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sábado, 29 de octubre de 2016

Querer por querer desaparecer.



"El amor es el anhelo de salir de uno mismo" 
 balbucean páginas absurdas con fotos sobre el amor y la felicidad. 
Ellos no saben, los que le dan "like" menos aún.
¿Sabrán, al menos, quien fue Baudelaire? ¿Lo sabré realmente yo? -no lo creo.-


Empty people por Lesley Oldaker.


Nosotras habíamos intentando salirnos tantas veces de ese sentimiento y responsabilidad que es ser uno mismo, que algunas veces ni volvimos. Y eso que en realidad seguíamos siendo, pero sin ser conscientes de ello. Nos omitimos de nuestro propio cuerpo, de nuestras propias decisiones. ¿Quien manda aquí? No sé, yo no, ¿Qué quiere él? ¡Ah! entonces eso es lo que queremos nosotras. 

Vestíamos para otros, nos arreglábamos para otros, y hasta sin darnos cuenta, eramos presas del miedo y la inseguridad que nos inculcaban otros. "Eso nos acercará" pensábamos "a su amor."
Pero en realidad, más que acercarnos, nos alejaba del mundo. Eso es lo que pasa cuando uno se reprime de sí mismo, y vive sintiendo lo que otros quieren que sienta, haciendo expresamente lo que le manden, lo que necesiten, lo que le distrae y le hace olvidarse de sí. 

Y según iba pasando el tiempo, la vida y el romance, el yo se iba haciendo más chiquito, casi casi hasta desaparecer de ahí dentro. Eso fue lo que nos pasó. Hicimos las maletas de a poco y nos fuimos desviviendo por otros, sin saber, literalmente, que por esa manera tan injusta y egoísta de dar amor, acabaríamos moribundas. 

¿Injusta? ¿Egoista? ¿Para quien? ¿Para el yo? 
No. Injusta y egoísta para el otro, que nunca es quien uno es, y sin embargo recibe la enorme responsabilidad de ser el centro de todo un mundo, su sostén. Y pierde, el pobre -o la pobre- desgraciado/a que sea "el otro" la bonita oportunidad -para nosotras, la única que merece la pena- de conocer a alguien en su veracidad, por ser nada más y nada menos que todo lo que es. 

Eso se está perdiendo en lo efímero, eso se está perdiendo en el querer por querer desaparecer. 



It takes a lot to give, to ask for help

To be yourself, to know and love what you live with

It takes a lot to breathe, to touch, to feel

The slow reveal of what another body needs.


domingo, 23 de agosto de 2015

Hay demasiados "no" presentes.

Vía: https://www.pinterest.com/pin/528258231264899647/

Encontrarme conmigo, es verlo todo tan claro, que oscuro. Hay quienes no, pues huyen de sí mismos. No desean pensar en la verdad ni mucho menos darle carácter de realidad. Los envidio.
Odio no saber como frenarme los pensamientos. Sentir el descarrilamiento que me causan. Ojalá observar el mundo con esos ojos y no con estos, que no aguantan respirar una era de tener mucho y sentir poco. 


Relato seleccionado en el I Concurso de Mircrorrelatos Románticos "Porciones del alma."
Forma parte de la antología que lleva el mismo nombre. 











domingo, 26 de julio de 2015

La curiosidad no mató al gato.

Por Alejandra Vega Martín (Vmartín)

Sus ojos café despertaron algo en mí.
Me miró y lo supe.
Era de aquellos a los que yo también debía pertenecer.

No era integrante de una banda rock, ni un ejecutivo importante.
No era, aparentemente nadie. Pero en el rato que charlamos, nos dimos cuenta de que las mejores personas, tampoco lo son.
Presumía de no saber nada, pero yo tampoco estaba segura de saber algo.

¿Y qué tenía él que no habitaba en ninguna de las otras almas con las que me había topado aquel día?
Simple curiosidad. La clase de curiosidad que crea inconformismo en uno mismo.

Le brillaban los ojos tanto como a un niño de 4 años le pueden brillar. Él también quería saber, el tampoco dejaba de preguntarse "¿por qué?" 
Parecía no bastarle con que le ordenaran adaptarse, ansiaba desordenar su incomprensión hasta entenderla.

Sin querer o queriendo, me contagiaba esas ganas de preguntarme cosas, de conocer y ser. Pero sobre todo, ganas de vivir por el mero sentido de tratar entender lo que es realmente la vida.

En algún que otro silencio, se quedaba absorto, admirando.
Observaba. Me observaba a mí y al camarero. A la señora situada detrás de la barra. Al hombre que leía el periódico en la mesa de enfrente. A la gente que pasaba fuera del bar.

