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martes, 18 de noviembre de 2014

Demasiado olvido almacenado en mi pecho.

Era noviembre y era el fin. Incontables días antes de aquel, había percibido que era cierto aquello de que las historias con finales felices eran historias sin acabar. Y que la nuestra también acabaría. 
Después de haber vivido momentos que nos habían impregnado de una felicidad que parecía eterna, nos llegó la parte del cuento que nunca se cuenta.
Rompieron las olas y nuestros reproches. Los gritos inundaron todo lo que alguna vez nos habíamos esforzado en construir. La rabia deshizo nuestros castillos de arena. 
Me gustaría llegar a comprender como el ser humano es capaz de sentir tanto odio y tanto amor a la vez. A veces pienso que era fruto de saber que nuestras diferencias nunca nos permitirían amarnos como en aquel entonces nos hubiera gustado hacerlo. 
Tras sentir como todo se desmoronaba, lo hice yo. Silencio. Miradas de desconsuelo y una vez más ese mismo pensamiento recorriéndonos; "no se como puedo seguir queriéndote, pero lo hago".  
Le miré con la ternura del que observa unos ojos lo mejor que puede porque es consciente de que tarde o temprano dejará de hacerlo. Intentaba que las lágrimas no impidieran que mi mente escaneara aquel momento. Sabía que el dichoso final se acercaba, pero aún así sentía que no estaba preparada para asimilarlo.
Me besó, le besé, nos besamos. Lo hicimos con toda la energía y pasión con la que no lo habíamos hecho nunca antes.
Volví a llover mares cuando se separaron nuestros labios. Aquel beso había sido sincero, pero también aquel beso me había sabido a finales.

lunes, 13 de octubre de 2014

"Te quieros" detinados al fracaso.

A veces me da por preguntarme qué hubiera pasado si hubiera aguantado más tiempo a tu lado. 
Quizá sería otra persona muy diferente a la que soy. Otra persona que hubiera seguido pensando que te conoce como a la palma de su mano,  sin saber que hay partes de esta y de sí misma que ni si quiera imagina.
Al elevar la mirada y cruzarnos con la casualidad, nos miraríamos. No como ahora. Sé que no soy la única que recuerda que alguna vez estuvimos en una misma cama, lamiéndonos los escalofríos. Haciéndonos uno, pasando los domingos. Sin agachar la cara, sin fingir ser dos desconocidos.
No sé cuantos besos no nos concedimos por haber elegido deshacernos de aquello a lo que alguna vez le dimos sentido. Por arrugarlo y tirarlo al olvido. Prendiéndole fuego a lo vivido. Desintegrando cada gesto de cariño. Ya sólo quedan cenizas que de alguna manera siguen quemando. Podría haber estado arropada por tus abrazos en lugar de por este frío que me abrasa. No estaría en mí este hueco vacío en el que ya nadie tiene sentido. No de la forma en la que solías tenerlo tú. A lo mejor nos hubieramos ahorrado sentir que no encajamos en labios extraños. Todas las noches en vela. Todos los sueños de volver y revolvernos la ternura que enterramos. 
Dicen que fuimos como han sido otros tantos; "te quieros" destinados al fracaso. Amores arruinados. Quizá es porque todos somos un poco la misma historia pero contada de distinta forma. No sé. Hay momentos en los que me gustaría volver atrás y saberlo. De echar de menos y de no asimilar que las cosas puedan cambiar tanto en tan poco tiempo. Momentos en los que  habría echado abajo todo lo bueno y grandioso que tengo. Incluso, renunciar a lo vivido por haber seguido en la cárcel de tu cuerpo. Por tan sólo haberlo sentido una vez más, y no sentirme inmensamente acompañada pero sola. Momentos en los que intento entender por qué te sigo recordando si soy consciente de que a tu lado jamás habría encontrado toda la felicidad que he hallado desde que no estás.



domingo, 28 de septiembre de 2014

Pónme una canción de amor caducado.

"I don't believe anyone as they crawl out of my way."
Me han deshojado el árbol de las ilusiones tantas veces que ahora temo que este no sea de hoja perenne. En el fondo sabia que volvería a pasar. Que eran más mis ganas de encontrar en quien pensar al sonar cualquier canción que las ganas de hacerlo bien, y qué mal. Yo también parecía de acero, o me lo hacía, no sé. Supongo que todas tratamos de ser hierro hasta que llega alguien capaz de fundirnos, y pasa lo que pasa. Nos derretimos sin saber bien si por quien lo hacemos merecerá la pena. ¿Lo vuestro es amor o son siempre ganas de follar? Pues que bien se os da fingir mientras nos hacéis gemir, cabrones. 
¿Habrá alguien por quien merezca la pena hacerlo? fundirnos, derretirnos, ser nosotros mismos. Porqué si no lo hay, que mundo más vacío. 

viernes, 26 de septiembre de 2014

Does he know when you're sad you don't like to be touched? Let alone kissed.


