New Year’s Eve 1959. Times Square, New York. By Henri Cartier-Bresson.
Ibas caminando por la calle y los has visto hacer lo mismo que tú hiciste alguna vez con alguien. Otro tiempo, otra situación, otros protagonistas, pero siempre la misma gesticulación. Tontas miradas cómplices acompañadas de sonrisas.
Los has visto, lo sé, y has bajado la cabeza para dejar de verlos.
Luego has pensado un "uff, están en todas partes, es lo peor de la navidad." O peor, lo has dicho.
Déjame decirte algo que sabes pero que tú mismo no te atreves a decirte.
No es que sientas un profundo rechazo a la idea de tener pareja cuando los ves tan tiernos de la mano. No es que esas personas te den náuseas por quererse tanto en público. No es que odies salir en navidad porque las veas tan dulces que empalagosas en todas partes. No es que hayas decidido vivir de otra forma porque esa no te resulte la adecuada. No. Si de verdad pasa algo, es que tú quisieras estar como están ellos, pero no te atreves.
Corazón, ¿por qué finges? ¿Por qué finges estar bien cuando en realidad no lo estás? ¿Por qué dejas que te asfixien sus abrazos si ya sientes que no puedes respirar? No deberías permitir que te hablara más alto de lo que le has permitido a nadie jamás. No llores estando conmigo ni estando con la soledad. Dile que se vaya. Qué ya no merece tu amor más. Qué lo que tú mereces debe ser algo mucho mejor. Levanta la sonrisa. No la dejes caer ni te digas que así estás bien porque "podrías estar peor". Porque también es cierto que podrías estar mucho mejor estando sola que con un hombre que no sabe lo que significa "querer". No seas como esos estúpidos que confunden el amor con el dolor. O lo relacionan. No tienes que soportar nada de nadie. Nadie tiene que soportar nada de ti. Dile que te vas porque un día llegara una persona a tu vida que sepa que estar al lado de alguien cuando se debe estarlo, no es soportar, sino otra cosa que jamás entenderá.
Despidete de sus besos aunque pienses que nunca más volverás a saborear unos tan dulces. ¿Es qué no sabes que comer de una manzana envenenada termina saliendo mal?
Se fuerte, ya llegará quien te enseñe que amar es dar mucho más que toda esa mierda que hasta ahora te han dado.
Tuve que elegir, porque así lo quise sin quererlo. Nos sentamos en la playa, sobre una toalla. Le mire a los ojos, tenían esa clase de brillo que hasta entonces jamás le había visto y que nunca más le volví a ver ni a él, ni a nadie que me mirara. Irradiaban de eso que no se suele ver. Sonreímos. Me acerqué hasta montarme sobre sus piernas, tal y como si fuéramos ese puzle que por mucho que se quiera, nunca termina de encajar. Nos acercamos más hasta hacer de la distancia, milímetros. Volvimos a sonreír y nos dimos el beso más apasionado, sincero y dulce de todos, el último. Y que amargo nos supo cuando todo dejó de pasarnos. Y que agrios estamos ahora después de darnos cuenta de que habíamos desperdiciado todo eso que habíamos esparcido por el mundo dejándolo tirado por cualquier lado. Nos quisimos como pocos se atreven a quererse, con todas sus ganas. Nos quisimos, pero cuando me despegué de la cosa más deliciosa que jamás probé, supe que seria mejor vivir el resto de mis días con la compañía de la melancolía, que con la suya. Y aunque dolorosa, fue mi elección no perdonarnos otro error, otra lágrima, una ilusión que probablemente hubiera terminado en otra desilusión chillada. Sigue estando entre todos mis pensamientos, no permitiéndome ponerle ojos ciegos a la idea de que aún le quiero. Porque de verdad le quería, le quise y le querré, pero ya sólo en recuerdos, donde los abrazos no asfixien y el cariño convertido en temor a dejar de ser no nos deje sordos. Sí, mejor solos.
Tendré que estar a las 07:00 en el muelle, dónde un barco me esperará para zarpar sueños y dejar revuelto todo lo que quería dejar ordenado en este mar. O no dejar.
Haré las maletas mezclando la ilusión de irme, con el anhelo de querer quedarme por saber que la próxima vez que despierte, tendré tu abrazo un poco más distante.
Por la mañana me habré ido, pero lo habré hecho como quien quisiera fingir un descuido y llegar a las 07:30, y que sea demasiado tarde como decidir no quedarse.