El mundo parecía entonces penetrar en sus ojos, pues lo reflejaba y le brillaban aún más.

De vez en cuando me invitaba a entrar en su reflexión;

"Parece que las personas viven con miedo de estar a solas consigo, por temor a sí mismas y a lo que se pudieran llegar a decir." 


No hubo respuesta a aquella sentencia. Tomé un tragó que la callara. Necesitaba guardármela para mí.
La envolví en papel de regalo y me la tragué en otro trago.

Me había dado cuenta, al fin, de que no quería ser como esos cobardes.


Sobre la curiosidad: http://www.buffalo.edu/ubreporter/archive/vol34/vol34n7/articles/Curiosity.html


martes, 14 de abril de 2015

"Entre tener la razón y ser feliz, elijo ser feliz."

Fotografía: Henri Cartier-Bresson.
Es como si con el tiempo se le diera más importancia a cosas que en realidad no la tienen. Gilipolleces, vamos. 
Porque pareciera que cuanto más mayores, más miedo y más apego a esa maldita manía de ver lo malo por encima de lo bueno. 
Con el perro eso no pasa, no hay rencores, y será por eso que se le considera el mejor amigo del hombre.
¿No lo notas? Estamos pasando por una crisis, sí, pero de personas. Personas inseguras de sí mismas que se muestran y se relacionan inseguras con los demás.
Parece que pocos son los que se acuerdan de cuando eramos pequeños. Discutíamos y en lugar de darle mayor importancia, continuábamos jugando, porque entendíamos mucho mejor que teníamos algo superior a la posibilidad de tener la razón, teníamos un amigo.

lunes, 5 de enero de 2015

Ilusión: arma de doble filo.

New Year’s Eve 1959. Times Square, New York. By Henri Cartier-Bresson.
Ibas caminando por la calle y los has visto hacer lo mismo que tú hiciste alguna vez con alguien. Otro tiempo, otra situación, otros protagonistas, pero siempre la misma gesticulación. Tontas miradas cómplices acompañadas de sonrisas.
Los has visto, lo sé, y has bajado la cabeza para dejar de verlos.
Luego has pensado un "uff, están en todas partes, es lo peor de la navidad." O peor, lo has dicho.
Déjame decirte algo que sabes pero que tú mismo no te atreves a decirte.
No es que sientas un profundo rechazo a la idea de tener pareja cuando los ves tan tiernos de la mano. No es que esas personas te den náuseas por quererse tanto en público. No es que odies salir en navidad porque las veas tan dulces que empalagosas en todas partes. No es que hayas decidido vivir de otra forma porque esa no te resulte la adecuada. No. Si de verdad pasa algo, es que tú quisieras estar como están ellos, pero no te atreves.

viernes, 17 de octubre de 2014

Frío.

¿Sabes? después de habernos acostumbrado a que nos quieran mal, sospechamos que todo el mundo tenderá a hacerlo igual. Desarrollamos casi sin querer un mecanismo para encontrarle los fallos a todo aquel que quiera tenernos a su lado. Casi sin darnos cuenta nos vamos enfriando. Lo callamos, huímos. Y sólo se da cuenta nuestra voz interior de lo que nos pasa. Esa, la que peor nos habla. Quizá es parte de esa manía que tenemos los corazones apagados de temer que vuelvan a saquearnos lo poco que nos han dejado.
Al principio todos somos muy ilusos, muy crédulos. Después, cuando aprietan el gatillo y sufrimos las consecuencias de haberlo sido, todo cambia. Le damos la vuelta a la tortilla por completo, pero mal. Ya no nos permitimos sentir, ya no nos fiamos. Ayudamos a matar al ápice de ilusión que sobrevive y con ella a nuestra propia alma. Ya sólo vemos esa mano que han bajado más de lo que debían, o esas intenciones que olvidan preguntarte como te ha ido el día. Nos vamos dando cuenta de lo que es el amor y de lo que no. De lo que lo diferencia del sexo. De lo difícil que es encontrar algo valioso y de que seguramente valga muchísimo más la pena estar sólo que con un corazón que nos haga sentir más congelados de lo que ya estamos.

martes, 7 de octubre de 2014

Habla con desconocidos.