Corazón, ¿por qué finges? ¿Por qué finges estar bien cuando en realidad no lo estás? ¿Por qué dejas que te asfixien sus abrazos si ya sientes que no puedes respirar? No deberías permitir que te hablara más alto de lo que le has permitido a nadie jamás. No llores estando conmigo ni estando con la soledad. Dile que se vaya. Qué ya no merece tu amor más. Qué lo que tú mereces debe ser algo mucho mejor. Levanta la sonrisa. No la dejes caer ni te digas que así estás bien porque "podrías estar peor". Porque también es cierto que podrías estar mucho mejor estando sola que con un hombre que no sabe lo que significa "querer". No seas como esos estúpidos que confunden el amor con el dolor. O lo relacionan. No tienes que soportar nada de nadie. Nadie tiene que soportar nada de ti. Dile que te vas porque un día llegara una persona a tu vida que sepa que estar al lado de alguien cuando se debe estarlo, no es soportar, sino otra cosa que jamás entenderá.
Despidete de sus besos aunque pienses que nunca más volverás a saborear unos tan dulces. ¿Es qué no sabes que comer de una manzana envenenada termina saliendo mal?
Se fuerte, ya llegará quien te enseñe que amar es dar mucho más que toda esa mierda que hasta ahora te han dado.
Pero sobre todo sonríe, qué estás más guapa.


jueves, 21 de agosto de 2014

Así son las desilusiones.

Peor que culpar a los hombres por ser como son algunos a veces, es culparse a una misma por no haber sabido elegir al adecuado. 
Pareces buen chico, en otra vida no renunciaría a una oportunidad para salir contigo, pero esta vida no es esa. Lo siento si has podido pensar que podríamos ser algo más que un entretenimiento, pero yo normalmente no soy así. O sí, ya no sé. Hubo una vez no muy lejana en la que andaba por las calles con los pedazos y las penas al aire. Alguien se molestó en recomponerme, no importa quien, sólo que juro que lo haría por el resto de su vida. No sé porqué, pero le creí. Y ya imaginarás el resto. Bastó un segundo de despiste para que me diera la espalda. Un segundo para que volviera a mirar y él ya no estuviera. Mis pedazos cayeron y se multiplicaron. Ya no hay quien me pueda recomponer de tanto daño. No tengo la ingenuidad suficiente para creer que alguien será capaz de hacerlo y quedarse. Ni ganas de comprobarlo. Ya no.
Así son las desilusiones, te muestran la realidad tal cual es y te hacen querer tapar las ganas de verla de cualquier otra forma.
No me odies, si pudiera elegir no ser así, lo haría, pero no puedo.


lunes, 18 de agosto de 2014

Hay que saber en quien invertir lo poco que se tiene.

Ese imbécil me había vuelto a dejar tirada una vez más y sólo se le ocurría llorar y pedir disculpas arrodillándose ante mí, como si eso fuera a cambiar algo.
A decir verdad podría haberlo logrado con un sencillo: "no te vayas y yo tampoco lo haré." Pero no me quería lo suficiente como para que se le ocurriera sugerirlo.
Ya estaba tan acostumbrada a las decepciones que no me sorprendía una más. Imagínate si fue tan poca la sorpresa, que le di mis mejores palabras y un: "no te preocupes, no pasa nada." Quizá sólo quería que se callara hasta que llegara el autobús porque escuchar el silencio me parecía más agradable que escucharlo a él. Pero no paraba. Le sequé las lágrimas y le consolé. Me había roto las ilusiones una vez más y estaba acariciándole la cabeza como si no lo hubiera hecho. O como si de verdad le doliera ser tan gilipollas. Que tonta fui.
Diría que si estaba llorando no era por esa decepción, sino por todas. Porque se estaba empezando a dar cuenta de que me estaba perdiendo. Nunca dejó de hacerlo, pero supongo que hasta entonces no se había percatado. Siempre hacía algo para ganarse el perderme. Creo que es la única cosa en toda su vida que no le habrá gustado ganar.
Igual te lo niega y te dice que le dejé por irme con un negro con la polla más grande que la suya, no sé, muchas cosas de las que sólo algunas pocas no serán invención de su imaginación. No sabe que por mucho que diga, la realidad siempre será la misma. Y eso no puede cambiarlo aunque intente ocultarlo.
Dile que no se olvide de todas las veces que la fastidió y le dije que le dejaría, pero no lo hice. Dile que aunque le cueste asumirlo, si le dejé no fue porque el problema fuera que hubiera otro. Algo peor, que el único problema siempre fue él.
O mejor, no le digas nada, ya se dará cuenta cuando nadie le aguante tanto los berrinches como yo lo hice.














viernes, 15 de agosto de 2014

Goodbye my lover.

