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jueves, 14 de enero de 2016

A los que vinieron para irse y volvieron para no quedarse.

Obra de arte por Fernando Vicente.

Lo notas. 
Me clavas la mirada y la rehuyo.
Quisiera hacerlo de otra manera. Poder mirarte con la normalidad con la que tú lo haces.
Preguntarte: ¿qué tal?
No bajar el tono de la voz cuando respondo al preguntarlo tú.
Ni buscar la salida de cada habitación en la que entras.
Ojalá pudiera quedarme, como me quede ayer entre tus brazos.
Parecíamos complicidad. Pero eramos mentira. 
No te conozco. No me conoces.
No te pido que me entiendas. Ni si quiera quiero que lo hagas. Solo quiero que sepas que nunca has sido tú, ni la situación.
Lo que en realidad fue, fui yo. Mi miedo a volver a mirarnos después de esa noche, y saber que ya no sería igual. Que al observar mis pupilas también recordarías la persona que fui y que fuiste. Quien los tabús no nos dejan ser.
He sido tuya. Has sido mío. No somos nada.
Quizá tú sí estés preparado para encontrarte con esa misma mirada y no sentirte vestidamente desnudo. Quizá tú sí puedas vivir con ello. No soy como ellas,  no esperes que yo haga lo mismo. No pretendas que actúe como si no hubiera pasado nada.
No, no pretendas que actúe.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Orden y respuesta.


Siempre etiquetando,
dividiendo y clasificando.
Dulce o salado.
Carne o pescado.
Día o noche.
Buscamos orden y respuesta
en un mundo, galaxia y universo
que muchas veces
ni lo lleva, ni la tiene.

lunes, 25 de mayo de 2015

La solución nunca debió ser aquella.

When I'm lying in his arms, I'll be thinking about you.
Even when he smiles, I'll be thinking about you.

Vía: https://es.pinterest.com/pin/436567757597985639/
No sé como, pero cuando quise darme cuenta ya estaba a mí lado, en mi cama. Acariciándome las curvas sin frenos, intentando descarrilarse por ellas, como anhelando creer que sus manos aquella noche eran mis dueñas. 

Ocurrió unas cuantas veces más, en otras tantas manos distintas a esas. Pero todas muy iguales, todas muy frías. 
No fue ahí cuando empecé a odiar las citas, fue poco antes de que se sucedieran todas esas incómodas escenas de camas llenas y vacíos emocionales.

Estamos en el centro de la cama. Acarician mis caderas. Sonrío. Sonríen conmigo, y en todos ellos veo tu sonrisa. En lo que buscan la cumbre de mis senos, siento el calor ajeno aproximarse a mis labios inertes. Me besan y percibo que no saben como sabías tú. Ya no estoy en el centro, sino en el filo, apunto de caer y cortarme. Amargamente lo admito. Amargamente me doy cuenta de que la ansiedad vuelve. Amargamente digo: basta.

Tantas inocentes formas de intentar cabalgar por el camino al séptimo cielo. Tantas risas que me producía aquel falso candor.
Es cierto que por unos instantes sentía que aquellas manos extrañas calmaban mi ansiedad. O que podrían llegar a hacerme sentir algo más que la ternura con la que les besaba la frente. Pero luego les miraba a todos ellos y me daba cuenta de que jamás podría. No me conocían, no les conocía y tampoco quería conocerles ni que lo hicieran. Ya lo sabía. Lo había sabido desde el momento exacto en el que también supe que debía echarles de mi cama. Ninguno de ellos eras tú, y sin embargo, en todos ellos te buscaba. 




Toda vía.


Suena Winning a battle, losing the war. 
Me hace volver a ese punto de cada día en el que te recuerdo. 
La verdad es que aunque intente no pensarlo, todavía.

Todavía estoy tratando de olvidarte.
Todavía intento hacerme a la idea de que lo poco que conservo de ti, 
será lo único que tenga hasta el día que muera.
Todavía trato de perdonarme que me odies.
Sí, todavía.

Hace tanto que perdí el tren, que cerró la estación. 
Y aún sigo allí intentando pensar que aún queda alguna vía 
que me lleve hasta ti.
Pero la realidad es que toda vía quedó destruida.
Y sin embargo, todavía te escribo como si algún día me fueras a leer.


lunes, 27 de abril de 2015

No era yo, y necesitaba serlo.