Hay tantas personas que tienen vida pero que no saben usarla.
"No hables con desconocidos" dicen. ¿Por qué no? Digo. ¿Habrán pensado antes de decirlo sobre el qué sería de la humanidad y de nosotros mismos si nunca nos hubieramos atrevido a hacerlo? si nunca hubieramos preguntado un nombre a una persona al azar.  Soledad.
Romper el hielo, lo establecido, la estúpidez. Hipócrita quien finja no querer hacerlo.
Porque a veces coincidimos sin más y parece que hacemos como si quien está ahí y su historia, no estuvieran. Desviamos miradas. Fingimos leer el whatssap con interés y esas cosas que ya sabes.
Podríamos hacer el mundo un poco menos frío, sólo hay que saber a quien hablarle siendo consciente de que se le puede hablar a todo el mundo.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Desmaquillar los tópicos de la vida.

¿Sabe? Perfección y belleza están indiscutiblemente ligados. Sí, sí, ya he dicho que usted lo sabía.
Pero deténgase, piénselo mejor. 

Si el mundo fuera perfecto no tendríamos nada que hacer. La economía se iria al garete; ¿A quien le venderían los batidos de proteínas? ¿Qué sería de los gimnasios? De las peluquerías o de las marcas de ropa que se forran vendiendo prendas que hacen milagros. O de todas esas otras empresas que venden cualquier cosa para hacernos más guapos. ¿Lo ha pensado? pero no sólo se centre en nosotros, en lo físico. Quitemos el egocentrismo habitual y vayamos más allá. ¿Qué pasaría si nadie necesitara electricistas? ¿Qué pasaría si no tuviera que comprar cada mes esa dichosa bombilla que se gasta cada dos por tres? Si los objetos fueran tan perfectos que perduraran en el tiempo. No haría falta renovar nada que comprase, ni ropa, ni zapatos, ni... todo se iría al garete, TODO. Si el mundo fuera perfecto, solo nos duraría unos pocos días.


Además, sería tan aburrido. ¿De que nos quejaríamos entonces? ¿De que chirriarían los viejillos que se montan tertulias callejeras? ¿Qué criticarían las señoras que no tienen nada más de lo que hablar? Si fuera un mundo perfecto, si todo sucediera como tuviera que suceder, ¿cuantas cosas no aprenderíamos por hacerlo mal? por equivocarnos. Medítelo, adelante.

Todo  nuestro mundo gira entorno al intento de alcanzar la "perfección", "la belleza de las cosas" pero si la tuviéramos, ¿qué demonios haríamos después? ¿Entiende lo que le digo?

Quiero que piense en la belleza y la perfección, en aspectos generales. Es decir, no sólo la conocida en estos tiempos si no la belleza como ya se la han planteado otros (filósofos o no filósofos). El saber, lo natural, la verdad. 

Porque la belleza y la perfección son todas esas cosas también, no se olvide usted de eso. Ni de que cuando intentamos alcanzarla, pierde su esencia. Mire si no a las que se operan siguiendo un esquema erróneo. Cuando las ve con esos flamantes senos como globos mal hinchados listos para exhibirse ¿realmente cree que es algo natural? ¿Realmente ve belleza en eso? Cree que una mujer (o un hombre) con complejos se juegue la vida en un quirófano para cualquier tipo de operación que la acerque a esa idea absurda, ¿merece la pena? Si lo cree así, quizá, usted y yo, no nos llevemos tan bien.

Y ya no es belleza, ni mucho menos perfección, es un intento estrepitoso de conseguirla que deja claro la falta de amor propio. Algo que considero más valioso y perfecto que lo que puedan pensar de uno mismo por no ajustarse a los ideales.

Quererte, aceptarte tal y como eres. No necesitar nada más que lo que tienes. La belleza, la confianza en uno mismo. La verdad, encontrar palabras sinceras en alguien. La naturalidad, la vida y el saber vivirla con sus fallos y sus espinas. El interesarse en conocerla y reírse al darse cuenta de que por muchos intentos que se hagan, nunca se sabrá lo suficiente de ella. No saber como tomarse las cosas y elegir hacerlo con humor. Esa, esa es la verdadera perfección.

sábado, 6 de septiembre de 2014

No seas ese alguien.

No me lo nombres más. No me cuentes dónde lo has visto ni con quien, no quiero saberlo. O sí, no sé. Es extraño. Supongo que es inevitable sentir esa necesidad de saber como le va la vida a alguien que antes formaba parte de la tuya. Pero saberlo me hace daño, así que cállalo. Pensarás en lo triste que es ver así de separadas a dos personas que antes estuvieron tan juntas, lo sé. Yo también lo pienso. Me lo notarás en lo que callo y en lo que te pido que no digas. Al menos, cuando yo esté delante. No, no es que le siga queriendo, pero no lo hagas. ¿No lo entiendes? Mira, su recuerdo es como ese sonido molesto al que te acostumbras cuando lleva mucho tiempo sonando. El mismo sonido molesto que olvidas que está retumbando en tus oídos, hasta que alguien te lo recuerda. Sólo te pido que no seas ese alguien.

viernes, 20 de junio de 2014

Piensa, luego cae.