¿Sabes? la primera vez que la escuché no dudé en que algún día se convertiría en el himno de nuestra historia. En esa canción a la que le es indiferente el lugar en el que estés, porque sea el que sea, si suena, inevitablemente te transportará a otro. Otro lugar, otro tiempo, otras sonrisas. Un olor,  una persona, y ese último beso de unos labios en los que hasta el morder se llegó a sentir como placer.
Lloré, no había pasado aún pero sabía que tarde o temprano pasaría, y que daba igual lo que hiciera por evitarlo porque no podría.

¿Has leído alguna vez las palabras de Esquilo? ¿Oscar Wilde, quizá?
Pienso en eso del señor que acoge en su hogar a un cachorro de león y que lo ama porque el felino acude con ojos brillantes a su llamada. El mismo que ignora eso de que el animal tarde o temprano mostraría la naturaleza de su raza, y que acabaría destruyéndolo a él, a su casa y a todo lo que en ella poseía.
Yo también me siento un poco como él.
Teníamos naturalezas distintas, estábamos destinados a que tarde o temprano el fracaso nos llegara, pero aún así no pude obviar amarlo.

No te sorprendas, quizá ya sepas que si no hay objeto para medir la estupidez humana es porque esta suele ser inmensa.
Abres en un parpadeo tus ojos, los cruzas con los suyos y desde esa primera mirada ya sabes que habrá una última, pero prefieres hacerle creer a tus ojos que no han visto lo que han creído ver, sino otra cosa. Otra cosa llena de unas geniales.
No es fácil asimilar que en realidad la persona a la que quisiste, existe, pero que sólo lo hace en tu imaginación. A mí me ha llevado a muchos meses de asimilarlo, a otros a la muerte.
Parece que el juego del amor es más importante de lo que estamos dispuestos a admitir, un poco más de estupidez que se suma a eso de lo que ya hablábamos.

Aunque no lo creas, volver a escucharla ha sido menos doloroso de lo que esperaba. De hecho, sólo he sentido que mi nivel de idiotez humana empezaba a descender un poco.
Me he dado cuenta, al fin, tras muchas noches de no dormir preguntándome si hubiera podido cambiar aquel desenlace de haberlo hecho todo de otra forma, que no hay que preguntarse cosas que siempre se supieron. Que la intuición raramente es la que falla, que quien lo hace, la mayor parte de las veces, somos nosotros mismos.
Y que basta que busquemos algo que valga la pena, para que no lo encontremos.
Ha estas alturas ya tendríamos que habernos dado cuenta de que todas las cosas importantes siempre aparecen cuando no las estamos buscando.
"Estúpidos."


lunes, 28 de julio de 2014

"Si no vas a hacerlo bonito, para qué."

Tuve que elegir, porque así lo quise sin quererlo.

Nos sentamos en la playa, sobre una toalla.
Le mire a los ojos, tenían esa clase de brillo que hasta entonces jamás le había visto y que nunca más le volví a ver ni a él,  ni a nadie que me mirara. Irradiaban de eso que no se suele ver. Sonreímos. 
Me acerqué hasta montarme sobre sus piernas, tal y como si fuéramos ese puzle que por mucho que se quiera, nunca termina de encajar. 
Nos acercamos más hasta hacer de la distancia, milímetros. Volvimos a sonreír y nos dimos el beso más apasionado, sincero y dulce de todos, el último. 

Y que amargo nos supo cuando todo dejó de pasarnos. Y que agrios estamos ahora después de darnos cuenta de que habíamos desperdiciado todo eso que habíamos esparcido por el mundo dejándolo tirado por cualquier lado. 
Nos quisimos como pocos se atreven a quererse, con todas sus ganas. Nos quisimos, pero cuando me despegué de la cosa más deliciosa que jamás probé, supe que seria mejor vivir el resto de mis días con la compañía de la melancolía, que con la suya. 

Y aunque dolorosa, fue mi elección no perdonarnos otro error, otra lágrima, una ilusión que probablemente hubiera terminado en otra desilusión chillada.
Sigue estando entre todos mis pensamientos, no permitiéndome ponerle ojos ciegos a la idea de que aún le quiero.
Porque de verdad le quería, le quise y le querré, pero ya sólo en recuerdos, donde los abrazos no asfixien y el cariño convertido en temor a dejar de ser no nos deje sordos.
Sí, mejor solos.




lunes, 7 de julio de 2014

Un 7, 7 meses después.


