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domingo, 22 de octubre de 2017

[Desde el interior de un sueño en el que no se respira]


What we built is bigger 
than the sum of two 
but somewhere 
I lost count of my own 
and somehow 
I must find it alone. 
Kings of Convenience , 24-25.

Obra por Henrietta Harris.

En el espacio vacío que antes llenó tu presencia,
quedo yo, quedan los resto de mí.
Las lágrimas bañan los alrededores. Pronto estarán inundados, y yo seguiré dentro.
¿Qué haré con las ganas de quererte que no solté?
Me ahogo.
Y sé que este mar revuelto de dudas no le pertenece a nadie más
que a mi ser. Que mantenerlo, expandirlo y naufragar los intentos de
quienes tratan de salvarme, es mea culpa.
Insistir en revivir lo que queda a la deriva, es matarlo. Aunque me parta un rayo y
se me claven mil cuchillos y me escueza en el fondo del pecho,
desisto.
A ti te quiero vivo, para ti. Lejos del ser -a medias- que aún siento que soy. Lejos
del centro de mi Maëlstrom.
Para todo aquello que se mantendrá distante pero también intacto, limpio, puro,
posible de ser soñado en un sueño en el que no se respira.


Dreams burn
But in ashes are gold.





viernes, 19 de febrero de 2016

Pálpitos desesperados.

Uno de mis bocetos desesperados.
El ruido de los coches trompeteando junto al sonido suplicador de los teléfonos. Los sustentan mientras pasan en todas las direcciones, chocándose una y otra vez con mis desarmados hombros.
Las luces de los semáforos y tiendas. O la mujer que está tirada a las puertas de una de esas, acompañada por un cartón que enuncia.
Suenan miles de músicas, procedentes desde no sé dónde, convertidas en bulla. Pálpitos desesperados.
Siguen tropezándome personas. El ambiente me ciega y se me apaga la razón.
Inconsciente de mí, empiezo a caminar hacía cualquier lugar. Buscando vacío, olvido guiarme hacía el destino al que desearía llegar. Doy la vuelta. Este coche podría haberme atropellado hace un segundo, pero ni si quiera el retumbo de su estrepitoso claxon intentando alarmarme ha conseguido despertarme. Sumergida en alguna parte de mí que no está presente dónde debiera, sigo andando.
El camino que a la ida supuso 30 minutos de recorrido, lo he hecho ahora en 10. Al parecer, ya he empezado a atravesar los suburbios. A pesar de estar alejándome del caos, este sigue retumbando en mi cabeza. Saco llaves, abro puertas. Me precipito a encender la calma. John Lee Hocker inunda mis oídos. Empiezo a sentirme retornar. Parece, al menos por unos bellos instantes, que el frenético mundo se ha dignado a callar.


El Juguete del Viento - Un post melancólico

Al ver la imagen volé a otro lugar. Uno que había olvidado transitar y al que dicen que uno no puede regresar. Pero no es cierto. Uno puede,...