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viernes, 26 de noviembre de 2021

Pasajeras de distintos lugares y nombres.


Not all those who wander are lost.
Picture by Santosh Pathak


Un niño confuso y perdido
está buscando una mano a la que sujetarse
dicen que la suya se ha ido
o que él la soltó al despistarse
Las caras que encuentra son extrañas, fugaces
pasajeras de distintos lugares y nombres 
son la misma escurridiza madre
Sembró dudas y le hizo tambalear verdades

Pero los niños son niños, 
puros, inocentes, despreocupados
y buscan un lugar dónde ocultarse

Ha olvidado dónde se escondió
la razón, el motivo
cómo de ahí se sale
La oscuridad no deja ver
que a su lado hay alguien
Patelea, se enfada más, chilla
sin ver que daña a su sombra
que raja la mirada de otro
por estar distante

Tengo ojos aunque no puedas verlo
tengo alma
aunque solo veas infierno
y me temas como al Cancerbero
Yo no soy él
ni esta oscuridad de puertas tapiadas
y olor a viejo

¿De qué huyes, niño?
¿Es el miedo?
¿Es el miedo?
¿A qué?
¿A mí?
¿A la vida?
¿A la muerte de una parte de ti?

Pero cuentan que el niño no podía oír
Ni hablar
tan solo para decir:
¿Mi madre? ¿Dónde está?
¿Mamá?, ¿Mamá?

Y así pasan los siglos, dejando la vida pasar
Y cuando el niño se atreve a salir de la cueva
ya no es un niño jamás

No la vuelve a reclamar

O es un viejo 
que sigue gritando
¿Mamá?¿Mamá?





miércoles, 5 de febrero de 2020

Biodanza en una tarde de tormenta.




El sonido rabioso de los truenos mezclándose con la lluvia y la 
música que allí dentro resuena
La belleza del rayo que se observa en la ventana, tras 
dos seres que danzan su esencia
El metro pasando debajo, nuestros pies vibrando
Un cuerpo que con su mano roza y se desliza por su mejilla
Suena Astor Piazzola, Milonga de Angel
El alma
Hechizada
De pureza y eternidad
Movimientos de quietud y delicadeza en el éter 
dan paso a intensidad, golpes de energía que se mueven
Miradas concentradas olvidándose de sí
Sintiendo la vida como un baile
Sintiendo la vida
Suaves, salvajes
Los cuerpos muestran su fuerza, nos contagian
¿De qué, dios mío?
¿De qué?
De vida
¡De vida!

lunes, 16 de enero de 2017

Conoces esa sensación...

-Si alguien reconoce al autor,
que me lo haga saber.-
Esa sensación de tener encarceladas miles de palabras, momentos y emociones. De querer liberarlas a todas a la vez, y que por ello se agolpen y empujen, y al final no quepan en la boca, ni en las manos, y que lo único que salga sea no hacer ni decir nada.
Será culpa del no saber por dónde empezar. Del no querer saberlo. De la prisa por llegar a ninguna parte que uno mismo se impone, y que no deja tiempo para organizarse las ideas. Del miedo a hablar -diciendo-. O de la manía de taparse los sentidos para no verse, ni oírse, ni saberse juzgado.
Ya sabemos que escribir es pensar, tomar asiento y comenzar un dialogo interior con quien se es realmente. Invitar a que pasen y nos hablen las heridas que conservamos casi por placer. Y esas otras que, pese a desearlo, se nos resisten a cicatrizar. Pero pasa que a veces no queremos escucharlas, ni escucharnos, ni conocernos. Nada que implique vernos de manera tan nítida.
Huimos, en cierta medida de lo que somos. Lo hacemos al tener la necesidad constante de distraernos en lo que sea, y al tomar la facilidad de poder hacerlo al instante, ya sea ocupando la mente al encender la televisión, el ordenador, el móvil, el "amor"...
Sí, lo que hay ahí adentro podría parecernos horrible a la luz. Podría incluso serlo realmente. Pero, ¿no es acaso más horrendo el no darse la oportunidad de descubrirse?

Volveré a empezar.







viernes, 14 de octubre de 2016

En guerra.

Obra por Paula Bonet

He estado atragantándome conmigo. Sí, conmigo. Por empeñarme -estúpida- en ahogar mis sentimientos. No quería sacarlos a flote, no quería que nadie los viera. No quería verlos. Prefería hundirme de a poco mientras se me escapaba la vida. Y ha pasado que he naufragado por no liberarlos a tiempo. Por dejar que el lastre del silencio me arrastrara al fondo de este mar revuelto que soy cuando dejo de ser por otros. Ahora trato de salir del fango, de limpiarme todo lo nunca dicho con el nervio y las convulsiones de las lágrimas acumuladas. 
El dolor se siente tan inflado y frágil. Y la verdad que he estado ocultando -y lo que es aún peor- que he estado ocultándome, se clava en su centro como una aguja que mientras mata, también sana, oxigena, desinfecta. Y aún no sé cómo saldré de esta. De esta boca dentada en la que me metí hace no se cuanto tiempo y que me aprieta y asusta, pero aún no me traga,

mi guerra.





sábado, 2 de julio de 2016

De la vida en la ciudad.



Estar, pero estar, para estar realmente en el sitio.
Porque muchas veces estamos,
pero es como si no estuviéramos.

Pasamos atolondrados por las calles de la prisa,
agonizados, sin detenernos si quiera a observar
y ser conscientes de dónde, cómo y quienes,
o quienes no.

Las manos adheridas a las pantallas,
los oídos aislados en otras realidades.

Los ojos invertidos en la rutina, los quehaceres
y la necesidad imperante
de aligerar el paso hacía ninguna parte.

Olvidamos que, estar por estar, detenernos,
y sentir nuestra absurda existencia
es una parte vital de la vida.

El Juguete del Viento - Un post melancólico

Al ver la imagen volé a otro lugar. Uno que había olvidado transitar y al que dicen que uno no puede regresar. Pero no es cierto. Uno puede,...