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domingo, 4 de mayo de 2014

"¿En que meditará?" pensé.

Pero no le pregunté. En su lugar le cuestioné si sabía sobre dónde habíamos dejado  algo que no quería tomar por perdido. Y me respondió como quien lo hace estando enfadado con el mundo y consigo mismo, ¡y yo sin decirle nada ofensivo!

No sabía que le pasaba así tan de pronto. No pudo haber sido nada que le dijese sin querer.
Sólo sé que el día estaba nublado y ella tenía los ojos llorosos, como si por su cara fuera a llover tristeza.

"Ha vuelto, ¿verdad?" le dije.

Me respondió que había pensado lo mismo según la sintió, pero que luego se dio cuenta de que no es que hubiese vuelto, sino que de alguna forma, nunca se había marchado.
Confesó además, que cuando le pasaba se hablaba para sí, como diciéndose cosas que ya sabía, pero que de igual forma necesitaba volverse a decir.

Y lo más raro fue que le funcionó, aunque no sé si era de verdad o si sólo pretendía calmar mi curiosidad, pero ya estaba sonriendo otra vez, como si nada hubiera pasado.

"Creo que aún no hemos perdido la esperanza" sentenció.

De cuentos con sabor a 'no vuelvas más'.

Es cierto, dijo de hablarlo, de solucionarlo, de dejarle un mejor final sacando fuera toda esa rabia que quedó bajo los escombros de lo que fuimos y que solo podríamos liberar entre los dos, pero le dije que no.

Huí, como siempre, pero esta vez dejándole la sensación de ser la bella durmiente y de haber despertado de la irrealidad de un largo sueño de dos años.

Todos escuchan mi silencio pero saben que debajo de la indiferencia, está el resentimiento. Trato de disimularlo, pero por mucho que lo hago, creo que saben que pasa el tiempo y me sigue doliendo.
Y sienten la envidia de ver como las toco, como las palpo de arriba a abajo, pero dejarían de sentirla si supieran que mientras lo hago la recuerdo y me doy cuenta de que ninguna sabría rozarme como sabía hacerlo ella.

Esos besos rojos llenos de cariño, esa ternura, ese 'tú placer por encima del mío' ya nadie lo da. Nadie lo hace con esa delicadeza. Me preocupa la soledad y no hago más que buscar y no encontrar de esos abrazos que me llenen como los suyos, que me hagan sentirme tan protegido del mundo.

Y sí, a pesar de eso no acepté su propuesta. ¿Orgullo? quizá.
Quiero pensar que a pesar de eso ya sabe que soy yo quien la llama 3 o 4 veces cada mes, porque a veces aunque el número este oculto,  sabemos quien está llamando. Y deseo que así sea, que piense que soy yo cuando responde con un "¿hola?" y no recibe más respuesta que mi respiración hasta que se cansa y cuelga, y que me recuerde.
No sé si sentirme culpable de tanta hipocresía, de marearle la cabeza, de decirle que no la quiero ver más y bloquearla de mi vida, para luego terminar metiéndome en sus asuntos si me entero que hay algún otro tío merodeandola.
Y nunca me consideré un príncipe ni me gustó el color azul, pero si encuentra uno al que sí y este le pone el zapato que yo nunca le intenté poner por pereza y le encaja, no me alegraré por ella.

¿La razón? qué sé que si está con uno le dará esa manzana prohibida que me solía corresponder a mí. Eso me mata y ya no hay beso de ninguna otra que me devuelva la vida.

Le habrán dicho también de mis momentos de cólera, de llamarla lo que nunca he pensado que fuera, pero llamarla así de igual forma.
Es así de mal como sigo mostrándole mi amor.

Y ya sabe que a pesar de ser ella la bella y yo la bestia, de ser como soy y de hacer las cosas que hago, siempre voy a quererla, como a ninguna otra.

sábado, 3 de mayo de 2014

'por mucho que quisieran, no podrían entenderlo'

Esa sensación de pararte a ver el mundo, observar lo que tienes delante justo cuando lo puedes ver con claridad, sin imaginaciones que valgan, y sentirte parte de él. Qué verdaderamente estás ahí,  qué nada más importa. Qué por un segundo o unas horas, lo único que hay, es lo que estás palpando.
Y qué todo tú le dediquen de sí.

Pondrán caras raras. Se preguntarán de qué se trata, que a qué vienen esos dos a veces y a besos, pero por mucho que quisieran, no podrían entenderlo.
Y que le vas a hacer tú, si sabes que no vas a dejar de hacerlo, que cuando le tienes cerca, es como si fuerais fuego y hielo, y te derrites. 



El Juguete del Viento - Un post melancólico

Al ver la imagen volé a otro lugar. Uno que había olvidado transitar y al que dicen que uno no puede regresar. Pero no es cierto. Uno puede,...