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lunes, 13 de diciembre de 2021

Amar puzzles de palabras y recuerdos,

Jesse stone,
@stonecollages

 

Escribo porque el aire no da

para estar viva,
ni el alimento
ni adicciones a los juegos
de supuestos amores

Para hablar con los que se fueron,
explicarles
y comprenderlos

Escribo para des-armar el puzzle
sin cuchillos, ni robos, ni ataques
y volver a amarlo -r-
Ahora sí, comprendiendo el resultado.

miércoles, 14 de agosto de 2019

_Palabras


Nos metimos en el mar
a nadar
como dos desconocidos
que se acaban de encontrar

Lo vi claro,
la poesía está fuera de sí

Aquí,
en la inmensidad del agua que no vemos
en el susurro del viento que nos roza y trae olas
en las miradas
que revelan tormenta
o algodón
o azúcar

¡AH!

Hay quien se esfuerza por tratar de enfrascar la sensación suprema
en un poema
pero esta va más allá
aunque el edulcorante de las palabras eleve,
la vida nos supera.


sábado, 10 de septiembre de 2016

Lo —normal.— REUNIÓN CON JEAN-PAUL SARTRE.

During a trip


Lo que me gusta de las palabras, es la eternidad que desprenden.
El vídeo, la grabación de voz y las fotografías nos enmarcan en un instante finito, no nos permiten ir más allá de él. Como un recuerdo. Siempre el mismo recuerdo. Nada más que un recuerdo.

Pero las palabras no son momentos, -aunque nazcan de la fusión del ser y su situación- las palabras simplemente son. Y por ser, se hacen infinitas. Por supuesto, al parirlas uno se hace eterno junto a ellas. Uno puede morir, que sus palabras escritas siempre evocaran vida.

Medité esto mientras terminaba de preparar las maletas que me llevaría al bosque. Mas tarde, en el tren, me di cuenta.

Observaba los campos primaverales y los cipreses pasar ante mis ojos. Ingenua. Y de pronto entró en mi una revelación, comprendí entonces el tremendo acto de hipocresía que había estado cometiendo.

A mis más cercanos les había dicho -incluso, a mí misma me había dicho- que me aislaría durante un tiempo en alguna cabaña dónde cerca habrían árboles, pájaros cantando y aire puro.

-De verdad irás sola.
Me decían asustados, a lo que yo asentía con fervor.
-Sí, claro, por supuesto, necesito un tiempo ermitaño.

No me daba cuenta, no me había dado cuenta antes. No me iba sola, no era tan valiente.
Pese a que nadie me acompañara físicamente, me llevaba una caja llena de libros, y miles de conversaciones esperando retumbarme los pensamientos.


Todos habían preguntado por qué me iba. No hubo nadie que lo entendiera del todo. Ni si quiera yo misma. Pero me alegra que pese a ello lo respetasen.

Me hubiera gustado admitirles que aquel era un completo acto cobarde.
¿De qué huyes? hubiese preguntado alguno si alguien -entre los que me incluyo- hubiera querido provocar tal situación.

Me hubiese gustado, porque es precisamente a ellos a quienes no les confieso nunca de esa ansiedad que me causa la vida en la ciudad. Las redes sociales, las máscaras, rolles, estereotipos y todo este circo carente de sentido.

No hubiera ganado nada por hacerlo. Ellos, de haberse parado a meditar con seriedad sobre esto, podrían haber salido perdiendo. O lo que es peor, indiferentes.
Prefería y prefiero no arriesgar a que lo piensen con seriedad y que entonces tampoco haya marcha atrás para ellos. No soy nadie para arrebatarles su felicidad.

Esa era mi verdad. Estaba cansada del mundo que me había sido dado.

Hay personas que piensan en otros planetas distintos a este, en si habrá vida en ellos o si se podrían habitar. Yo pienso que en este mundo hay muchos mundos, que no hace falta irse a otro para descubrir otras realidades y que esos nuestros mundos están unidos, aunque lo obviemos, por la causalidad.

La desgracia es que nadie quiere ser consciente de esto mientras compra compulsivamente o presume de tomar café en una terraza. Maldigo a las redes sociales por ayudar a promover que esos actos vanidosos son "el bien", "lo que hay que hacer", "lo normal."






domingo, 29 de noviembre de 2015

El disparo más doloroso, no es un disparo.


La pistola, si atina,
acaba con todo mal.
La herida, el escozor,
sanan y se olvidan.
Pero las palabras cargadas de perversión
se clavan por la eternidad en una parte del pecho
de dónde es difícil sacarlas
sin que duelan aún más
de lo que dolieron
en el momento en el que las dispararon.
Porque hay formas de atentar
que se alejan de la de la bala o el puñal.
Maneras que mantienen
el cuerpo intacto, y el alma
despedazada.

De esta manera, el disparo más doloroso
nunca es un disparo.


El Juguete del Viento - Un post melancólico

Al ver la imagen volé a otro lugar. Uno que había olvidado transitar y al que dicen que uno no puede regresar. Pero no es cierto. Uno puede,...