Erin Whitman; Pencil, Drawing "Safety"


Le miré y lo supe.
Lo supe como ya lo había sabido en otras tantas miradas.
Pero no pude evitar que sujetara mi mano y me besara como si ambos encajáramos todo nuestro ser de una forma en la que nadie más.
Todo aquello era una gran mentira.
Pasara lo que pasara, dijera lo que dijera e hiciera lo que hiciera, aquella noche o cualquiera,  no sucedería. Nunca.

De pronto mi cadera en la suya.
Sus manos aferrándose a mi cuerpo.
¿Habría percibido ya que yo era algo más que eso?

Y la noche acabó como acaban todas esas: entre sábanas revueltas.
Entre caricias que me ofrecía como si él fuera quien tuviera el poder de sanarme todas las heridas que se esconden bajo la piel.
Pero la realidad era que cuánto más bajaba, más me dolían.

La persona que quería tener entre mis brazos, no era aquella.
Ni podría serlo jamás.
Beso a beso lo destapaba aún más.
Mismo guión, mismas escenas, distinto protagonista.

Aguanté hasta que ya no pude seguir fingiendo.
No era yo, y necesitaba serlo.
Le pedí que parara sin recurrir a las palabras.
Desistió.

Al amanecer salió por la puerta; me alegré.
Juré entonces que nunca volvería a dejarle entrar.
Ni a él, ni a cualquiera.






sábado, 7 de febrero de 2015

Un lugar sobre el que apoyar los pies.


¿A quien le dirige la pregunta el que no sabe de sí mismo si sólo se tiene a él? Como el que quiere terminar con esto ya, o que esto termine consigo, pero que se resigna a seguir en el extremo de no saber que será. Sin la existencia de ningún motivo que le de razón al hecho de aguantar. Porque es como si no fuera a llegar a ninguna parte, como si cualquier opción le hiciera tambalear. Funambulista al que se le tensa el hilo de la vida y se queda, sin saber porqué. Sin actuación, ni expectación, ni ensayo. Sin más.

domingo, 25 de enero de 2015

Tormentos.

Eran cuatro paredes como cuatro tormentos. Allí, observaba la nada que se hacía ante su mirada perdida. Fuera llovía pero no tanto como lo que se contenía dentro. Confundía su pena con el frío en escalofríos. Deseaba perderse dónde esta no pudiera verla. Dónde nada ni nadie pudieran hacerla toparse con alguno de esos recuerdos que le marchitaban el alma. Necesitaba encontrar salida de emergencia a su cabeza. A todo lo que le congelaba la respiración. Se despidió de sí misma, de todo lo que ahí dentro se le había pasado por la tristeza de su pecho. Abrió la puerta y huyó.
Aceleraba el movimiento de sus rodillas, como si pudiera dejar atrás a la persona que había sido y que quizás temía no dejar de ser. Sin parar, sin detenerse.
No dejaba de llover ni de mezclar su nostalgia con la de la vida para luego ambas dejarse caer. 
Y cuando creyó haberse quedado a solas consigo, se detuvo. Elevó la cabeza y se dejo tan sólo ser parte de aquel instante, de aquella agua que caía por sus mejillas. De lo único que a esas alturas la hacía sentir viva.

martes, 18 de noviembre de 2014

Demasiado olvido almacenado en mi pecho.

Era noviembre y era el fin. Incontables días antes de aquel, había percibido que era cierto aquello de que las historias con finales felices eran historias sin acabar. Y que la nuestra también acabaría. 
Después de haber vivido momentos que nos habían impregnado de una felicidad que parecía eterna, nos llegó la parte del cuento que nunca se cuenta.
Rompieron las olas y nuestros reproches. Los gritos inundaron todo lo que alguna vez nos habíamos esforzado en construir. La rabia deshizo nuestros castillos de arena. 
Me gustaría llegar a comprender como el ser humano es capaz de sentir tanto odio y tanto amor a la vez. A veces pienso que era fruto de saber que nuestras diferencias nunca nos permitirían amarnos como en aquel entonces nos hubiera gustado hacerlo. 
Tras sentir como todo se desmoronaba, lo hice yo. Silencio. Miradas de desconsuelo y una vez más ese mismo pensamiento recorriéndonos; "no se como puedo seguir queriéndote, pero lo hago".  
Le miré con la ternura del que observa unos ojos lo mejor que puede porque es consciente de que tarde o temprano dejará de hacerlo. Intentaba que las lágrimas no impidieran que mi mente escaneara aquel momento. Sabía que el dichoso final se acercaba, pero aún así sentía que no estaba preparada para asimilarlo.
Me besó, le besé, nos besamos. Lo hicimos con toda la energía y pasión con la que no lo habíamos hecho nunca antes.
Volví a llover mares cuando se separaron nuestros labios. Aquel beso había sido sincero, pero también aquel beso me había sabido a finales.

viernes, 17 de octubre de 2014

Frío.