Porque de irme, no quisiera que esto se quedara aquí como lo que pudo haber sido y no fue. Sí, esto. Nosotros.
Tenían razón, todo nos estaba saliendo demasiado soleado, como para que algo no nos quemase.
Pero sabes que estaría dispuesta a hacer lo que hiciera falta por lucharle a las imposibilidades. Y si no lo sabes es por desconocer quien soy cuando me dan una razón de ser.
Porque por hacer, no me costaría hacer cualquier locura, si esa sonrisa y el tiempo acompañasen.
Me voy, pero volveré cuando quieras que lo haga. Aunque no me lo pidas, aunque no te atrevas a hacerlo, lo haré.
Espero que no pongas esa mirada con la que sé que me mirarías de tenerme delante. No te extrañes.
Sabes que no me gusta quedarme con las ganas de nada que realmente valga la esperanza. No ibas a ser menos.
Ya sabemos que es una despedida demasiado amarga, para algo tan dulce. Pero ya estábamos advertidos de que los mejores antojos no pueden ser saciados siempre que queramos, ni de cualquier forma. Las cosas verdaderamente buenas tienen la manía de hacerse esperar. No ibamos a ser menos.
No, no podía ser perfecto, y por no serlo, hasta es poesía que no lo sea.
Créeme cuando te digo que le veo su lado tierno.
Solo te pido que me esperes si quieres hacerlo. Que afrontemos el reto.
Que tus brazos y tus labios no me olviden cuando esté lejos.
Tampoco olvides nuestros besos más sinceros.
Y descuida, que estoy segura de que a mí no me hará falta procurar no hacerlo.
Puede ser la misma sensación que te haga volar alto, la que segundos después te precipite hacia lo amargo. Porque puede ser así. Porque existe el miedo y es la peor arma jamás inventada. La que más destruye, la que más mata. La peor influencia, la que siempre te lleva a perder cuando no quieres perder nada.
Curioso es también, que eso que te haga sentir en algún momento tantas ganas de comerte a alguien hasta lamer el mundo sobre el que se encuentra, sea lo mismo que a veces te quite el ansia de todo, menos del chocolate. A ese es al que más acosas cuando sufres una derrota, o cuando padeces un no sé qué de esos de 'qué se yo'.
Porque a veces los hay que me preguntan por el amor, sus raíces y sus desembocaduras. Porque se han dado cuenta de que besar una boca no es todo, ni suficiente. Y ya sé que preguntan más por ellos mismos que por nadie, lo sé. Pero lo hacen.
Y yo solo acierto al decirles que el amor es como un arma de doble filo. Qué no se clava a nadie queriendo (aunque puede ser que no te quieran), pero que de no saber manejarla, se pueden derramar muchas gotas de sangre. Porque aunque los haya que traten de disimularlo, ya está demostrado que el corazón es el órgano más frágil del cuerpo. De todos los cuerpos.
Pero que no hay por qué alarmarse, porque creo que es verdad eso, de que el amor tiene complejo de vino añejo. Y que mejora con el paso del tiempo.
Pero no olvidemos que para ser añejo, antes hay que no serlo, y solo ser.
Estrenó su juventud acompañada de sus penas y del sabor amargo en el que se torna una botella de Jack Daniel's cuando la bebes a solas.
Como no pudo ser menos, le supo a triste desesperación nocturna que pide a gritos cariño. Pero no cualquier cariño, sino el que ya alguna vez anteriormente la celaba, aquel que bebiera o se mantuviera ebrio, sabía hacerla volar desde Oklahoma a Arkansas.
Ahora, después de tanto frenesí, tan sólo quedaba ella, lamentándose bajo la misma luz tenue que había acompañado a todas esas escenas desenfrenadas. Esas que echaba de menos, pero también las mismas que se alegraba de no seguir compartiéndo con la Bestia Amarilla.
Sí, Bestia Amarilla, porque con él pasaba lo que pasa cuando te pica una avispa; ella se va, pero el aguijón se queda. Y créeme, tampoco merece la pena que la avispa se quede, pero claro, el dolor no te lo quita ningún ajo. Y eso ella lo sabia mejor que nadie.
A esas horas de la noche y con vaso en mano, tan solo prefiere denominarse "pensadora", pues piensa sobre todos esos buenos ratos que hoy la torturan, haciéndole estos preguntarse si mereció la pena decantarse por un amor de vivir dulcemente unos años, por pagar la cuenta viviendo una vida agria el resto de sus días.
