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viernes, 2 de enero de 2015

Se lió, se le cruzaron los cables y tropezó.

Intentaba no pensar en nada mientras se creaba el duro silencio de la espera. -Pob-. 
El miedo se apoderó de ella en el instante previo a mirar la pantalla. -Pob-. 

No pudo evitar que se le pasara por la cabeza aquella sonrisa arrugada de su infancia. La que enfocaba su mirada desgastada en la de su tierna niña y se aclaraba la voz rasgada para decirle que la vida era como un ovillo de lana. Que la viviera y disfrutara todo lo que pudiera pero siempre con la precaución del que ya sabe que hay que tenerla. 

Durante la mayor parte de su vida pensó que seguía el hilo de todo aquello que le había dicho de la forma en la que hubiera querido que lo hiciera. 
Fue poco antes del momento en el que se encontraba cuando se dio cuenta de que en realidad el camino que había seguido la había llevado hasta no sabe qué lugar del Laberinto de Dédalo. 
Había unido lazos rápidamente con hombres con los que sabía que en tres segundos ya los estaría cortando. Jugó en la oscuridad más de lo recomendado creyendo que así alcanzaría la sabiduría del que sabe más por viejo que por diablo.
Se lió, se le cruzaron los cables y tropezó.
"Tierna niña, ¿donde te has metido?." -Pob-.

El agua del grifo seguía cayendo y sus nervios aumentando. -Pob-.

Volvió su mirada a la triste realidad. -Pob-.

Ya habían pasado 5 semanas.


jueves, 1 de enero de 2015

Nada que os importe.

Hace 365 días me sentía inmensamente perdida. 365 días que si tuviera que resumir en una palabra, sería "cambios".
Un año de perdidas, y de estar perdida, sí. Perdida en distintos lugares. Probablemente el peor de ellos haya sido en mí misma. Pero no me disgusta que haya sido así porque he aprendido que para conocer un lugar, antes hay que perderse por sus calles. Y ahora me sé las mías. 
Un año de decisiones, de dejar ir cosas no porque no las quisiera en mi vida, sino porque no me aportarían nada de provecho. De experimentar. De descubrir lo que quiero. Salir a la calle, observar el mundo, viajar. De emocionarme con la música. 
Y puede ser que haya sido el más duro, pero también ha sido el que más fuerte me ha hecho. 
Se ha ido el primer año de mi vida en el que pueda decir que haya vivido.



jueves, 25 de diciembre de 2014

Y Rock'n'Roll.

Compañeros de cuarto, por un rato. Prenden el ámbiente sin querer, queriendo. En lugar de salir huyendo, se dejan llevar por sus silencios. Pasándose indirectas como iguanas, cercanas. Siendo desconocidos que juegan como si no lo fueran.  Estrechando lazos, lazos de seda que se anudan desnudos.  Permanecen en silencio pero se entienden. Se entienden y se miran para entenderse aún más. Se observan fijamente mientras se desarropan el descaro y se destapan los deseos. Suicidas que se lanzan al incendio. Deshojándose el verano, calentándose el invierno. Amantes gato que se comen la manzana. Ojos en blanco que sólo piensan en rojo. No tienen nada pero se hacen sentir que como si todo. Se agarran las manos y las funden, se funden. Se mezclan, se olvidan del mundo, de sí mismos. Ya no son"ella" y "él". Son "ellos". Son uno. Uno leal al placer de las horas improvisadas. Que calla sus vacíos y se llena de delirio. Que se queda al abrazo de después y no admite que sea su parte favorita de la batalla. Uno fiel al ardor de una noche que se despierta huérfano en la mañana.



















El Juguete del Viento - Un post melancólico

Al ver la imagen volé a otro lugar. Uno que había olvidado transitar y al que dicen que uno no puede regresar. Pero no es cierto. Uno puede,...