¿Sabes? después de habernos acostumbrado a que nos quieran mal, sospechamos que todo el mundo tenderá a hacerlo igual. Desarrollamos casi sin querer un mecanismo para encontrarle los fallos a todo aquel que quiera tenernos a su lado. Casi sin darnos cuenta nos vamos enfriando. Lo callamos, huímos. Y sólo se da cuenta nuestra voz interior de lo que nos pasa. Esa, la que peor nos habla. Quizá es parte de esa manía que tenemos los corazones apagados de temer que vuelvan a saquearnos lo poco que nos han dejado.
Al principio todos somos muy ilusos, muy crédulos. Después, cuando aprietan el gatillo y sufrimos las consecuencias de haberlo sido, todo cambia. Le damos la vuelta a la tortilla por completo, pero mal. Ya no nos permitimos sentir, ya no nos fiamos. Ayudamos a matar al ápice de ilusión que sobrevive y con ella a nuestra propia alma. Ya sólo vemos esa mano que han bajado más de lo que debían, o esas intenciones que olvidan preguntarte como te ha ido el día. Nos vamos dando cuenta de lo que es el amor y de lo que no. De lo que lo diferencia del sexo. De lo difícil que es encontrar algo valioso y de que seguramente valga muchísimo más la pena estar sólo que con un corazón que nos haga sentir más congelados de lo que ya estamos.

martes, 1 de julio de 2014

Bella durmiente.

Me acariciaba las manos. "Qué frías" le escuché decir mientras las arropaba cariñosamente. Tenía unas intenciones que dejaban claro que si pudiera, se desviviría por las mías.
No era nada de lo que dijera, ni nada que escribiera, porque ni si quiera sabría convertirme en poesía. Pero si hacía de cada cosa pequeña y tonta, un motivo por el que sonreirle a la vida.
Le miraba y veía ahí la posibilidad de crear mil historias sin fin ni arrepentimientos.
Me encantaba, lo hacía, de verdad. A lo mejor fue eso lo que hizo que repentinamente cambiara la expresión de mi cara.
Quería y deseaba entregarle de mi tiempo, pero me fue inevitable empujar a las posibilidades cuando se me pusieron delante. No era yo, no era que no me gustara el amor. Era el sabor amargo del ya saber por adelantado que empezar una comedia, puede terminar en tragedia.
No me extrañó que notase lo que estaba pasando. Me dedicó una sonrisa y me sujetó eso dónde yo misma sostenía una parte de mí. Me hubiera encantado que su dedicatoria hubiera servido para apagar mis infiernos no solo durante unas pocas horas, sino durante todas las necesarias para hacer de mis demonios, cenizas barridas para siempre. Pero no pudo ser.
Me miró como si todo cuando yo lo sentía como si nada e hice eso que ya había hecho otras veces. Me marché lejos. Lejos sin mirar lo que hubiera podido ser. Lejos sin entregarle ese pedazo de mí que ya no suelto por temor a permitir que lo sujeten, se les resbale de las manos, y que la que caiga sea yo.
Cogí mis zapatos y los llevé dónde nadie pudiera hacer intento de ponérselos. Era mejor hacer eso que jugarme la vida en sus besos o vivir con la incertidumbre de no saber si poder corresponderle con la misma mirada. Si no me hacia creer en la magia, todo lo que hiciera no valdría de nada.
Cerré los ojos en un intento de recordar lo que se sentía, y temí no volver a sentirlo nunca más. Los cerré como todas esas puertas que encierran tras ellas la ilusión. Huí de los besos apasionados y de las tardes de sólo quererse, pero lo hice con la esperanza de que un día (no sé cuál), alguien me bese las dudas y despierte todas esas cosas que ahora se mantienen adormecidas en alguna parte de mí. Ahí, dónde reina el frío.


miércoles, 12 de marzo de 2014

Agridulce.

Y que triste es cuando dos que se han querido, se reencuentran por el camino de la vida y pasean por él sin si quiera dirigirse una mirada. Como esos desconocidos que aunque alguna vez se llegaron a conocer demasiado bien, ahora juegan a desconocerse como los que más.
Esos ojos que ahora se evitan, antes se quedaban horas y horas parados, tan solo admirándose.
Y esos labios que permanecen callados, tratan de disimular que aún recuerdan que alguna vez se saborearon.