El día estaba triste, oscuro, como todos esos días en los que ocurren cosas que nos hacen llover.
¿Sabes eso de que algunos seres toman casi todo lo que llega hasta ellos como señales? pues es cierto. Intentaba mirar más allá de mi ventana y pensaba que era el verano más frío de mi vida. Había neblina en alguna parte de mí, y ahora, también parecía haberla fuera. Inevitable era pensar que fuera culpa mía.

Quise cambiarlo. Quise que saliera el sol. Quise que la melodía de mis días dejara de ser "Cruel World" y que algo detuviera la explosión que parecía que estaba a punto de acontecer en esa bomba que me latía dentro, pero ya sabes, sin necesidad de romperme los cables.

Volví a visitar el sitio de olor peculiar y personas con batas al que va la gente cuando ya no sabe a quien recurrir. El hombre de letra ilegible me volvió a recibir.
En realidad iba con la idea de que me dijera que después de tantos meses, efectivamente lo que tenía era una cruenta enfermedad acompañado de un "llegas a venir más tarde y no te salvas". Por primera vez, un enfermo deseando estarlo.

Le expliqué las noches de correr quieta, de ahogarme sin agua y de mirar el reloj esperando a que el sueño me llegara.
Baje las escaleras y busque la sala de electros, cuando lo tenga, suba.
Así que bajé a dónde los hacían. Allí había una enfermera de edad "abuela" que parecía simpatica y dulce.
Me hablaba en un intento de relajarme mientras me llenaba de parches y cables. Luego sacó los resultados y ella misma se los llevó al medico.
Volvió y me dijo que todo estaba correcto. Mientras me quitaba todo lo que me había puesto, soltó un:
¿Tienes "pive"? 
Ante la incredulidad, le pedí que repitiera como quien ha escuchado mal.
Qué si tienes pive.
¿Qué hacía una anciana hablando así?
Después de esa pregunta y de responderle un "no" en tono desconcertado, me empezó a dar una charla sobre el amor. ¿Lo peor? que no era la primera vez. La otra vez que visité ese sitio por el mismo motivo, otra persona ya me había soltado una de esas.
Parecía que nunca había dejado de ser aquella cosa la que me afligía, aunque yo prefiriera creer que sí. Aunque me fuera menos triste pensar que estaba enferma y que no era un desamor. Pero todos se daban cuenta de lo que me pasaba, menos yo.
Admitir cosas así, nunca fue fácil.

jueves, 3 de julio de 2014

Summertime Sadness.

En el fondo es como si aún sintiera que le pertenezco a aquella vieja historia que no deja de atormentarme, a pesar de haberla intentado olvidar de mil maneras distintas.  
Cayó en mi vida para iluminármela como una luz. Fue pasión, fue alegría, pero de la que duele. Un rayo. 
Claro que he querido rozar otros cuerpos en este tiempo, pero al final siempre anhelando todo lo suyo, deseando su abrazo y escuchar otra vez su voz de dulce. Te lo digo con la ansiedad de echarle de menos en el pecho. Nadie sabe lo mucho que me gustaría que todo lo que pasó la ultima vez que dejamos de pasarnos, fuera sólo una pesadilla y no la realidad que hoy me quita el sueño. Y despertar y volver a tenerle a mi lado como en esos recuerdos que no se borran. Entre besos en el cuello, notando su mano una vez más recorriendo mis recovecos. Levantándome la piel, erizándome los gemidos. Nadie, nadie. 
Ni si quiera le pude decir adiós cuando desapareció, ni si quiera un último beso, ni si quiera, nada. Vacío. Como todo lo que realmente fue nuestro amorío. 
Y lo que me duele es ver que pasa el tiempo y le sigo queriendo más incluso que el primer día. Que le dije que se fuera, que yo no le esperaría, pero que aquí sigo, esperando. Porque cuando amas, cuando amas de verdad, no te rindes, y yo esperaba que él, tan valiente guerrero de batallas cuerpo a cuerpo, siguiera luchandome en una batalla, pero por los sentimientos. Y lo peor no es que no lo haya hecho, sino que a pesar de eso y durante mucho tiempo, he estado dispuesta a tener todo lo malo de  vuelta, con tal de tener también cerca lo poco pero intensamente bueno que tenía. Entre esas, mi propia ilusión.















viernes, 20 de junio de 2014

"No, cariño, no todo el que es amable es bueno."

Perdí la cuenta de los fracasos que se han sumado a mis costados.
Olvidé el número de personas que me han besado los labios como si siempre sabiendo que sería como por un rato.

