, pero en ese momento lo tenía tan claro que no pude callar toda la pasión que sentía al hablar de aquello.
A 7 minutos, me confesó que el brillo y la seguridad que veía en mis ojos ya lo había visto antes, en los suyos.
Le encantaban los coches y conducir. Ir de un lado para otro.
Su mujer no lo entendía. Nadie lo entendía. 
Intentaba explicarlo, pero parecía que pocas personas le comprendían porque pocas eran las que se habían permitido sentirlo alguna vez.
La gente prefiere pensar que luchar por los sueños es algo ridículo que termina en fracaso, olvidando que el éxito se encuentra más en disfrutar del camino, que en terminarlo.
También me confesó que muchas veces lo que ganaba en un día completo de trabajo no era suficiente. Otras parecía que de repente venía la suerte. Que nada era predecible en ese negocio, excepto su felicidad al llegar a casa.
Me dijo que no me alarmara, que hasta él conseguía ahorrar y ver mundo al menos una vez al año.
Cuando quise darme cuenta ya habíamos llegado y ya estaba mi maleta en tierra.
Nos despedimos como si haber coincidido en la vida hubiera sido algo que tenía que ser para que luego pudieran ser otras cosas. Y muy felices por ello.
Y allí estaba yo, con mi maleta, tan joven y tan llena de ganas de vivir. Olvidando la realidad que nos reprime y dejando volar las ganas. Sabiendo mejor que nunca que encontrar algo que nos apasione y aferrarnos a ello, es el verdadero truco de la vida.

El Juguete del Viento - Un post melancólico

Al ver la imagen volé a otro lugar. Uno que había olvidado transitar y al que dicen que uno no puede regresar. Pero no es cierto. Uno puede,...