Cargaba sobre sus espaldas unos cuantos daños cuando sintió que la juventud que le acababa de comenzar no evitaba que se sintiera vieja. 
Recordaba las palabras descuidadas pero sinceras que alguna vez le había soltado algún amigo. No dejaba de pensarlas, darle vueltas, y marearse. 

Ya se había dado cuenta de que a veces parece que te apagan el brillo y te rompen las ilusiones, y es como si esos años jóvenes perdieran su esencia de ser. Como si les quitaran la banda sonora a la vida, la arrugaran hasta hacerla una bola y la tiraran a esa papelera que ya se había encargado ella de llenar de desesperaciones y cosas que siempre se quedaron a medio hacer. Entre el si y el no, y el "no tiene lo que hay que tener". Y es lo que no le deseamos a nadie lo mismo que la rodea. No sólo el desorden de su cuarto sino también, el de sus ideas. 

Cuánto mal a hecho el querer y que sobrevalorado está a día de hoy. Porque lo ofrecen como si siempre viniera a ser buena música, pero nadie habla de cuando se va y te das cuenta de que lo que te han vendido es pura música comercial. Porque al igual que ella, todos vamos a dónde el amor y nos apostamos por él cualquier cosa que tengamos encima en ese momento sin conocer bien las probabilidades reales que tenemos de quedarnos sin ello. Y luego pasa lo que pasa, eso que le pasó.
Es como cuando lloras sin saber por qué, pero aún así no puedes parar. Es como cuando te ahogas pero sin agua ni nadie que te pueda salvar. Es un dolor únicamente conocido y sobrellevado por quien lo padece. Era eso, lo que la afligía cada día desde hacía ya 196. 
Sintiendo la presión que se tiene cuando se cree llegar tarde a algún sitio, cuando creemos que todo lo hacemos rápido y mal, y eso mismo nos lleva a dejarnos olvidado el sueño atrás.

No era capaz de quitarse ese sin vivir de encima, aunque jura y perjura a voces interiores que lo ha intentado de todas las formas habidas y por haber. Siendo consciente de que no hay nada peor que fracasar para uno mismo, y apagandose aún más por ello. A pesar de estarlo más que las luces de su cuarto, nunca nadie se lo notaba. Era como si sonriera más y le riera el doble las gracias a la vida, pero al quedarse a solas con la soledad dejara de tensar la cuerda, se le escapara de las manos y el desequilibrio interior se encargara de hacerla caer hacía un vacío lleno de miedos. Uno dónde teme no volver a sentir nada de lo que en alguna historia pasada creyó sentir. Uno dónde huir de los demonios propios fuera cosa imposible. Vacío dónde no existe música.

"La ausencia de sonido es la depresión querida, es la depresión".




miércoles, 11 de junio de 2014

Sin más.


Hay días de sólo querer salir a solas contigo misma. De pasearte a observar el mundo. Días de dedicarte caprichos porque sí, porque (te) quieres. 

Aquel día era de ese tipo. Se me apetecía dedicarme algo caliente y un dulce de esos cremosos que suelen tener en aquel café. 
Me encanta ese sitio. No sé si es por las fotos de artistas y la buena música que lo acompañan, si son esos asientos rojos encajados a la pared que rodean las mesas y que tanto me han gustado desde siempre o si es el hecho de que suele estar vacío de ese tipo de gente que resulta algo incomodante. O todo. No lo sé, pero desde que lo descubrí ha sido mi locus amoenus para cuando quiero meditar y relajarme sin más compañía que la mía. 

Hice sonar la campana de la puerta, me dirigí a la derecha de esta y me senté en el segundo sillón de la primera mesa que encontré. 
Me atendió el simpático camarero que ya lo había hecho las otras veces que me había pasado por allí. Creo que para entonces ya se había familiarizado conmigo porque me preguntó si querría lo de las otras veces, a lo que asentí tímidamente. 

En menos de 5 minutos ya estaba baňando mis labios en una espumosa taza de chocolate con el periódico de la semana pasada delante, pero no me importaba, ese tampoco lo había leído.

Me dio por mirar el horóscopo, y admito que no creo mucho en esas cosas pero ese día sentí curiosidad. Ponía algo sobre que uno de esos siete días tendría lugar algún suceso inesperado que podría cambiar el rumbo de los acuarios, y me reí. En seis días no había pasado nada así y el último día de esa semana no parecía que fuera a ser distinto.