Créeme que cansa hacer cosas por gente para que luego todo eso quede en nada. Muchísimo.
Y acostumbrarse a una voz que de repente un día dejas de escuchar de la forma en la que solías. Así, en ese tono tan puesto unicamente para ti y no para otra persona.
Hasta echas en falta las manías que a lo mejor ni ellos mismos sabían que tenían.

No sé cuantas veces me he puesto mi mejor sonrisa con el vestido que mejor le sentara. Ni todas las horas desperdiciadas peinándome para alguien que terminaría siendo nadie.
Sólo sé que todas esas veces quise hacerme la tonta, hacerlo como quien quiere por primera vez, por así tratar de querer como se debe. Pero olvidé que las primeras veces no suelen salir bien.

Han sido tantos sentimientos entremezclados y tantas caras diferentes en tan poco tiempo, que ya mire dónde mire parecen todas iguales. 

Duelen las excusas una vez más, y que te mientan como pensando que eres tan tonta que les creerás, como si no hubieras tenido que tragarte tantas mentiras en otras historias vacías que ahora supieras diferenciar a la perfección las que lo son de las que no. Como si fueras un mero entretenimiento. Un circo para sus ratos libres. Un ¿por qué no? Que carece de "porque síes".

Rompe que jueguen a ilusionarte como quien no quiere jugar . Una vez más como esa figura de porcelana china que se hizo mil pedazos cuando jugando con ella la precipitaron contra el piso. Y quien sabe si fue queriendo o sin querer, pero descompone.

No quiero escuchar más palabras sin sentido. No estoy preparada  para volver a escucharlas de la forma en la que pueda creermelas. De la manera en la que no huya de canciones de amor porque les encuentre algún significado del que no quiera escapar. Ya no más.
No tengo esa fuerza necesaria para volver a intentarlo sabiendo que me juego algo tan preciado como mi propia felicidad.

Y si, es cierto, si me intentas tocar el alma la notarás un poco más fría que ayer, pero menos tonta, también.
















miércoles, 18 de junio de 2014

De esas veces en las que perderse es igual a encontrarse.


Todos tenemos una historia que no queremos que nadie conozca. Una de esas llena de actos que sabemos que no contaremos a nuestros descendientes. Que callaremos apretándonos los dientes mientras tratamos que no comentan los mismos fallos.

En el momento en el que lo vio por primera vez, supo enseguida que él sería la suya. Que tenían los días contados y que de alargarlos, el daño que podría causarle iría en aumento. Pero no hubo culebra que pudiera haber evitado que rozara sus labios y se quedara con dos años de su vida.

No sabe en que momento fue que se cansó de tropezar consigo misma y su pasado. De acariciarlo y besarlo como si aún estuviera presente. Como si fuera a regresar.

Olvidó durante mucho que lo que se queda en el pasado ya no vuelve a suceder, ni a ser, lo que alguna vez pudo haber sido.

Y le fue difícil, realmente difícil tener sentido de la orientación cuando se trataba de dárselo a su vida.
Andó muchos pasos sin saber a dónde mientras todo le indicaba estar en el norte.

Nunca antes había hecho nada que se hubiese propuesto. No le preguntéis entonces que la llevó a hacerlo en ese tan pésimo momento, porque se encogerá de hombros mientras realiza un levantamiento de cejas.

Lo cierto es que necesitaba algo que la evadiera de sí misma y le marcara un camino que le hiciera olvidar las piedras del ya recorrido. Uno sin inviernos. Uno estable.
Fue por ello que se atrevió a hacer cosas que la timidez normalmente no la dejaba hacer. Conoció así, una parte de su persona que ni sabía que existía. Tan distinta que si se la hubieran presentado un año atrás, la habría visto como a una completa desconocida.

No quiere que suene a consuelo si dice que no se arrepiente de nada, porque realmente considera que de no haberle cometido, habría tardado mucho más en perder la vergüenza y atreverse a ser nada más y nada menos, que quien verdaderamente es.


lunes, 2 de junio de 2014

Buenos días, insomnio.

