Siempre estábamos entre el ser y el no ser. Entre el sí y el no. Siempre a medias rotas al anochecer por dos cuerpos friccionados. Y a los medios días de evadirnos del mundo y ser sólo dos fingiendo ser uno.
Que nos quisimos, es cierto. Pero lo hicimos de la forma en la que es mejor no hacerlo.
Nos quisimos como dos que simulaban saberse querer, pero en los simulacros nunca salíamos de nuestras diferencias y ardíamos Troya.
Después de eso venía hacernos los ciegos en medios del caos, porque a veces no hace falta amor para no querer ver, y pasábamos a ser nosotros el fuego ardiendo su polla en medio de las ruinas de Turquía.
Ya no recuerdo cuantas Troyas tratamos de hacer sin quemarnos. Perdí la cuenta de todos los muros que se nos vinieron abajo.
Y era después de follar que nos acordábamos de que nos estábamos fallando.
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sábado, 17 de mayo de 2014
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