De pronto sonó la campana de la puerta y aparté casi inevitablemente la mirada del papel.
No esperaba a nadie, pero alguien llegó. 

Sonaba The way you look tonight cuando esa chica de cabello castaño y piel perlosa se sentó en el primer sillón de la mesa que me había dado por elegir. 
Me quedé perpleja. Juraría que ni me vio al hacerlo. 
Parecía asustada, no dejaba de mirar hacia el extremo del local que se situaba tras su espalda. 
Estaba tan desconcertada que no me atreví a decirle nada. 
En una de esas se dio cuenta de que la estaba analizando, o igual le empezó a doler el cuello, quien sabe. Pero me miró. 

Las personas que tienen colores de ojos llamativos suelen dejarme embobada tan sólo observándolos. Ella los tenia  azules y no pude evitarlo. 
Desconozco cuantos segundos me pasé mirándole el iris hasta que habló, pero tampoco es importante saberlo. 
El caso es que abrió sus labios rosados y carnosos para disculparse. Luego, sin que yo dijera nada, me contó lo que la había llevado hasta allí, como quien se ha retenido calladamente tanto algo, que ya no puede aguantárselo más y se lo libera a cualquiera.

Hubo un momento de la conversación en el cual nos desviamos del tema y sin querer empezamos  a hablar de cosas que ni recuerdo, pero es curioso porque creo que hasta le hice olvidar lo que la había hecho adentrarse en aquel local. 
Perdimos la cuenta de las risas y las horas que se nos habían pasado.
Me vi obligada a pedir alguna otra cosa más al camarero para así disimular lo que realmente me hacía no querer irme.

Hablábamos y la distancia de esa tabla que nos alejaba se iba haciendo a cada palabra más y más corta.

Me rozó la mano y casi me para el mundo. Aunque de alguna forma ya lo había hecho al hacerme perder la noción de la vida por tanto tiempo seguido. 

Todo perdió su encanto cuando miró su reloj y me dijo que tenía que irse. Mi cabeza no pudo evitar pensar un "quédate un poco más", pero no me atreví a decirlo, aunque si pude notar en su mirada que ella tampoco quería hacer sonar la campana de aquella puerta para no volver a ese instante ya nunca más.
Lo confirmé cuando se abalanzó sobre la poca distancia que ya nos separaba hasta llegarme a los labios.

No quiero hablar de como reaccioné porque todo aquello estaba siendo demasiado extraño, o quizá impredecible, pero también increíblemente mágico.

Pedí la única cuenta que me tenían al contado mientras la veía deslizarse para salir de aquel asiento que al igual que yo, también la vería darse la vuelta para dejar de hacer de ese día, recuerdos. Aunque también le dio la vuelta a todo. No sé si me explico.

Antes de que se perdiera entre la multitud me atreví a preguntarle cuándo la volvería a ver, a lo que sonriendo me respondió: 
"algún otro día inesperado, en cualquier otro lugar al azar".

Se marchó de aquel café dejándome un sabor agridulce en los labios y mil preguntas para las que aún no he encontrado respuesta. Se marchó, pero permaneció en mi cabeza de camino a casa toda esa noche, y unas cuantas más.


lunes, 2 de junio de 2014

Buenos días, insomnio.

Que incómodo cuando se te mete un "quiero" entre ceja y ceja y ya no hay quien te lo saque, más que tu mismo. Que incómodo porque te ves obligado a darte de palos contra la realidad, a abandonar la ilusión y la esperanza, y a dejarlas botadas en  alguna estación por la que al parecer, no va a pasar ningún tren. 
Esperabas por algo que nunca iba a suceder. "Estúpido" te dices. 
El poco alisio de honor que te queda viene dado por el saber que no has sido el único que se ha visto aguardando por alguien que no pensaba sucederle. Por lo visto, cada día somos más los que nos quedamos a dos velas en un banco dónde todo es oscuridad, menos el que sujeta todo el cariño que quiere dar. 
Ya veis, eso de lo que os hablo, es la única droga tan fuerte capaz de hacerte ver todas esas ruinas, como si estuvieran encendidas, como si no fueran lo que realmente son. Porque el amor tiene esa manía de distorsionarnos la realidad, las ideas y la propia razón. De hacerte creer que un corazón herido, puede volver a palpitar sin el miedo a otra derrota y al no salir ileso, como haciéndote olvidar que en un mundo donde existen miles de millones de dos que se dan de eso, también existe el fracaso. Y te darás cuenta, una vez más, mientras te golpeas contra la realidad y te mojas la cara en sudorosas noches de insomnio. 
Pero no te preocupes, es bien sabido que el palpito que se ha mantenido latente tras mil derrotas, podrá seguir latiendo durante otras mil más. 
Es nuestra naturaleza, la de amar.


sábado, 31 de mayo de 2014

De ríos incontrolables.