Que incómodo cuando se te mete un "quiero" entre ceja y ceja y ya no hay quien te lo saque, más que tu mismo. Que incómodo porque te ves obligado a darte de palos contra la realidad, a abandonar la ilusión y la esperanza, y a dejarlas botadas en  alguna estación por la que al parecer, no va a pasar ningún tren. 
Esperabas por algo que nunca iba a suceder. "Estúpido" te dices. 
El poco alisio de honor que te queda viene dado por el saber que no has sido el único que se ha visto aguardando por alguien que no pensaba sucederle. Por lo visto, cada día somos más los que nos quedamos a dos velas en un banco dónde todo es oscuridad, menos el que sujeta todo el cariño que quiere dar. 
Ya veis, eso de lo que os hablo, es la única droga tan fuerte capaz de hacerte ver todas esas ruinas, como si estuvieran encendidas, como si no fueran lo que realmente son. Porque el amor tiene esa manía de distorsionarnos la realidad, las ideas y la propia razón. De hacerte creer que un corazón herido, puede volver a palpitar sin el miedo a otra derrota y al no salir ileso, como haciéndote olvidar que en un mundo donde existen miles de millones de dos que se dan de eso, también existe el fracaso. Y te darás cuenta, una vez más, mientras te golpeas contra la realidad y te mojas la cara en sudorosas noches de insomnio. 
Pero no te preocupes, es bien sabido que el palpito que se ha mantenido latente tras mil derrotas, podrá seguir latiendo durante otras mil más. 
Es nuestra naturaleza, la de amar.


domingo, 1 de junio de 2014

Ni juntos, ni revueltos.


Otra vez tú golpeándome la puerta.

Dicen que volver y volver, es revolver
y yo he estado revuelta en tu vida demasiado tiempo.

Quizás tanto que olvidé lo que realmente significaba amar,
y no digo querer, que suena a todo lo que egoísta que has sido
sino amar, que retumba en cualquier oído como un suspiro de algo más.

De tanto en tanto rebuscando lo que diera validez 
a unos te quiero que no salían de mi boca.
Hasta llegué a rebuscar en la basura de todo lo que hacías
pero allí nunca encontraba nada por lo que valiera mancharme los intentos,
solo habían restos putrefactos de lo que alguna vez pudo haber sido
de haber sido otros.

No te rías más de los demonios que hemos engendrado,
a fin de cuentas, son fruto de todo lo que juntos pasamos.
Tampoco pidas que te deje echarte en mi hombro
ni me digas entre ruinas que todo saldrá bien. 
Demasiado tarde para arrepentirte de nuestros males.
Muchas ausencias que ya resultan irremediables,
demasiados viernes y sábados a solas, con la soledad.

No, gracias, puedes quedarte con los bombones caducados y el vino de tu abuelo
que no se entere que se lo has robado, aunque ya no esté.
Ni se te ocurra pedirme que haga de ti esperanzas una vez más 
porque quizá no sepas pero la confianza es algo más que un "confía en mi"
cuando todos los hechos están desordenados
y todas las palabras tan huecas que me hacen eco.

Ya asimilé que no volveríamos a estar juntos, 
ni tan si quiera a estar revueltos entre sábanas en horas que fluyen con rapidez.
Todas las cosas que nos atreviamos a hacernos y que nunca les contamos,
ya son parte del pasado.

Puedes irte por dónde has venido
pero esta vez, para no volver.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Señales de que debes huir.


Cuando una persona te tiene lo suficientemente cerca para verte y decide no hacerlo.  

Tan tonta que si puede, no hace acto de presencia en tus momentos más importantes y de los malos (si los hay), trata de escabullirse. 

Te parecerá que quererte bien le resulta una "mariconada" y eso de hacer detalles de vez en cuando que ni caros ni grandes, (cito textualmente) una "gilipollez".

A lo mejor, puede que tampoco quiera que estés en sus momentos importantes, pero eh, en los malos como no estés, hay enfado y un "nunca haces nada bien".

Nota mental nº1: No idealices ni empieces algo sin conocer lo suficiente. (Suficiente = un promedio de 3 a 5 meses). 

Hay otra cosa que no te importará tanto pero que a veces puede llegar a sentarte como una jarra de agua fría en pleno invierno madrileño; le da más importancia a sus amigos que a ti. 

Qué sí, que los amigos son importantes, pero si estas con alguien, tienes que saber cuando estar y cuando irte de bares (o lo que sea). Y si no sabes estar, pues mira, no.

No quiero hablar tampoco de ese tipo de ser que insulta a tus amigos o directamente les pega. Y tú te callas el "¿pero tú de que coño vas?" (ay, ¡la ceguera!)

Y claro, a raíz de eso es inevitable que te des cuenta de que esa persona no es capaz de hacer por ti, lo que tú posiblemente sí estarías dispuesto/a a hacer por ella (y que ya estás haciendo callándote tanto).

El problema de todo esta en cuando tras esto, se te ocurre pensar "si insisto en hacerle ver como son las cosas, igual cambia, somos felices y comemos perdices" (error 404: logic not found). 

Nota mental nº2: La gente NO cambia.