Y vuelve a acercar el vaso a sus labios para tragar un poco más de esa triste desesperación nocturna, pero con cuidado de no atragantarse con tanto recuerdo.
No estaban juntos, eran algo, pero ninguno de los dos se
atrevería a ponerle nombre ni a definir qué exactamente. Más que
nada, porque por mucho que buscaran, no encontrarían palabras para
hacerlo.
Es verdad que se veían, que se escribían hasta las
tantas de la madrugada regalándose horas de sueño mutuamente. Incluso,
alguna que otra vez se les ha visto escondidos por los callejones buscándose
los labios y besándose en todas las partes del cuerpo habidas y por haber,
siempre ocultos en la oscuridad dónde los puedan ignorar la mayoría de los
transeúntes que cerca de allí pudieran pasar. Hasta era sabido a
pesar de sus insistentes intentos por mantenerlo en secreto, que se hacían
otras cosas de esas que es mejor no contar. (+18)
Por todo esto, era normal que a veces se cuestionaran
seriamente sobre ellos, porque si bien no eran más que amigos, claro quedaba
que tampoco eran menos.
Y allí estaban, acomodados en un silencio de apariencia
infinita tras haber pasado un fin de semana de esos de sustancias ilegales y
otras cosas "+18".
Él conducía con la vista al frente. Ella miraba por la
ventanilla del sillón de acompañante como se iba desvaneciendo lo que quedaba
de tarde.
Al fin uno de los dos se dispuso a romper esa ausencia de palabras que les
había acompañado durante todo lo que llevaban de trayecto.
Fue ella, y un simple "te
quiero".
El chico, al escucharlo, dejó de mirar al frente para
clavarle su mirada penetrante (esa que la derretía y le hacía
olvidar todo lo que la rodeaba, casi por completo).
Tras unos segundos de observarla sin decir nada (como
quien piensa lo que va a decir antes de hacerlo), se dispuso al fin a
decir algo;
"¿Por qué dices que me quieres, chica? ¿es qué aún no sabes
que soy el tipo de chico que detestas?"
Ella sólo le miraba, como esperando una explicación.
Él prosiguió.
"Si de verdad me quieres, estaré en tu vida porque tú lo
deseas y no porque vaya a luchar por quedarme en ella. Pura comodidad la de no
irme. Ya sabes, seré ese que ni regala flores, ni dice 'te quiero', y lo que
es peor aún, ese que ni tan si quiera lo demostrará con hechos.
No, no te iría a ver
si me necesitases.
Tú no serías mi última
opción, pero sí algo parecido. porque yo soy mi principal preocupación y sé que
en el fondo sabes que no es nada nuevo lo que te digo.
Ves el fuego en el que te podrías quemar en mis ojos, y yo veo en los tuyos las
ganas de arder, y puedo jurarte que hay un deseo constante de que lo hagas,
pero no quiero tener que sentirme culpable de una situación futura a la que
sabías que ibas a arriesgarte desde antes de este momento. Porque
cuando me viste lo supiste, lo sé.
Yo no tengo porque
aguantar futuras discusiones, ni recriminaciones, nada.
Sé que con eso te lo
digo todo.
Así que, por tu bien,
no puedes querer a alguien como yo, porque querer a alguien como yo, es querer
al dolor y a la propia destrucción.
No lo hagas, no me
tientes a hacértelo y a hacerte pasar por eso"
Se volvió a hacer el silencio mientras seguían sin dejar de mirarse.
Cuando se quisieron dar cuenta; otro coche, todo al revés, sangre en sus
caras, fuego.
Al final los que terminaron ardiendo fueron ellos y no sus
pasiones futuras, esas que junto a sus preocupaciones pasaron a difuminarse en
cuestión de segundos, justo en el momento en el que cayó la noche y se apagaron
sus miradas (eternamente).
Entiende ahora, cariño, qué perder mi tiempo presente preocupándome
por uno inexistente, no esté en mis planes.
No solía pasar, pero aquella noche pasó.
Una nueva decepción causada por una mala decisión la llevó a recordar pasadas decisiones. A pensar si las elecciones que tomó en su momento fueron buenas o no. Si había merecido la pena hacer todo lo que hizo por llegar hasta el punto en el que ahora se encontraba, o si por el contrario debía haber actuado de otra manera.
Fueron esos pensamientos los que ocuparon su mente hasta hacer que olvidara por completo que estaba allí no para cuestionarse su vida, sino para dormir.