A veces sencillamente pasa. Se te mete una tristeza afilada en los ojos y pincha las balsas de todo lo que en ellos retenías. 
Algunos te llamarán débil en voz baja, otros te abrazarán fuerte sin entender que te pasa.
Los tontos te preguntarán sobre lo que te ha hecho perder el equilibrio, como si no supieran que cuestionartelo hace que te tambalees aún más. 
Los inteligentes son esos que tan solo abrazan. Pero sin abrasarte a preguntas. Sí, es probable que se limiten ante la duda del no saber que decir, o el miedo a como pueda sonar cualquier cosa que salga de sus bocas, pero de cualquier forma, aciertan. 
Pasa que en esos segundos o minutos tan sólo deberían existir abrazos. Porque no hay nada como que te hagan sentir que hay un hombro dónde poder sostenerte cuando ni tu mismo puedes. O algo así.
Y vale, llorar puede que sea de gente frágil pero, ¿y que hay de cuando estás haciéndote un río delante de todos, casi sin poder evitarlo, y te da por reírte de ti mismo? 
Así, con las penas al aire y las heridas abiertas al público, como diciendo "yo también soy humano, lloro y me rio de mí por hacerlo", ¿es que no saben que es así como uno entiende para sí que es más fuerte de lo que pensaba?
Al final hasta parecerá que agradeces los golpes y los palos de la vida, por hacerte ser como eres.

viernes, 30 de mayo de 2014

Deja el móvil y hablemos de realidades.


Es como cuando desplegas las cortinas y te dices a ti mismo eso de "otro día gris". Como si ya no te sorprendieran y te pareciera que, aparentemente no fueran a cesar a no ser que un milagro ocurriera. Allí, dónde todo parece no ocurrir. Pero creer en milagros es el sustento de los pobres, de los perdidos, de esos que por no saber afrontar lo que tienen ante sí, huyen sumergidos en falsas esperanzas.

Digamos que hoy no está el día como para engañarse. Porque hay días que son puro frío sincero, de esos que nos hablan de todo lo que ocultamos. Todos esos miedos. Todo lo que hacemos y no sabemos si deberíamos haber hecho, o no, pero que hicimos de igual forma.
Las inevitables dudas del no saber. Las mismas que tienden a hacer que nuestro pienso de casi cada día sea el preguntarnos mudamente algún que otro "¿por qué?" 

Lo malo viene dado cuando ni tú mismo sabes como responder, pero sólo te preguntas a ti. Así, como tratando de creer inútilmente que es dónde puedes encontrar una respuesta certera. Ahí, dentro de todo ese huracán de emociones que podemos llegar a ser, aunque nadie nos lo note.
Tampoco sería rentable que lo supieran. Chillarlo todo a los cuatro vientos solo haría que nos rebotaran las penas.

Podemos llegar a estar hechos de "no saberes", de "sies y noes" que se contradicen mutuamente, y que por poder, pueden llegar hasta a hacer escombros al que se las da de persona segura. Porque lo hacen, casi todos, lo fingen. O al menos, muchos son lo que lo intentan.
Es tanto lo que se nos puede llegar a notar en los ojos cuando silenciamos nuestras cosas de cara al mundo, mientras de espalda nos las estamos gritando a nosotros mismos, que suele quedar en eso, intentos.

Tal parece que el mundo cada día se nos resbala un poco más en lo inhóspito y húmedo, independientemente del clima. Ya nos hemos acostumbrado a ver este sitio como un lugar inseguro. Hasta nos hemos acomodado a la idea de que no haya quien ayude a levantarnos las miradas de ese tipo de cosas que nos recorren la mente de puntillas.

Es normal que pase, porque ya es como que agota no ver sinceridad más que en ti mismo (o a veces ni eso). Que falte la sonrisa de un desconocido al cruzar una calle o sentir que te dan ese ánimo que debilita tus ganas de cansarte y aumenta las de seguir en pie.

Vivimos en un mundo lleno de humanos, pero ¿dónde quedó la humanidad?

Actúan como si no les alegrara que alguien les dedicara algo de sí, sin más. Sin venir a cuento. Cómo si sentarse en el autobús y no entablar conversación con nadie fuera lo que quisieran. O no ayudarse cuando la situación lo requiera. A lo mejor tanto teatro estaría mejor sobre un escenario.

