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domingo, 14 de junio de 2015

Tan sólo queremos ser escuchados.


Vía www.pinterest.com
¿No lo entiendes?
Si toda persona siente alguna vez la necesidad de escribir después de una ruptura, no es casualidad.

No, no te equivoques. No duele porque aún le quiera, sino porque aún no he querido a nadie más.

En realidad, no lo amaba a él. Amaba el tener a alguien que quisiera escuchar las bobadas que me pasaban cada día como si fueran lo más interesante que podía haber ocurrido en el universo.


Una persona que me miraba a los ojos como si en ese instante tan sólo importara lo que yo dijera.

Capaces de preguntarnos curiosidades absurdas que nos pasaran por la cabeza sin ese miedo común a ser juzgados por ellas.

Era distinto. Estar juntos se igualaba a ser quienes realmente eramos cuando tan sólo estábamos a solas con nuestra propia alma. Era real.

Él paraba su mundo por mí y yo estaba dispuesta a parar el mío por el suyo, si no me lo paraban antes sus besos.
Y eran esas sensaciones estúpidas la que me llenaban de ilusión y las que me hacían quererlo tanto como le quise. La sensación de que en un planeta como este que nunca se detiene, había alguien dispuesto a bajarse por mí.

No sé porque necesitamos tantísimo eso.  Quizá sea por el daño que ha causado el elevar la voz para decir algo y notar como mueren las palabras en la indiferencia de a quien se las mandas.

Indiferencia, por eso es lo contrario al amor. Por eso pocas cosas llenan tanto como esa, porque la mayoría de las veces todo se siente como frases muertas. Y el amor, al menos durante un rato, te hace creer que no. Que verdaderamente hay alguien que está escuchando nuestras ideas cuando alzamos la voz; para darles sentido, para darnos vida.

Al fin y al cabo, lo único que buscamos es ser escuchados.

lunes, 25 de mayo de 2015

La solución nunca debió ser aquella.

When I'm lying in his arms, I'll be thinking about you.
Even when he smiles, I'll be thinking about you.

Vía: https://es.pinterest.com/pin/436567757597985639/
No sé como, pero cuando quise darme cuenta ya estaba a mí lado, en mi cama. Acariciándome las curvas sin frenos, intentando descarrilarse por ellas, como anhelando creer que sus manos aquella noche eran mis dueñas. 

Ocurrió unas cuantas veces más, en otras tantas manos distintas a esas. Pero todas muy iguales, todas muy frías. 
No fue ahí cuando empecé a odiar las citas, fue poco antes de que se sucedieran todas esas incómodas escenas de camas llenas y vacíos emocionales.

Estamos en el centro de la cama. Acarician mis caderas. Sonrío. Sonríen conmigo, y en todos ellos veo tu sonrisa. En lo que buscan la cumbre de mis senos, siento el calor ajeno aproximarse a mis labios inertes. Me besan y percibo que no saben como sabías tú. Ya no estoy en el centro, sino en el filo, apunto de caer y cortarme. Amargamente lo admito. Amargamente me doy cuenta de que la ansiedad vuelve. Amargamente digo: basta.

Tantas inocentes formas de intentar cabalgar por el camino al séptimo cielo. Tantas risas que me producía aquel falso candor.
Es cierto que por unos instantes sentía que aquellas manos extrañas calmaban mi ansiedad. O que podrían llegar a hacerme sentir algo más que la ternura con la que les besaba la frente. Pero luego les miraba a todos ellos y me daba cuenta de que jamás podría. No me conocían, no les conocía y tampoco quería conocerles ni que lo hicieran. Ya lo sabía. Lo había sabido desde el momento exacto en el que también supe que debía echarles de mi cama. Ninguno de ellos eras tú, y sin embargo, en todos ellos te buscaba. 




Toda vía.


Suena Winning a battle, losing the war. 
Me hace volver a ese punto de cada día en el que te recuerdo. 
La verdad es que aunque intente no pensarlo, todavía.

Todavía estoy tratando de olvidarte.
Todavía intento hacerme a la idea de que lo poco que conservo de ti, 
será lo único que tenga hasta el día que muera.
Todavía trato de perdonarme que me odies.
Sí, todavía.

Hace tanto que perdí el tren, que cerró la estación. 
Y aún sigo allí intentando pensar que aún queda alguna vía 
que me lleve hasta ti.
Pero la realidad es que toda vía quedó destruida.
Y sin embargo, todavía te escribo como si algún día me fueras a leer.


El Juguete del Viento - Un post melancólico

Al ver la imagen volé a otro lugar. Uno que había olvidado transitar y al que dicen que uno no puede regresar. Pero no es cierto. Uno puede,...