Tampoco te admitirá sus fallos, o igual sí, pero para que te calles en tus intentos de hacerle ver que "necesita cambiar".

Nota mental nº3: Cuando quieras a una persona, acéptala tal y como es. Si no puedes hacerlo, ni te molestes en cambiarla, ni le llames a eso "amor". (Y si no es amor, que no sea nada entonces)

Otra cosa que no se le dará bien será eso de  admitir sus fallos, aunque es gracioso que luego te reconozca que tu los tuyos los admites "de puta madre", pero es como que todos tus esfuerzos quedan en un "parece que lo hago para las risas" -brutal-.

Y hay un punto, cuando han pasado todos los anteriores, en el que igual le da por gritarte, faltarte el respeto o pegarte. (Vale, ¿qué otra señal necesitas para darte cuenta de que debes huir ya de ya?)

Nota mental nº 4: Si te hace ignorar quien eres por adaptarte a como es, e ir en contra de tus principios, huye. 

Porque si no lo haces, es probable que cuando (al fin) se te caiga la venda, te des cuenta de que no era quien decía ser (ni por asomo) ni por quien merecería la pena estar como estas. Pero vale, ya es inevitable. Compraste un sueño, te vendieron otro, pero todos cometemos errores alguna vez y de algo hay que aprender.

Lo malo viene dado cuando ya sabes lo que hay, te dice que lo siente, que te quiere. Y tú vas, y te le crees.

Nota mental nº5: No creas palabras vacías de hechos. La gente que demuestra y que apenas necesita disculparse, es la buena. 

Luego volverá a hacer lo mismo de siempre (que no te extrañe si pasa).Y entrarás en un ciclo vicioso (pero sin buenos vicios): 

Hace algo doloroso > Te enfadas > Tratas de hablar las cosas > Hace como que te escucha > (Piensa un: "a ver si te callas ya") Y te dice que lo siente, que te quiere > Tú te lo crees - Y vuelta a empezar.

Luego igual te das cuenta, a base de marearte de tanto ciclo vicioso, de que te has ganado esa etiqueta con la que nunca quisiste que te calificaran: "gilipollas".

Pero eh, si te recordó a alguien y lo leíste desde el pasado, ríe. Al menos supiste pararlo.

Si no es así y te hizo pensar en alguien que ahora está en tu vida, ya tienes otra gran señal para sacarlo de ahí de inmediato. Hazte el favor. 

viernes, 9 de mayo de 2014

LLámalo 'despedida'.

A veces me viene el recuerdo de aquella noche en la playa. De aquel aire frío y de tu mirada helada.
De como rompimos el sonido del mar con nuestros chillidos y reproches.
Sabía que eso pasaría. Lo sabía. Me lo dije cuando noté que estaba dejando de ser yo, por mantener la idea que me había hecho de ti.

La voz de ahí adentro no dejó en ningún momento de serme sincera, pero decidí durante mucho tiempo ignorarla de la misma forma en la que tú ignorabas cada motivo que tenías para dejar de ser como eras, en honor a cada cosa que yo trataba de hacer por verte feliz (pero olvidé no olvidar que la gente no cambia, por mucho que así lo quiera).
Lo que no sabes ni tú ni nadie, es de cuando se iba el día y me tocaba quedarme a solas con ella. Y aún estando lejos de la marea, me hacía saborear la realidad, que en ese momento se tornaba como la peor agua salada que nunca antes había llegado a probar.
Ni yo misma me atrevía a admitir que cuando acababan mis días, sabían tan mal.

Recuerdo que no recuerdo nada más de aquella escena que el preciso instante en el que te escuché gritárme y dejé de callar. Fue ese el momento exacto en el que comencé a decir todas esas cosas que nunca quise. Quizá me había atragantado con todas esas palabras más veces que con tu polla. Sé que mis labios no las querían pronunciar por miedo a que tergiversaras la verdad y me pusieras en el aprieto de no saber que decir cuando te hacen olvidar de lo que querías hablar.

No te bastó con llegar y desordenar mi vida. Quedarte, y seguir haciéndolo hasta invitarte a echarte de ella cuando ya me habías dejado todo patas arriba, hasta mis piernas. No, no te fue suficiente.

Y a pesar de todo el daño que causaron esos años y de que después de ti el ron a palo seco ya no me sepa tan mal porque me acostumbraste a sobrellevar los tragos amargos. Aunque haya sido así y me haya quedado tanto por decir, aún sigo callando y mirando hacía otro lado cuando me hablan de ti.