Y es como que el día esta nublado y frío en casi todo el mundo, pero todas esas cosas te hacen pensar que quizá, la gente que lo habita, lo esté aún más.

"Nos" propongo cambiar esta realidad.

martes, 20 de mayo de 2014

Y sólo ser.


Puede ser la misma sensación que te haga volar alto, la que segundos después te precipite hacia lo amargo. Porque puede ser así. Porque existe el miedo y es la peor arma jamás inventada. La que más destruye, la que más mata. La peor influencia, la que siempre te lleva a perder cuando no quieres perder nada.

Curioso es también, que eso que te haga sentir en algún momento tantas ganas de comerte a alguien hasta lamer el mundo sobre el que se encuentra, sea lo mismo que a veces te quite el ansia de todo, menos del chocolate. A ese es al que más acosas cuando sufres una derrota, o cuando padeces un no sé qué de esos de 'qué se yo'.

Porque a veces los hay que me preguntan por el amor, sus raíces y  sus desembocaduras. Porque se han dado cuenta de que besar una boca no es todo, ni suficiente. Y ya sé que preguntan más por ellos mismos que por nadie, lo sé. Pero lo hacen.

Y yo solo acierto al decirles que el amor es como un arma de doble filo. Qué no se clava a nadie queriendo (aunque puede ser que no te quieran),  pero que de no saber manejarla, se pueden derramar muchas gotas de sangre. Porque aunque los haya que traten de disimularlo, ya está demostrado que el corazón es el órgano más frágil del cuerpo. De todos los cuerpos.

Pero que no hay por qué alarmarse, porque creo que es verdad eso, de que el amor tiene complejo de vino añejo. Y que mejora con el paso del tiempo.
Pero no olvidemos que para ser añejo, antes hay que no serlo, y solo ser.

sábado, 17 de mayo de 2014

Lo inevitable.

Le temo a ese cuarto de segundo en el que la vida deja de hacerse camino y desvía su rumbo hacia lo desconocido. 
No por mí. No por mi miedo a la penumbra o la claridad que pudiera venir tras ella. No por la posibilidad de que mi esencia desaparezca, sino por la posibilidad de que lo hagan las suyas. 
No me importaría que mis días dejaran de ser, con tal de no vivir encharcándome en recuerdos. Sé que hasta leído suena egoísta, pero también sé que sabes de lo que hablo. 
Qué nos puede faltar todo, hasta nosotros mismos, con tal de que no lo hagan ellos. Y que no sé tú, pero yo a esas ausencias si que las miro desde el miedo.

viernes, 7 de marzo de 2014

(voz en off)


A veces estás en un sitio, pero tu cabeza, tus recuerdos tus emociones, esas, esas están en otro. Otro lugar, otro momento, otras personas que jamás volverán. Un instante que no regresará, que vivirá en tu cabeza hasta que creas haberlo olvidado y que morirá cuando caigas tú y todo aquel que lo haya vivido contigo.

Y es en esos momentos en los que sientes que tu mente no está dónde tiene que estar, cuando más desearías no estarlo realmente, que si de ser posible pudieras adentrarte en ella y revivir una escena ya vivida como si volviera a ser verdadera.
Unos lo llamarían perder el tiempo y desaprovechar la vida, otros lo llamaríamos perfección.

Si algo es cierto, es que tampoco podemos vivir en el pasado, anclados a la nada, esa que ahora solo es visible para quien la haya vivido. La misma que podría cegarnos hasta no dejarnos ver las nuevas oportunidades que se nos presenten en el aquí y ahora. De esas de salir ahí afuera y crear otras buenas escenas sin planear si quiera el hacerlo, solo dejándote llevar.

Y aún siendo conscientes de todo esto, a veces preferimos vivir haciéndolo en los recuerdos. Atrapados en ellos. Buscándolos por las calles. Visitando los lugares dónde alguna vez estuvimos creándolos cuando nuestra situación y hasta nuestra propia persona, eran otra.  Tanto, que resultaría cualquier desconocido si se nos presentara ahora.

Y es así, solo se apetece pararte allí, recreando en ello lo que nadie más puede, todos esos momentos que no hace tanto fueron algo más que un simple recuerdo y sabiéndo así una de las muchas historias que los demás ignoran y que allí se dieron. Porque todo lugar que se precie (o no), guarda muchas de esas, la mayoría triste y unicamente conocidas por sus protagonistas.