(Pero cuando se dio cuenta, ya era demasiado tarde como para preocuparse por la hora)
Y no, no era la idea de haber tomado el camino equivocado la que la hacía tambalearse, era el hecho de meditar en como pueden cambiar las cosas para siempre por llevar a cabo una simple decisión.Porque lo pensaba y se preguntaba dónde estaría ella ahora mismo si hubiera seguido por dónde iba, y lo más importante; ¿con quien?
Algo de pena se coló por sus venas y le alteró la presión de la sangre, y no pudo evitarlo, no pudo evitar sentir eso aunque supiera que realmente había hecho lo correcto. ¿Un mal día? puede ser.
El caso es que algo le hizo volver a querer saber de él, y se preguntó si debía molestarse en marcar su número, qué aunque la ira hubiera hecho que lo perdiera, aún no había logrado que lo eliminase de su cabeza.
Y a todas estas, miraba fijamente el aparato mientras se cuestionaba si debía o no llamarlo, o darle a saber que una parte de ella siguía pensando en él.
Lo cogió en un intento de decidirse pero con la misma lo volvió a colgar. Lo siguió observando mientras reflexionaba sobre la idea de que seguramente él pudiera estar igual.
Cuando se quiso dar cuenta ya volvía a tenerlo entre sus manos otra vez, entonces fue un recuerdo más oscuro que la noche el que la atravesó por completo, el mismo que le hizo saborear el sabor amargo en el que se torna la sal cuando no es deseada. Y con la misma dejó el teléfono es su mesa de noche para no volver a tocarlo más, pero ya era tarde, ya sabía que había vuelto a ser la misma tonta de siempre.
Entonces se preguntó que hubiera pasado si hubiera llamado, que hubiera sucedido de haber marcado los números y de haberse arriesgado, pero aunque la pregunta la reconcomia, prefería vivir con la intriga toda la vida, a seguir con la etiqueta de 'estúpida' sobre sus costados. "Viva el orgullo" dijo para sí en bajo. "Viva".
Explicadme como alguien puede decirle "eres una puta" a la misma persona a la que 3 meses antes le decía "eres mi vida".
Qué sí, que se puede estar dolido, pero ¿tanto es el orgullo que supera lo vivido?
¿En serio tantas horas de dedicación y deseados momentos para que te terminen hablando peor de lo que se le puede llegar a hablar a un desconocido?
De verdad que no lo entiendo porqué lo mínimo que debe quedar, es el respeto.
Vale que todo termine, que se ponga punto y a parte, que se decida no llevar ni tan si quiera una amistad por evitar así el dolor que se pueda causar, pero ¿qué es lo que les hace realmente destrozar de esa forma todo eso que alguna vez se calificó como amor?
Porque cuando hacen eso, cuando rebajan el cariño y el respeto a lo más mínimo y aumentan la hipocresía y el orgullo de sus palabras, eso es lo que hacen, rompen todas las gracias que pudo tener una historia y te llevan de esa forma a desahacerte de regalos, a quitar fotos de marcos, a romper cartas y a prenderle fuego al olvido (para siempre).
Juro que odio sentir que quise a la persona equivocada,
pero a veces, no te dejan más remedio que el de sentirlo así.
(Y no sé como a día de hoy no se nos van las ganas de amar).
Puro magnetismo desde que se conocieron.
Fiebre inmediata cuando 'sin querer queriendo' se miraban.
Sensación de querer comerse el mundo y sus bocas.
Y al rozarse un hormigueo insensánte en cada parte,
pues podían sentir un inmediato escalofrío cuando se palpaban (pelos como escarpias).
No les hacía falta buscar sus puntos débiles, ya se estaban derritiendo el uno por el otro.
Y ahí estaban, ante la mejor droga.
No entendían de ciencias, pero tampoco les hacía falta conocerlas para saber que había una buena disolución entre física y química.
Recordaba esas mañanas, cuando se acercaban fechas señaladas y se despertaba entre sueños tontos que la ilusionaban. "¿Lo hará? ¿me sorprenderá esta vez?" meditaba para sí misma. Pero no, nunca lo hacía.
Era cuando pasaban todas esas fechas importantes y veía las cajas acorazonadas en la basura cuando se sentía más vacía incluso que las mismas.