No pienses (si alguna vez lees esto) que mi intención es la de de reclamarte algo, que yo de ti ya no quiero ni lo que alguna vez quise. Es sólo que esta es la única forma que encuentro de liberarme de cada trago que aún sigue quemándome por dentro.
Y antes de darte la gran despedida, agradecerte que no me complicaras tanto echarte. Sigo pensando que ponerlo fácil y no insistir en quedarte fue la cosa más grande que jamás hiciste por mí.
Gracias.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Lo supe mientras caía.

Me mirabas mientras hablabas
y me diste alas doradas diciendo 
que solo yo te hacía volar
y que podíamos ir en invierno y volver en la cálida primavera
y seguir nuestro rumbo al compás.
Lo dijiste, lo recuerdo, fue así, lo hiciste.

Y querías rozar el sol conmigo al hacerlo
porque decías que la tierra es para los que no sueñan
que la luna y todas las cosas de allá arriba eran nuestras.

Me dijiste que voláramos, y lo hice,
y pobre de mí que me diste alas doradas
y luego supe que eran de mantequilla.





lunes, 31 de marzo de 2014

Eres como un whisky un lunes a las 9 de la mañana, hay que estar muy mal para recurrir a ti.

Yellow Beast.

Estrenó su juventud acompañada de sus penas y del sabor amargo en el que se torna una botella de Jack Daniel's cuando la bebes a solas.
Como no pudo ser menos, le supo a triste desesperación nocturna que pide a gritos cariño. Pero no cualquier cariño, sino el que ya alguna vez anteriormente la celaba, aquel que bebiera o se mantuviera ebrio, sabía hacerla volar desde Oklahoma a Arkansas.

Ahora, después de tanto frenesí, tan sólo quedaba ella, lamentándose bajo la misma luz tenue que había acompañado a todas esas escenas desenfrenadas. Esas que echaba de menos, pero también las mismas que se alegraba de no seguir compartiéndo con la Bestia Amarilla.
Sí, Bestia Amarilla, porque con él pasaba lo que pasa cuando te pica una avispa; ella se va, pero el aguijón se queda. Y créeme, tampoco merece la pena que la avispa se quede, pero claro, el dolor no te lo quita ningún ajo. Y eso ella lo sabia mejor que nadie.

 A esas horas de la noche y con vaso en mano, tan solo prefiere denominarse "pensadora", pues piensa sobre todos esos buenos ratos que hoy la torturan, haciéndole estos preguntarse si mereció la pena decantarse por un amor de vivir dulcemente unos años, por pagar la cuenta viviendo una vida agria el resto de sus días.
Y vuelve a acercar el vaso a sus labios para tragar un poco más de esa triste desesperación nocturna, pero con cuidado de no atragantarse con tanto recuerdo.


lunes, 17 de marzo de 2014

Hagamos como que esto nunca ha pasado.

A veces es más fácil decir que tenías una venda a admitir que ni tus propios ojos eran capaces de ver lo que tenían delante con claridad. Y es que dicen que el amor es ciego,  pero nunca nadie cuenta hasta que punto.

Ella nunca imaginó, que si tenía que pasarle a alguien, fuera a ella. Y es algo curioso, porque tontamente todos pensamos así, hasta que nos pasa.

Quizá le paso porque era demasiado inocente o porque no sabía ni la mitad de lo que después llegó a saber. El caso es, que sintió algo por quien no merecía de ella el más mínimo interés. Primeramente, ese algo fue todo, un todo que con el tiempo fue decayendo hasta rozar la nada y frenar en la lastima (por no poder caer más bajo). Admite aún así, con mirada de "como he podido ser tan tonta" que antes de sentirla y de conocer lo que desconocía del ser que había tenido delante de ella tanto tiempo, llegó a mantenerle el cariño, cual oveja que exculpa al lobo de que quiera comérsela pensando que lo que tiene ante sí no es lobo, sino cordero.

Pero ese cariño (por suerte) se disipó cuando sin querer se topó con la cruda realidad, la que dejaba bien claro con quien había estado y lo estúpida que había sido. Y se le cayó hasta esa venda que por él había mantenido sujetada de lamentos.

Cierto es, que una parte de ella se alegró de dejar de sentir esa carga sobre sus hombros, pero por otra parte, prefería que en su interior viviera una sección dedicada a mirarle desde la pena, antes que arriesgarse a sentir que ya no sentía nada, por nadie. Al menos había quedado claro así, que uno de los dos no era un psicópata.
Y hoy en día se dice a sí misma:
Alegrate cariño, ¡de lo que te has librado! 
...y hagamos como que esto nunca ha pasado.

El Juguete del Viento - Un post melancólico

Al ver la imagen volé a otro lugar. Uno que había olvidado transitar y al que dicen que uno no puede regresar. Pero no es cierto. Uno puede,...