Sabemos que tarde o temprano se dejará de hacerlo y se volverá al carpe diem que ya nos acompañaba en aquellos tiempos, pero para estos días fríos, muchos elegimos pasearnos por esos espacios, dónde se detiene nuestra mente pensando que alguna vez pudimos sentir justo dónde nos encontramos, que el mundo se nos había parado.

Y te darás cuenta, si como yo te paras a reflexionarlo, que no merece la pena crear ese tipo de sonrisas con personas que un día no estarán a tu lado (por propia ignorancia) para rememorarlas.


lunes, 3 de marzo de 2014

Cold days.

Normalmente lo hace sobre la misma hora, minuto arriba, minuto abajo,  y ya hasta asocia pasar por allí una vez en semana con verla. Siempre ubicada en la mesa de la pared. Solitaria. Junto a la vidriera de cristal, esa que le permite verla desde fuera con su café.
Inevitable se le hace al mover sus piernas por la acera el pensar si está ahí sola porque está esperando por alguien, o si por el contrario lo está por haberse cansado de esperar.
Qué si por preferir, quizás prefiera la soledad.
Y sigue en su paso cotidiano, no planeando acercarse nunca a preguntarle pero sí siendo consciente de que si por un casual un día deja de verla, la pregunta de que habrá sido de ella, le rondará la cabeza aunque así no lo quisiera.

jueves, 23 de enero de 2014

Quien fuera gato para no tener que pensar tanto.

Y quieres pensar que merecerá la pena, que serán las ideas que esperas las que te sostengan cuando la verdad intente hacerte colisionar de mala manera contra ese suelo duro que a veces puede llegar a ser la realidad. Pero seamos claros, aunque quieras, sabes que no puedes fiarte. Y quien se fía, aunque no quiera admitirlo, sabe que lo hace sabiendo que no debería hacerlo y que tarde o temprano acabará chocando de lleno contra el duro fondo que ha intentado ignorar.

Ahora, al haber dicho esto, hago como todos y me adelanto a los hechos. Porque no lo ha dicho aún, no le has preguntado, pero lo sabes, porque te has tomado la molestia de buscar dónde saberlo. Y es cuando lo dice, justo mirándole mientras te lo esta diciendo, cuando crees saber que la realidad que nombra no es la real sino otra que no esta hecha para que tú te la creas. Es en ese preciso instante cuando te preguntas si debes dar un paso atrás para coger impulso y lanzarte al vacío o si dar un paso atrás pero para marcharte.

Dicen que nunca sabes cuando puedes estar o no equivocado y que a causa de eso no puedes juzgar del todo a quien conoces de poco, que debes olvidar los miedos porque la idea de elegir la elección equivocada no debe frenarte, que por intentarlo no se pierde nada pero que si no lo intentas puedes perderlo todo.
(Olvidan que perdemos tiempo y horas de sueño)

(¿Es la sinceridad la que acompaña al sonido que crean sus palabras o son sólo parte de un plan lleno de artimañas que acostumbra a usar para arañar y engatusar gatas?)

Si alguien nos hablará claro, ese será el tiempo.


Un mar de dudas en el que no sabes cual de ellas terminará siendo hecho y acierto. 

domingo, 12 de enero de 2014

Y así fue.

De cada día que pasaba, le dedicaba sin quererlo un tiempo a recordarlo, y según transcurrían las semanas se iba preguntando más y más como podía haber sido tan tonta, como pudo no haber puesto antes punto final, pero siempre llegaba a la misma conclusión; "no lo sé, no lo sé".

Llega la oscuridad, calla el mundo, solo tú y el vacio, y resulta inevitable no ponerse a pensar mientras las horas vuelan sin que apenas te des cuenta. 
En uno de esos vacios solitarios recordó el último día que le vio, se fue sin despedirse. 
Siempre iba ella detrás cuando discutian, siempre intentaba que no se marchara. Ese día, el último que se acomodó en su hombro, no corrió ni hizo apenas algún intento de los que había estado dispuesta a hacer alguna vez para que se quedase, esa vez no. 
Unicamente gritó llamándolo por su nombre en un ligero intento de que no se fuera sin antes abrazarla , pero aquel nombre se desvanecia lentamente en sus labios, hasta que se hizo el silencio absoluto y las miradas cercanas se dirigíeron a ella con aires de tristeza. Y fue así, mientras veía que no la escuchaba, que seguía recto en su paso sin mirar atrás, viendolo salir a lo lejos por aquella puerta, como supo que también le estaba viendo salir de su vida.

El Juguete del Viento - Un post melancólico

Al ver la imagen volé a otro lugar. Uno que había olvidado transitar y al que dicen que uno no puede regresar. Pero no es cierto. Uno puede,...