No te creerían si les contaras de que algo tan aparentemente puro pudiera terminar tan putrefacto. Pero tampoco haría falta hacerlo si vieran, que entre esos ojos que se huyen, se encuentra al menos una cara, que sin decir nada, lo dice todo. Es el reflejo vivo de un  "¿como hemos podido llegar a esto?" que aunque se disfrace de indiferencia, sin querer se muestra cuando le mira, haciéndolo como quien sabe que el sujeto de su antención no se percata de que lo hace.
Y suspira.



viernes, 7 de marzo de 2014

(voz en off)


A veces estás en un sitio, pero tu cabeza, tus recuerdos tus emociones, esas, esas están en otro. Otro lugar, otro momento, otras personas que jamás volverán. Un instante que no regresará, que vivirá en tu cabeza hasta que creas haberlo olvidado y que morirá cuando caigas tú y todo aquel que lo haya vivido contigo.

Y es en esos momentos en los que sientes que tu mente no está dónde tiene que estar, cuando más desearías no estarlo realmente, que si de ser posible pudieras adentrarte en ella y revivir una escena ya vivida como si volviera a ser verdadera.
Unos lo llamarían perder el tiempo y desaprovechar la vida, otros lo llamaríamos perfección.

Si algo es cierto, es que tampoco podemos vivir en el pasado, anclados a la nada, esa que ahora solo es visible para quien la haya vivido. La misma que podría cegarnos hasta no dejarnos ver las nuevas oportunidades que se nos presenten en el aquí y ahora. De esas de salir ahí afuera y crear otras buenas escenas sin planear si quiera el hacerlo, solo dejándote llevar.

Y aún siendo conscientes de todo esto, a veces preferimos vivir haciéndolo en los recuerdos. Atrapados en ellos. Buscándolos por las calles. Visitando los lugares dónde alguna vez estuvimos creándolos cuando nuestra situación y hasta nuestra propia persona, eran otra.  Tanto, que resultaría cualquier desconocido si se nos presentara ahora.

Y es así, solo se apetece pararte allí, recreando en ello lo que nadie más puede, todos esos momentos que no hace tanto fueron algo más que un simple recuerdo y sabiéndo así una de las muchas historias que los demás ignoran y que allí se dieron. Porque todo lugar que se precie (o no), guarda muchas de esas, la mayoría triste y unicamente conocidas por sus protagonistas.

Sabemos que tarde o temprano se dejará de hacerlo y se volverá al carpe diem que ya nos acompañaba en aquellos tiempos, pero para estos días fríos, muchos elegimos pasearnos por esos espacios, dónde se detiene nuestra mente pensando que alguna vez pudimos sentir justo dónde nos encontramos, que el mundo se nos había parado.

Y te darás cuenta, si como yo te paras a reflexionarlo, que no merece la pena crear ese tipo de sonrisas con personas que un día no estarán a tu lado (por propia ignorancia) para rememorarlas.


lunes, 3 de marzo de 2014

Cold days.

Normalmente lo hace sobre la misma hora, minuto arriba, minuto abajo,  y ya hasta asocia pasar por allí una vez en semana con verla. Siempre ubicada en la mesa de la pared. Solitaria. Junto a la vidriera de cristal, esa que le permite verla desde fuera con su café.
Inevitable se le hace al mover sus piernas por la acera el pensar si está ahí sola porque está esperando por alguien, o si por el contrario lo está por haberse cansado de esperar.
Qué si por preferir, quizás prefiera la soledad.
Y sigue en su paso cotidiano, no planeando acercarse nunca a preguntarle pero sí siendo consciente de que si por un casual un día deja de verla, la pregunta de que habrá sido de ella, le rondará la cabeza aunque así no lo quisiera.

martes, 25 de febrero de 2014

Another new beginning.

Apuraba el primer sorbo de café en un intento de que la ayudase a superar el frío de aquellas calles en invierno.
Mientras caminaba, iba hablando para sí misma, diciéndose esas cosas que ni ella ni nadie se atrevería jamás a decir en alto. Alzó su vista despegando el vaso de sus labios y se dijo: "escaparate" suena a "escapate".
A pesar de que estuviera temblando, deseando llegar al calor que hubiese en cualquier otro lado, se atrevió a detenerse ante el que le había hecho pensarlo.
No pudo retener a su mente que apreciándolo voló lejos de dónde ella realmente se encontraba.