Alcanzó a escuchar algún "te quiero" de su boca alguna vez, ya sabes, de esos desinflados de hechos. Cierto es también que no puede negar que alguna de esas veces le dio algo, pero nunca se esmero en el 'qué' ni en el 'cómo'. Nunca en hacerla feliz, como si regalar amor fuera como la maldita obligación de ir a clase y madrugar con 13 años (todo un coñazo que no entiendes ni porque debes hacerlo). Y era trás cada una de esas decepciones, cuando callada le miraba y se preguntaba si él sabría que dar lo que te sobra no es regalar, sino dar limosna. (Y qué si no te sabe amar, mejor la soledad un San Valentín que la desilusión toda la vida).
De cada día que pasaba, le dedicaba sin quererlo un tiempo a recordarlo, y según transcurrían las semanas se iba preguntando más y más como podía haber sido tan tonta, como pudo no haber puesto antes punto final, pero siempre llegaba a la misma conclusión; "no lo sé, no lo sé". Llega la oscuridad, calla el mundo, solo tú y el vacio, y resulta inevitable no ponerse a pensar mientras las horas vuelan sin que apenas te des cuenta. En uno de esos vacios solitarios recordó el último día que le vio, se fue sin despedirse. Siempre iba ella detrás cuando discutian, siempre intentaba que no se marchara. Ese día, el último que se acomodó en su hombro, no corrió ni hizo apenas algún intento de los que había estado dispuesta a hacer alguna vez para que se quedase, esa vez no. Unicamente gritó llamándolo por su nombre en un ligero intento de que no se fuera sin antes abrazarla , pero aquel nombre se desvanecia lentamente en sus labios, hasta que se hizo el silencio absoluto y las miradas cercanas se dirigíeron a ella con aires de tristeza. Y fue así, mientras veía que no la escuchaba, que seguía recto en su paso sin mirar atrás, viendolo salir a lo lejos por aquella puerta, como supo que también le estaba viendo salir de su vida.
-"Sólo un papel" dijo. -¿Pero crees en el amor? ¿qué buscas en él? -Alguien que esté ahí cuando no haya nada, alguien capaz de llevar una amistad que mantenga mi vida organizada, que se encargue de los niños cuando los haya... -Entonces... ¿no crees en el amor? -Creo que es algo temporal, algo que se acaba y ya no vuelve. Luego solo queda el compromiso de cuidarse el uno al otro y mantenerse unidos por respeto a la familia. -No... definitivamente ni crees ni sabes qué es el amor. Lo dijo claro desde el principio, pero ella prefirió ignorar sus palabras. No era su destino permanecer con alguien así, eso no le traería felicidad, y lo sabía bien pero eligió tontamente el reto de intentar cambiar esas ideas, de intentar cambiarlo a él... olvidando que cuando quieres a un ser, tienes que aceptarlo tal cual es, porque eso es el amor, y porque por mucho que se quiera, ninguna persona cambia por nada, ni por nadie.
Esperé todo el día una respuesta que lo aclarase. Una respuesta que hiciera del problema solución, pero por mucho que esperé, nunca llegó.
Cada hora restante para finalizar el día me quitaba un poco más de la absurda fe que había intentado mantener durante tantos años a base de "cambiará, verás que sí, lo hará". Sentí cómo a cada segundo que pasaba iba asumiendo lo que no me había atrevido a asumir en esos años. En alguna parte de mi y a pesar de eso, mantuve la tonta ilusión de que aunque fuera tarde, se dignara a alejar la confusión y acercar la tranquilidad. Incluso, en mi mente cabía la opción de que respondiera sin responder a mi pregunta, solo preocupándose por un estado de ánimo del que en esos momentos carecía por situaciones que no vienen a cuento, pero que son de esas por las que debe mostrar afecto hacia ti quien dice que te quiere tanto. Pero ni si quiera eso hizo.
Le dí la oportunidad de cambiar nuestro destino, pero la ignoró, y lo hizo cómo quien la ignora porque cree que alguien no será capaz de irse de su lado, solo por el querer, pero este a veces no es suficiente, olvidando así que dar por hecho que posees a alguien, hace que lo pierdas. Asi que eligió el fin, el pasar página, las noches de almohadas empapadas en recuerdos que habiendo sido alguna vez dulces, se tornan esta vez amargos.
Sí, ese tipo de recuerdos que ahora desearías no haber creado nunca porque duelen más que cualquier herida.
Y quizás después de todo, lo más doloroso no sea el "te lo dije" de los que me lo dijeron, sino el "te lo dije" que me dije a mí misma y que ignoré de la misma forma que él ignoró años de a**r.
miércoles, 20 de noviembre de 2013
Y terminó como terminan todas las grandes historias de dulces amantes que se aman como nadie más sabe,