"Recuerdo bien sus palabras" (volvió a decirse para sí) e inevitablemente pasó a rememorarlas.

"Él hacia algo mal, le discutías, y dos horas después eras tú quien estaba llorándole y suplicándole en su puerta que te abriera y que no te dejara fuera. 
Y cuando entrabas, te encontrabas todas las cosas revueltas. Ya no sabías ni donde estabas, ni quien era él, ni que había pasado, ni mucho menos como habías llegado hasta allí. Sólo sabías, que ni al lado de esa persona, ni en ese sitio, eran dónde querías estar. 
Pero te convencía de que nada había pasado hasta que pasaba algo más y vuelta a empezar.

No cariño, ese tipo de personas no es el que necesitas, ese tipo de personas no te merece. 

Qué se crea alguien verdaderamente tonto sus mentiras, tu no tienes porque fingir que lo haces. Menos aún cuando no dejas de pasar noches en vela, ahogada en un mar de ideas, lleno de tiburones que no hacen más que comerte la cabeza. 
No, vida, eso no es para ti. Lo sabes".

Cuando quiso darse cuenta ya no quedaban más sorbos para lo que había sido aquel café del que ya solo quedaba el vaso de cartón entre sus manos.

Y tras haber echado la vista atrás por unos segundos, continuo hacia adelante, y lo hizo con una sonrisa que dejaba claro, que lo que había hecho por irse, no había sido hecho en vano.




domingo, 12 de enero de 2014

Y así fue.

De cada día que pasaba, le dedicaba sin quererlo un tiempo a recordarlo, y según transcurrían las semanas se iba preguntando más y más como podía haber sido tan tonta, como pudo no haber puesto antes punto final, pero siempre llegaba a la misma conclusión; "no lo sé, no lo sé".

Llega la oscuridad, calla el mundo, solo tú y el vacio, y resulta inevitable no ponerse a pensar mientras las horas vuelan sin que apenas te des cuenta. 
En uno de esos vacios solitarios recordó el último día que le vio, se fue sin despedirse. 
Siempre iba ella detrás cuando discutian, siempre intentaba que no se marchara. Ese día, el último que se acomodó en su hombro, no corrió ni hizo apenas algún intento de los que había estado dispuesta a hacer alguna vez para que se quedase, esa vez no. 
Unicamente gritó llamándolo por su nombre en un ligero intento de que no se fuera sin antes abrazarla , pero aquel nombre se desvanecia lentamente en sus labios, hasta que se hizo el silencio absoluto y las miradas cercanas se dirigíeron a ella con aires de tristeza. Y fue así, mientras veía que no la escuchaba, que seguía recto en su paso sin mirar atrás, viendolo salir a lo lejos por aquella puerta, como supo que también le estaba viendo salir de su vida.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Esta vez no me agacharé para recogerla.


Martin Luther King pensaba que la mejor manera de solucionar un problema era eliminando su causa, así que lo intenté, pero creo que si no sirvió de nada, tampoco sirvió de mucho.

"Tengo otros problemas más importantes que atender que lo nuestro". Sí, lo había vuelto a dejar claro y esta vez más que nunca.
Cogí las maletas, abrí la puerta sabiendo que no lo volvería a hacer y mientras sujetaba el mango de esta, le miré una última vez a esos ojos que me habían acompañado tanto tiempo y parecían ahora los de cualquier desconocido non grato. Y de esta forma, mirándole como jamás querría volver a verlo, cara a cara,  me dispuse a decir lo único que ya quedaba por decir:
 "Ya tienes un problema menos".
Me viré apartando así mis ojos de los suyos para siempre y cerré la puerta de un portazo.
De lo que pasó después no sé nada, sólo llegue a conocer de una indiferencia mutua que camuflaba todo el odio y rabia propio de tal situación.
Supe entonces, a través de toda esa indiferencia fingida, qué aquella puerta se había cerrado eternamente, con un candado que nada ni nadie podrían volver a abrir nunca.

Y fue así, mirando las vistas de aquella ventana del 2º piso del café en el que me encontraba, desde dónde se cayó la venda y fui conocederá de que había hecho lo correcto y algo mejor debía estar aguardando.

El Juguete del Viento - Un post melancólico

Al ver la imagen volé a otro lugar. Uno que había olvidado transitar y al que dicen que uno no puede regresar. Pero no es cierto. Uno puede,...